El final de curso llegó casi de inmediato, pero fueron unas semanas medianamente tranquilas. A veces notaba a Desi un poco nerviosa, pero el día que los imbéciles que se habían metido con ella volvieron a clase yo también me tensé.
Quería arrancarles la cabeza por haber hecho sufrir a la mejor persona que había en aquella clase y realmente tuve que contener mucho el cabreo que tenía. José volvió a pedirme calma para evitar problemas. Ya se había corrido la voz entre los profesores sobre mi entrada al ejército y al parecer todos querían evitar que me metiese en líos como había pasado unas cuántas veces algunos años atrás.
Aquel verano fue extraño. El primero sin tener que estudiar en varios años. Pero eso fue bueno, pasamos varias semanas en la casa de la playa en familia, y pude ver a mis amigos de allí. Otras tantas semanas hubo que estar en Madrid porque tenía que hacer las pruebas de ingreso, exámenes médicos y había que comprar un montón de cosas.
Lo mejor del verano fue poder estar con mis amigos a todas horas y todos los días que quise. Veía a Desi cuando salía con sus amigas. Era feliz en vacaciones. Siempre la veía sonriendo. No volvimos a hablar, solo nos saludábamos por la calle, pero ver que estaba bien y que se seguía poniendo roja si cruzábamos miradas me seguía divirtiendo. La iba a echar de menos y no me atrevía a decírselo a nadie, sólo tenía esa sensación de melancolía hacia ella y no entendía por qué, había más personas importantes para mí.
Roberto algunos días me preguntó por Desi, pero sólo le dije que éramos amigos de clase. Era el hermano mayor de una de sus mejores amigas ¿qué le iba a decir? No insistía mucho, pero pude notar que algo le rondaba en la cabeza. Era algo más mayor, pero llevábamos más de 2 años jugando en el mismo equipo de fútbol y me llevaba muy bien con él.
Un día, en el campo de fútbol, después de echar unos cuántos tiros a puerta y de un pequeño partido con algunos chavales que había en el parque, Roberto quiso que nos quedásemos a hablar, supuestamente del equipo, así que nos quedamos sentados en la tierra del campo charlando y riendo, pero después de un rato, cambió de tema.
- Hay algo más que quiero comentarte, Checo – dijo poniéndose algo serio.
- Tú dirás… - dije mirando a lo lejos, hacia los árboles del parque.
- Es sobre Desi… - le miré levantando un poco las cejas.
- Ya te dije que so…
- Lo sé, que sólo sois amigos – me interrumpió. – Pero los dos sabemos que no es del todo cierto, o al menos no por su parte. – Agaché la mirada hacia mis pies y me abracé las rodillas, pero guardé silencio unos segundos que parecían eternos hasta que Roberto volvió a hablar. – Creo que le gustas pero ella no te va a decir nada… nunca ha estado con ningún chico, y creo que nunca antes le había gustado ninguno… ¿qué vas a hacer con ella?
- No le gusto… - intenté negar lo que yo mismo ya intuía. – Seguro que exageras… sólo hemos sido compañeros de clase, nos hemos ayudado con algunas asignaturas, y creo que de ahí fue que nos hemos hecho amigos, pero nada más…
- ¿Estás seguro? Me visto cómo te mira… y cómo la miras tú a ella.
- ¿Qué? No la miro de ninguna forma… - Roberto me dio un codazo y se rio. – Es en serio, no la miro de ninguna forma. Es una niña muy introvertida, ha tenido malos momentos en clase y aunque todo se ha solucionado, me da cosilla que vuelva a pasarlo mal. Creo que echaré de menos estar pendiente de ella…
- ¿Qué vuelva a pasarlo mal? ¿a qué te refieres?
