Bianca la sostuvo sin decir palabra, solo permaneció allí, con esa lealtad silenciosa que era más fuerte que cualquier discurso. Sofía lloró hasta que el pecho le dolió, hasta que no quedó otra cosa que el silencio roto de quien ya no tiene fuerzas para fingir. … Akira subió las escaleras, con paso firme y el rostro endurecido. Las criadas ya habían dejado las maletas instaladas y no quedaba nadie en el pasillo. Cerró la puerta de un golpe seco, como si quisiera expulsar con ese sonido todo el veneno que le hervía por dentro. Se quedó de pie en medio de la habitación. El cuarto era amplio, lujoso, con una cama king cubierta por sábanas de lino, alfombra persa y ventanales con vista a los jardines. Muebles de madera oscura, espejos altos, lámparas de cristal. Todo brillaba, todo costaba

