Capítulo 26

1647 Words
Selena esperó a que llegara la familia de Robert para ponerlos al tanto de lo sucedido la noche anterior. Cuando ellos llegaron, pasaron a la oficina de Selena. ―Doctora, buenos días ―saludó Diego―, la señorita de la recepción nos dijo que usted quería hablar con nosotros. ¿Sucedió algo? ―Buenos días, don Diego, Steve, Abril, pasen, por favor. ―Buenos días ―saludaron ellos. ―Lo que pasa es que anoche Robert sufrió una crisis de pánico; al parecer llegaron a su mente imágenes que él no logra entender y eso puede haberlo llevado a esa crisis. ―¿Estaba usted con él, doctora? ―No, Abril, el doctor Ordoñez estaba de turno, pero me llamó de inmediato para decirme lo que había pasado; él lo sedó para que se tranquilizara. ―¿Está dormido ahora? ―No, Steve, ahora está despierto, pero dice que es desesperante que lleguen imágenes a él que no puede descifrar, dice que su mente es como un rompecabezas que no puede armar. ―Doctora, ¿eso podría significar que Robert podría estar comenzando a recordar? ―Puede ser, don Diego, pero también podría estar así bastante tiempo, es lo que hay que ver ahora; hoy tendrá una cita con Sergio, el psicólogo y con el psiquiatra. ―Yo daría cualquier cosa por no ver a mi hijo en este estado. ―Papá, debes estar tranquilo, esto es así, al principio va a ser difícil, pero quizá de a poco Robert irá recordando y verá todo más claro. ―Puede ser, Abril, pero no quiero verlo así ahora. ―Papá, ahora pasaremos a verlo y estaremos con él y trataremos de ayudarlo en lo que podamos. Tal vez Jorge venga hoy y él también hará lo que esté a su alcance. ―Él ya está con Robert, llegó unos minutos antes ―informó Selena. ―Qué bueno, Jorge siempre viene a verlo ―exclamó Steve. ―Susana ¿no ha llegado? ―Creo que ya no vendrá ―respondió Selena. ―¿Por qué dice eso, doctora? ―preguntó Diego. ―Robert le pidió que se dieran un tiempo, pero eso es mejor que lo hablen con él. ―¿Le pidió que se dieran un tiempo? ―preguntó Abril― está bien, doctora, hablaremos con él. Gracias por contarnos lo sucedido con Robert. ―Tenía que hacerlo, no los llamé anoche porque no había nada más que hacer que sedarlo, no habrían podido verlo, pero siempre los mantendré informados de todo. ―Gracias, doctora ―agradeció Steve. ―Por nada, Steve, ahora pueden pasar a verlo. ―Gracias, doctora, nos vemos después. ―Yo me voy en un ratito, hoy es mi día libre, pero está el doctor Freeman, Gonzalo Freeman. ―Está bien, doctora, pero… ¿no me dirá que entonces está acá por mi hermano? ―Así es, Abril, tenía que venir a verlo y saber cómo seguía, soy su médico de cabecera, no podía dejarlo solo. ―No sabe cuánto se lo agradecemos, doctora. ―No se preocupe, don Diego, era mi deber. ―Pero es su día libre, doctora, tendrá cosas que hacer. ―Pero nada que no pueda esperar; mi hijo está en el jardín a esta hora, así es que podía venir sin problemas. ―Gracias por su preocupación, doctora, y disfrute de este día con su hijo. ―Gracias, don Diego, así lo haré. ―Bien, ahora vamos a ver a Robert ―dijo Steve. ―Sí, vayan tranquilos y cualquier cosa estaré aquí un rato más. ―Bien, doctora, gracias ―agradeció Steve. Ellos salieron y Selena se quedó en su consulta preguntándose en qué pasaría si la familia de Robert supiera que Evans era hijo de él. Seguramente le reprocharían el no habérselo dicho en el momento de saber que estaba embarazada, pero no pensaría en eso ahora, ya habría tiempo para hablar, explicar y esperar que Robert lo entendiera. Diego, Abril y Steve entraron a la habitación de Robert, quien, como dijo la doctora, estaba con Jorge. Luego de saludarse, Diego habló. ―Robert, hijo, la doctora habló con nosotros. ¿Qué pasó anoche? ¿Recordaste algo? ―No lo sé, papá, solo sé que venían a mi mente imágenes de Susana gritando, pero no lograba escuchar lo que decía, sé que yo le decía que era mi mamá, pero no sé por qué le decía eso, y pasaban más imágenes muy rápido por mi mente que no recuerdo, no lograba verlas bien, rostros, risas, la imagen de una mujer en la piscina riendo, no sé, fue todo muy rápido. ―Yo le digo que es muy posible que esté empezando a recordar ―expresó Jorge. ―Es lo mismo que iba a decir ―acotó Abril. ―Eso debe ser, Robert, tu mente debe estar trabajando en eso ―intervino Steve. ―Pero es desesperante