- Ya sabes que no tiene muchos amigos y que es una empollona… y eso nunca está bien visto. Las personas así están siempre en el punto de mira para las burlas…
- Hablas como si fueses tú el que va buscando objetivos para eso…
- Lo fui… - me quedé pensativo – pero con Desi era diferente. – Me reí recordando el primer día de clase – El primer día de clase que me obligaron a sentarme con ella pensé que se iba a poner a llorar cuando la hablé… como si fuese una niña de 6 años que pensaba que le iba a quitar su caramelo. – Roberto se unió a la risa. – Intenté muchas veces meterme con ella para divertirme, pero terminaba mordiéndome la lengua porque empezaba a ponerse roja y siempre me la imaginaba llorando… hubiese sido divertido una vez, pero tener esa sensación de que iba a llorar cada vez que la hablaba dejó de ser gracioso. En poco tiempo supe que no podía actuar así con ella y aunque me metía a veces con ella, lo hice para intentar sacarle una risa y que dejase de ponerse roja si la hablaba. Cuando en gimnasia empezaron a reírse un poco de su torpeza quise ayudarla porque ella tenía demasiada paciencia conmigo en clase. Creo que ahí fue cuando empezamos a hablar un poco más y a conocernos.
- Y ahora ¿qué piensas de ella?
- Es una niña muy buena, sigue siendo una empollona, pero creo que lo será toda la vida – volví a reírme. – Pero no soporto ver que lo pase mal, no soporto pensar que se metan con ella o que ella sufra… hubo un problema en clase y el tutor me pidió estar pendiente, y después no volvió a pasar nada, pero el curso que viene no voy a estar para controlar que todo esté bien con ella.
- ¿Y eso te preocupa?
- Tú tienes una hermana pequeña ¿no te preocupa que lo pase mal en el instituto? – Roberto pareció sorprenderse por mi pregunta.
- ¿Qué? Nooo… Lidia sabe cuidarse sola, pero si me entero de que alguien la trata mal no va a tener ciudad suficiente para esconderse. ¿Es eso lo que te pasa con Desi? ¿la ves como si fuese tu hermana pequeña? – Me quedé en silencio durante unos segundos.
- Sinceramente… no sé qué pensar – durante un par de minutos, el silencio se hizo eterno. – El día que le dije que me habían cogido en la academia, ella se puso a llorar e instintivamente la abracé.
- Entiendo…
- No, no creo que lo entiendas, ni siquiera yo entiendo lo que pasa… ella es una “niña buena”, una empollona…
- Ya… y tú eres un gallito… - se rio Roberto. – Lo de la empollona y el repetidor no suena demasiado bien ¿verdad?
- Eso nunca sonará bien… - dije con algo de pesar en la voz sabiendo qué era lo que estaría pensando mi amigo en ese momento.
- Eres imbécil, tío. Los prejuicios los estás poniendo tú mismo. Pero te voy a dar un consejo… has visto lo bueno de Desi, y lo admitas o no, eso te gusta, así que hazte un favor y madura.
Levanté la mirada de nuevo hacia los lejos, hacia los árboles del parque y suspiré justo antes de que Roberto volviese a hablar.
- Ese consejo era gratis… pero te voy a dar otro que no lo es tanto – se puso serio. – Desi es una de las mejores amigas de mi hermana, la conozco desde muy pequeña y también es como una hermana para mí, así que procura no hacerle daño o te cortaré los huevos.
Y dicho eso Roberto se puso de pie y me tendió la mano para ayudarme a levantar del suelo.
De camino a casa no dejaba de dar vueltas a la charla con Roberto. Todos los que conocían a Desi bien, la querían. Roberto me había advertido sobre hacerle daño, su hermana también lo hizo, hasta mamá cuando la conoció me dijo que ella era especial… y estaba de acuerdo, yo no quería hacerla daño, pero sabía que antes o después se lo haría, porque ni siquiera yo mismo sabía lo que estaba pasando dentro de mi cabeza con aquella niña… éramos muy diferentes, nadie de mi círculo podría entenderlo.
De repente me vino a la cabeza, ¡Borja!
