Salvatore conocía esa mirada en Pantera. No necesitaba explicación cuando lo escuchó decir: —Vamos a un lugar más privado. Sabía lo que vendría después. Lo había vivido antes, demasiadas veces. Por eso, al verlo girar hacia la salida de la sala VIP, sonrió de lado, esa mueca peligrosa que se dibujaba en su rostro solo cuando volvía a un terreno que ya dominaba. No preguntó nada. Simplemente lo siguió, seguro, como quien reconoce el camino hacia una cueva donde ya había dejado huella. Sofía levantó el rostro hacia él, buscando en silencio la confirmación de que debía avanzar. Salvatore no pronunció palabra; inclinó apenas la cabeza, un gesto mínimo pero tajante. Ella entendió de inmediato. Caminó a su lado, firme, pero obediente. Él la sujetaba por la cintura con una mano fuerte. No era