porque no veo nada claro, solo imágenes que pasan por mi mente como en una película y solo escucho murmullos, risas, gritos, pero sin lograr entender qué dicen. ―Debes tratar de estar tranquilo, Robert, no te desesperes, es peor ―aconsejó Abril. ―Es lo que trato de hacer. ¿Cómo están ustedes? ¿Los niños? ―Bien, estamos todos bien, los niños con deseos de ver a su tío ―contó Steve. ―Me gustaría conocerlos… digo, volverlos a ver, ustedes me entienden. ―Sí, Robert, no te preocupes. ―¿Y la mamá? ―Te tenemos una buena noticia, Robert, mañana la dan de alta. ―Pero ¡qué bien! Ya podrá volver a la casa. ―No exactamente, Robert. ―¿Cómo? Si la dan de alta… ¿no volverá a la casa? ―Volverá a una nueva casa, hijo, compramos una casa acá en Viña, con vistas al mar como le gusta a ella y con un jardín grande y mucho verde. ―¡Fantástico! Va a estar contenta allá. Tengo muchas ganas de verla, aunque no la recuerdo sé que es mi mamá. ―Robert, quería proponerte algo, aunque creo que ya te lo dije antes; cuando te den el alta vente a vivir con nosotros hasta que recuperes bien la memoria, si es que no la recuperas antes. ―Está bien, papá, lo haré, quiero pasar un tiempo con ustedes. ―Gracias, hijo, así todos estaremos más tranquilos. ―Gracias a ustedes por proponérmelo, papá. ―Es lo mejor que puedes hacer, Robert, así no estarás solo y la mamá estará feliz de que estés un tiempo con ellos ―exclamó Abril. ―Yo también estaré feliz de estar con ellos un tiempo, hermana. ―Seremos vecinos, Robert. ―Así será, Jorge, y eso será muy bueno. ―Cuando necesites hablar estaremos más cerca. ―Así es, amigo, y eso me alegra mucho también. ―A mí también, Robert. ―Qué mejor, Robert, los amigos serán vecinos. ―Sí, Steve, así será. ―Robert, ¿Susana no ha venido? ―Ya no vendrá, Abril, le pedí que nos diéramos un tiempo, pero creo que se terminó todo con ella, no quiero verla. ―Y eso… ¿por qué? ―No sé, Steve, no quiero verla, me incomoda cuando está acá, siempre está de mal humor, no, definitivamente no quiero nada con ella. ―Pero… yo creo que como estás ahora no debieras tomar ninguna decisión. ―Papá, ya había tomado esa decisión, Jorge me lo contó, antes del accidente iba a terminar todo con ella, pero no alcancé y ahora sigo sintiendo lo mismo. ―¿Pasó algo? ―No, Steve, es solo que su carácter me descompone, siempre llega enojada por cualquier cosa, no quiero verla. ―Bueno, si así lo prefieres es mejor que no venga, tú debes estar tranquilo ―opinó Abril. ―Antes del accidente Robert me dijo varias veces que terminaría con ella, que no la amaba, la semana del accidente, unos días antes, dos para ser exactos, me dijo que se lo diría al día siguiente, que ya estaba decidido, pero no alcanzó ya que tuvo el accidente ―contó Jorge. ―Ah, pero si es así y no la amas es mejor que todo se termine, no puedes estar al lado de una mujer por la que no sientes nada, Robert. ―Es lo que siento, Abril, aunque a ustedes no los recuerdo de antes los siento con el corazón, con ella no me pasa eso, es una perfecta desconocida, por la que no siento nada. ―Yo creo que está muy bien lo que hiciste, Robert, no te hacía bien verla ―intervino Jorge. ―Eso es verdad, no me hacía bien verla. ―¿Cómo reaccionó? ―preguntó Steve. ―Mal, me dijo que me iba a arrepentir de querer dejarla. ―Bueno, ahora hay que olvidarse de ella, hijo, tienes que estar tranquilo, eso es lo más importante en estos momentos. ―Sí, papá, en la tarde hablaré con el psicólogo y con el psiquiatra, tenemos una cita los tres. ―Eso te ayudará, Robert, estoy segura. ―Sí, espero que así sea, quizá hablando con ellos se aclaren algunas cosas o ellos me indicarán qué hacer. ―Ellos saben cómo tratar estas cosas, Robert, ellos te darán herramientas para poder manejar los recuerdos que lleguen a tu mente ―indicó Jorge. ―Hoy vino la doctora, aunque está en su día libre, vino a verme ya que el doctor que estaba anoche la llamó para avisarle. ―¿Hoy es su día libre? ―Sí, Steve, hoy está libre. ―Ella es una muy buen médico, se nota de inmediato ―comentó Abril. ―Sí, así es, siempre preocupada de mi bienestar. En ese momento se abrió la puerta de la habitación y Susana caminó unos pasos y los miró a todos, uno por uno, para detenerse en la mirada de Robert.
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