Salieron juntos. El aire de la tarde estaba cargado de tensión, de promesas y de peligro. El convoy los esperaba con precisión militar. El auto de lujo los condujo directo hasta el hangar privado, donde el avión ya estaba preparado, con motores rugiendo en un murmullo constante y luces que bañaban la pista. El jet de Salvatore no era un simple avión. Era un palacio aéreo. El fuselaje n***o brillante reflejaba la línea de luces de la pista. En el interior, cuero italiano en butacas amplias, madera oscura barnizada y detalles en dorado daban la impresión de un salón exclusivo, no de una aeronave. Una barra de whisky y vinos raros descansaba al fondo, junto a un compartimiento discreto con humidores de cigarros. El rugido de los motores era apenas un murmullo detrás del silencio opulento. S