Borja sabía algo de lo que me pasaba con Desi, además ambos iban a pasar a ciencias, quizás incluso estuviesen en la misma clase… podía pedirle a Borja que le echase un vistazo a Desi y que se encargase si algo pasaba. Tenía que hablar con él.
No sabía bien cómo sacarle el tema a Borja, pero aproveché un día que estábamos los dos solos en la plaza de detrás de mi casa. Quedaban menos de dos semanas para irme a la academia y aún no me había despedido de nadie, no quería hacerlo. Entre risas y preguntas sobre militares que aún no sabía responder, me puse un poco más serio para lanzar mi petición.
- Tío, necesito pedirte un favor.
- ¿Qué pasa, Checo?
- Es sobre… Desi.
- ¡Lo sabía! – se rio dándome una palmada en la espalda. – Te gusta ¿verdad?
- No es eso… - no quise entrar en ese asunto. – Lo ha pasado un poco mal en clase este año y no me gustaría que vuelva a pasar. Los dos vais a hacer ciencias… no sé si estaréis en la misma clase, pero… ¿te importa estar atento por si sucede algo con ella?
- ¿Qué es lo que me estás pidiendo exactamente, amigo?
- Sólo que estés atento, por si alguien se mete con ella, por si lo pasa mal… sólo cuéntame si pasa algo, pero que nadie se entere, ni siquiera ella…
- Ya tiene a sus amigas, no te metas en eso.
- Tengo que hacerlo, tío… prometí que no la dejaría sola.
- Deberías dejar de mentirte a ti mismo diciendo que no te gusta esa niña ¿no crees?
- Es complicado…
- Tengo la sensación de que esta conversación ya la hemos tenido, tío… No puede ser lo de “el rey del instituto” y la empollona, pero ya no serás más “el rey del instituto”, así que deja esas chorradas.
- Tengo mucho que pensar sobre ese tema, pero Borja, por favor… échale un vistazo y cuéntame si pasa algo con ella – realmente mi cabeza empezaba a materializar el hecho de que la echaría de menos.
- Cuenta con ello – Borja volvió a darme una palmada en la espalda.
Vaya verano. Creía tener todo lo importante atado antes de irme a la academia, el equipaje estaba listo, pero echaría de menos estar en casa, las charlas con mamá y con Ana, los juegos con Aarón, incluso a veces tenía la sensación de que echaría de menos el instituto. Borja me ayudaría a cumplir la promesa que le hice a Desi de no dejarla sola, y sentía que necesitaba despedirme de ella, pero no sabía cómo hacerlo.
No habíamos vuelto a hablar desde el final de curso, sólo nos saludábamos por la calle. Tenía ganas de abrazarla para despedirme, pero a la vez algo me tiraba para atrás. Era como si una despedida significase que no volveríamos a vernos, pero en el fondo sabía que no era verdad. Nos veríamos, claro que sí, porque yo vendría a casa siempre que pudiese y quedaría con los chicos, así que la vería con sus amigas como casi todos los fines de semana.
No era para nada un chico tímido, pero me sentía incapaz de acercarme a ella y despedirme, así que con esa cobardía, decidí escribir otra nota para ella: “Desi, me voy en cuatro días a la Academia Militar, pero recuerda que no te dejaré sola. Checo”.
Había quedado con los chicos del equipo para un último partido en el parque antes de marcharme. Si veía a Desi, iba a darle la nota, o ese era mi plan, pero cuando la vi en el parque sólo pude saludarla de lejos. No me atreví a acercarme porque sabía que ella se pondría triste, así que le di la nota a Roberto y le pedí que se la diese a ella.
Así me despedí de aquella niña de ojos verdes y sonrisa bonita, con otra simple nota cobarde escrita a mano en un trozo de papel.
Unos días después, mamá y papá me acompañaron a la academia y empezó una nueva etapa de mi vida que aún no podía ni imaginarme.