Capítulo 18

1675 Words
Selena vio entrar a Susana al hospital, caminando muy segura de sí misma, entró al ascensor para ir a la habitación de Robert; ella esperaba que no sucediera nada que pudiera alterarlo. Susana no sabía lo que había pasado en la tarde y de lo que se había enterado él. Robert estaba con los ojos cerrados cuando sintió abrirse la puerta. Suponía que era Susana y no tenía deseos de hablar con ella. Sabía que era una mentirosa. ―Robert, ¿estás despierto? ―preguntó ella entrando a la habitación. Él abrió lentamente los ojos y la miró. ―Sí, solo descansaba. ―¿Cómo estás? ―Más o menos. ―¿Por qué? ¿Pasó algo? ―No, estoy bien, muy bien y contento, hoy vino a visitarme Abril y Steve. Susana se puso pálida. ―¿Hablaste con ellos? ―Sí, claro que hablé con ellos. ―¿Qué te dijeron? ―Cosas, me contaron varias cosas de mi vida, Susana. Cuando Robert vio entrar a Susana decidió no decirle nada, quería ver hasta dónde llegaba esa mujer con sus mentiras. ―¿Y cuáles serían esas cosas? ―Cosas que tú ya sabes, Susana. ―¿No me quieres contar? ―¿Qué te puedo contar que tú ya no sepas? ―¡Qué misterioso estás, Robert! ―No hay ningún misterio, Susana, mis hermanos me contaron lo que tú ya sabes de mi vida, vives conmigo, ¿no? ―Claro que vivo contigo. ―Entonces no tengo nada que contarte. ―¿Estás molesto? ―Sí, estoy molesto, esta situación me tiene así. ―Pero ya pasará, de a poco irás recuperando la memoria, mi amor. ―Susana, no me siento cómodo cuando me tratas así. ―No, Robert, tendrás que aguantarte, yo siempre te digo mi amor, lo mismo que tú a mí. ―No lo recuerdo y mientras no lo recuerde no nos volveremos a tratar de mi amor. ―Yo sí lo recuerdo por lo tanto seguiré diciéndote “mi amor”, porque es lo que eres para mí, mi amor. ―Susana, esto es muy incómodo para mí, entiéndelo, ahora quiero dormir. ―¿Quieres que me vaya? ―Necesito estar solo. ―Robert, estuve todo el día esperando este momento para verte, ahora no me puedes pedir que me vaya. ―Solo te digo que quiero estar solo, si quieres quedarte, hazlo, pero no tengo deseos de hablar. ―Ah, estás simpático, ¿eh? Parece que no te hizo bien la visita de tu amigo y la de tus hermanos. ―En eso estás equivocada, Susana, la visita de ellos me hizo muy bien y me estoy dando cuenta de algunas cosas, aunque no las recuerde. ―¿Cómo es eso? ―Nada, son cosas mías, déjame. ―Realmente estás muy misterioso; quiero saber que te dijeron ellos que te dejaron así. ―¿Qué podrían haberme dicho que tú ya no sepas? ―Y dele con la frasecita esa, Robert, ya termina y cuéntame qué te dijeron. ―Ya te lo dije, me contaron cosas de mi vida. ―Pero necesito saber qué cosas fueron esas. ―¿Por qué tanto interés? ¿O es que hay algo que no quieres que yo sepa? ―¿Por qué me preguntas eso? Yo solo quiero que recuperes pronto la memoria y nos vayamos a vivir juntos como siempre. ―Ya sabes que mientras no recupere la memoria no iré a vivir contigo, no lo olvides. ―Y sigues con eso, Robert, por Dios. ―Seguiré con eso hasta que se me dé la gana, Susana, no puedo vivir contigo si no te recuerdo para nada. ―Si no vives conmigo más te tardarás en recordar, Robert. ―No, Susana, tengo familia y amigos que me ayudarán a recordar, no lo olvides. ―Estás insoportable, me voy, no sé si vengo mañana antes de ir al trabajo, en la tarde pasaré a verte y te pido que trates de estar de mejor humor, hoy no te soporto. Robert no contestó y Susana salió de la habitación malhumorada. En el pasillo se encontró con Selena y sintió furia al verla. ―Doctorcita, que gusto en verla, le aconsejo que vaya a ver a su paciente, está con un humor de los mil demonios ―dijo ella con enojo. ―¿Pasó algo? ―preguntó Selena. ―No lo sé, creo que las visitas que tuvo hoy no le hicieron nada de bien, pero pregúntele usted misma, tal vez a usted sí le cuente ―respondió Susana marcando el “tal vez a usted sí le cuente”. Susana siguió su camino sin esperar a que Selena respondiera algo. La doctora caminó hacia la habitación de Robert. Tocó y entró. ―Doctora… ―¿Pasó algo, Robert? Susana no está de muy buen humor. ―Nada, Doctora, solo que no tengo deseos de verla ni de hablar con ella. ―¿Le dijo algo de lo que se enteró esta tarde? ―No, nada, pero ella estaba muy interesada en saber que me habían contado ellos, pero no, no le dije nada, esperaré a ver hasta dónde llega con sus mentiras. ―Debe estar tranquilo, Robert, es por su salud. ―Sí, doctora, ya habrá tiempo para hablar con Susana cuando sepa más cosas acerca de mi vida y de mi relación con ella. ―Es lo mejor, pero no se apure en saber tantas cosas de una vez, vaya de a poquito, no lo olvide; hable con sus hermanos, con su amigo y trate de enterarse de cosas buenas de su vida, luego tendrá tiempo de enterarse de las cosas desagradables, hágame caso, por favor, Robert. ―Sí, doctora, le haré caso; mañana vendrá el papá a verme. ―¡Qué bueno! La visita de él le hará muy bien. ―Tengo deseos de verlo, doctora, Abril, mi hermana me mandó una foto de mis padres y de mi familia completa con cuñados y sobrinos incluidos, así es que ya los conozco, pero quiero tener a mi padre cerca por unos momentos. ―Eso me alegra mucho, Robert, todas esas cosas le harán muy bien, en cambio los problemas solo harán que tarde más su recuperación. ―Sí, doctora, ahora solo quiero recuperarme, recordar mi vida y luego tratar de enderezar lo que no esté en forma, cambiar lo que haya que cambiar. ―Exacto, eso debe hacerlo cuando ya esté con su memoria totalmente recuperada, es lo mejor, ahora no tome ninguna decisión, no es el momento. ―Lo sé, sé que no estoy en condiciones de tomar ninguna decisión, pero apenas pueda hacerlo, lo haré. ¿Usted ya se va? ―Sí, quería saber cómo estaba y poder irme tranquila. ―Es muy amable, doctora, gracias por su preocupación. ―Usted es mi paciente y debo tratar de que esté lo mejor posible, Robert, mañana vendré a verlo cuando llegue. ―Gracias, doctora, descanse, nos vemos mañana. ―Usted también, Robert, duerma y no piense tanto, ¿sí? ―Está bien, estaré esperando el momento para verla mañana. Selena calló un momento. ―Bien, nos vemos mañana, Robert. ―Chao, doctora. ―Chao, Robert. Robert quedó mirando la puerta que se había cerrado tras Selena. ¡Qué ganas le dieron de haber besado esos labios carnosos y húmedos. Pero… ¿Qué estaba pensando? Selena era su doctora; la conocía hacía un poco más de una semana y estaba pensando en besarla. Cerró los ojos y pensó en como era su vida después del accidente; postrado en la cama de un hospital, con una doctora de cabecera demasiado hermosa para su gusto y sin recordar nada. ¿Hasta cuándo estaría así? ¿Cuándo volvería a su vida normal? ¿Cómo sería recobrar la memoria? ¿Qué sentiría? ¿Qué cosas descubriría? ¿Sentiría lo mismo que sentía antes del accidente o algo cambiaría? No quería estar así, pero le daba miedo recobrar la memoria y sentir cosas que tal vez no quería sentir. Volvió a su mente el rostro de la doctora. Sonrió. Todas las mañanas pasaba a verlo cuando llegaba y, aparte de las visitas del día, antes de irse pasaba a despedirse. ¿Lo haría así con todos sus pacientes? Luego de la cena, la Tens tomó sus signos vitales, le dio los medicamentos que correspondían a esa hora y luego le dio el sedante que tomaba cada noche para poder dormir, de lo contrario, el insomnio lo acompañaba casi toda la noche. Unos momentos después cayó en un sopor que lo llevó al sueño. Selena llegó a su casa y, luego de dejar su bolso en su dormitorio y cambiarse de zapatos por unos más cómodos caminó hasta la casa de Marcela, para buscar a Evans. ―Selena, ¿cómo estás? ¿Cómo estuvo tu día? ―saludó Marcela. ―Bien, Bien, Marcela, ¿y tú? ¿Te hicieron rabiar mucho los niños? ―preguntó Selena con una sonrisa. ―No, para nada, sabes que se portan muy bien. Hoy fuimos a los juegos y se divirtieron mucho. ―Ah, qué bien ―Selena tomó en brazos a su hijo que corrió hacia ella cuando la sintió llegar―, ¿así es que fueron a los juegos, Evans? ―Sí, mami, y lo pasamos muy bien. ―Qué bueno, mi amor, eso me alegra mucho ―respondió Selena dejando al niño en el suelo para saludar a Marisela. ―Hola, mi amor, ¿cómo estás? ―Un poco cansada, tía, hoy jugamos mucho. ―Pero lo pasaron bien. ―Sí, muy bien. Los dos niños se fueron a un lado de la sala en donde jugaban con algunos juguetes. ―Jorge me contó lo sucedido hoy ―dijo Marcela. ―Sí, ya sabes entonces que hoy fueron los hermanos de Robert a verlo. ―Sí, claro, Jorge me contó todo. Jorge entró a la sala y se acercó a su mujer y a su amiga. ―Hola, Selena. ―Hola, Jorge.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD