Selena llegó al hospital y luego de ponerse su bata de médico pasó a ver a Robert. Se sentía nerviosa de que él en algún momento la recordara, pero debía verlo.
―Doctora, al fin vino…
―Buenos días, Robert, ¿cómo se siente?
―Buenos días, Selena, perdón, doctora, estoy igual, no recuerdo nada. ¿Cómo está usted?
―Bien, Robert, gracias.
―Estuvo mi esposa, pero… yo no la recuerdo, para mí es una perfecta desconocida.
―¿Le contó algo de su vida?
―Sí, me dijo que tengo familia, padres, hermanos, cuñados, sobrinos.
―¿Y ellos no han venido a verlo?
―No, no saben que sufrí un accidente, doctora.
―Pero… ¿cómo que no saben? Ellos debieran estar al tanto de lo que a usted le pasó.
―Lo sé, pero mis padres se fueron recién a un viaje a Europa por un mes y no quiero arruinárselo y mis hermanos viven uno en Iquique y el otro en Frutillar.
―Pero a ellos debiera avisarles. ¿Cómo su esposa no lo ha hecho?
―La verdad es que no tengo ganas de ver a mucha gente que… no conozco, Selena…
―Pero ellos son su familia, quizás el verlos lo ayudaría a recordar su vida, Robert, yo creo que ellos sí debieran saberlo.
―¿Usted cree que debiéramos avisarles?
―¡Pero por supuesto que sí! Además… ¿ha pensado usted en lo que ellos le dirán si se enteran más delante de lo que le sucedió y que usted no les avisó?
―Sí, puede que tenga razón, seguramente se enojarán conmigo por no avisarles.
―Claro que lo harán, Robert, debieron avisarles apenas pasó el accidente.
―Hablaré con Susana, así se llama mi esposa, y le diré que hable con mis hermanos y con mis padres.
―Es lo mejor que puede hacer, no se va a arrepentir. Robert, en momentos como este es cuando la familia debe estar unida, no los deje a parte de todo esto.
―Tiene razón, doctora, le diré a Susana que los llame, yo no sé quién tiene mi celular.
―Debe tenerlo ella, Robert.
―Bien, cuando venga se lo pediré.
―Está bien, ahora iré a ver a los otros pacientes.
―Que tenga un buen turno, doctora.
―Ojalá sea así, Robert, y usted que tenga un buen día.
―¿La veré de nuevo?
―Sí, claro, estaré pasando durante el día, es mi turno y es lo que debo hacer, Robert, ahora ordenaré que le hagan unos exámenes y cuando esté el resultado, lo veré otra vez.
―Está bien, doctora, gracias.
Selena le sonrió y Robert devolvió esa sonrisa, luego la doctora salió.
“¿Por qué ella me es tan familiar?” Pensó Robert, “es como si la conociera desde siempre.
Debe ser porque a ella fue a la primera persona que vi luego del accidente, ella me salvó la vida, me sacó de allí antes de que el auto explotara.”
En ese momento entró un auxiliar quien le dijo que lo llevaría a rayos y luego a un scanner.
Susana estaba en su departamento cuando entró una llamada de su suegro, el padre de Robert.
―Suegro, ¿cómo están? ¿Cómo sigue la suegra?
―Susana, necesito hablar con Robert, ¿está por ahí? No me contesta el teléfono.
―Él está de viaje, suegro, anda en viaje de negocios en Escocia.
―Pero ¿le dijiste que Kate está internada en la clínica?
―Sí, Diego, se lo dije, pero en ese momento iba saliendo para el aeropuerto, dijo que lo llamaría desde allí.
―No lo ha hecho, ¿él te llama?
―Sí, de vez en cuando.
―Cuando te llame dile que me llame urgente por favor, a Kate la operaron del corazón y necesito hablar con él.
―Está bien, suegro, cuando Robert me llame se lo diré, no se preocupe.
―Gracias, Susana, espero que Robert me llame.
―Ya le dije que cuando me llame se lo diré, Diego.
Ella cortó.
―Tengo un mal presentimiento ―habló Diego a Steve, su hijo.
Ellos estaban en la sala de espera, ya que Diego no quería hablar delante de Kate, su esposa, que estaba recién operada del corazón.
―¿Por qué dices eso, papá?
―Es muy raro que tu hermano no nos haya llamado y no haya venido, cuando dijo que salía para acá.
―¿Qué te dijo Susana?
―Que está en Escocia, en un viaje de negocios.
―Él no se habría ido así, sabiendo que la mamá estaba enferma.
―Es lo mismo que pienso yo, Steve, y más extraño aún es que no haya llamado.
―Sí, tienes razón, papá. ¿Qué haremos ahora?
―Esperar a que Robert llame a Susana, ella le dirá que me llame.
―Si es que lo hace, papá, ya viste que le avisaste a ella lo de la enfermedad de la mamá y Robert se enteró solo cuando lo llamaste tú otra vez, Susana no le había dicho nada.
―Eso es lo que me preocupa, que él la llame y ella no le diga nada. Seguiré insistiendo al celular de Robert.
―En algún momento verá que tiene muchas llamadas perdidas tuyas, papá, yo también lo intentaré.
―Sí, hijo, hazlo y ahora entremos.
―Sí, vamos.
En la habitación estaba Abril, Pablo y Aline, acompañando a Kate que, en ese momento, dormía.
―¿Hablaron con Susana? ―preguntó Abril.
―Sí ―respondió Diego―, dice que Robert está en Escocia en un viaje de negocios y que es él quien la llama a ella así es que cuando lo haga ella le dirá que me llame.
―Es extraño ya que el día en que trajimos a Kate, él dijo que venía para acá ―recordó Aline.
―Es lo que yo digo ―ellos hablaban bajito―, si Robert venía para acá y nunca llegó y ahora resulta que está en Escocia y no ha llamado, algo me huele mal ―zanjó Diego.
―Tendremos que confiar en que Susana le dirá a Robert que nos llame, pero yo insistiré en llamarlo ―habló Abril.
―Robert en algún momento verá las llamadas perdidas nuestras y nos llamará, él nunca ha dejado sola a la mamá, siempre está pendiente ―reflexionó Steve.
―Eso es verdad, él siempre se ha preocupado de la familia y no los dejaría en un caso así en donde Kate tuvo que ser operada ―intervino Pablo.
―Por supuesto ―agregó Aline―, ¿no será que Susana no quiere decirle a Robert?
―Él se enteró de que su madre estaba acá porque yo lo llamé y hasta ese momento Susana no le había dicho nada, siendo que yo hablé con ella y le conté lo que sucedía, cuando Robert no contestó.
―Tenía su celular sin carga por eso no contestó ―argumentó Abril―, y estaba en una reunión.
―Es verdad, ahora confiemos en que Robert llamará a Susana y ella le dirá que te llame, papá ―exclamó Steve.
Kate abrió los ojos y miró a su familia.
―¿Todavía no saben nada de Robert? ―preguntó.
―Está en un viaje de negocios, amor ―respondió Diego.
―Entonces por eso no ha venido, no lo agobien contándole lo que a mí me pasa, ya se enterará cuando vuelva.
―Eso haremos, mamá, ahora tú debes descansar para que te recuperes pronto y puedas volver a casa ―aconsejó Abril.
―Kate, mañana vendrán a verla los niños, el doctor dio la autorización ―contó Aline.
―¡Qué bueno! ¡Veré a mis niños! Los extraño mucho, cuando entré a pabellón por un momento pensé que no volvería a verlos.
―No diga eso, Kate, ya ve que se está recuperando muy bien y ya mañana podrá verlos ―exclamó Pablo.
―El verlos me hará muy bien, se los aseguro, ellos me dan ánimo para seguir también.
―Ellos te adoran, mamá ―comentó Abril.
―Eso es verdad ―agregó Aline―, lo único que quieren es verla.
―Y yo a ellos, mis niños, los amo.
―Mañana los verás, mamá ―acotó Steve.
―Y eso me hace muy feliz.
Selena entró a la habitación de Robert.
―Doctora…
―Robert, ya tengo el resultado de los exámenes, está evolucionando bien, la hemorragia a desaparecido casi por completo, pero debe quedarse unos cuántos días más en el hospital, es por su bien.
―Lo entiendo, doctora, además… ir a vivir en la misma casa con una desconocida no me hace mucha gracias, la verdad.
―Pero ella es su esposa.
―Una esposa a la que no recuerdo nada y no me une nada tampoco.
―Ahora piensa eso, porque no la recuerda pero estoy segura de que debe unirlos una hermosa vida juntos, Robert.
―No lo sé, no siento que sea así, en cambio a usted, Selena… es como si la conociera de siempre.
―Robert…
―Perdón, pero así lo siento, Selena…
En ese momento entró Susana y quedó mirando a la doctora.
―¿Usted?
―¿Yo? Soy la doctora que está a cargo del señor Ivanek, ¿usted es algún familiar?
―Soy Susana González, la esposa de Robert.
―Mucho gusto, señora González, hicimos unos análisis y los resultados están muy bien, de la hemorragia ya no queda casi nada.
―¿Eso quiere decir que pronto se podrá ir conmigo a nuestro departamento?
―Eso debemos evaluarlo, por el momento deberá quedarse aquí unos días más.
―Está bien, doctora. ¿Cuál es su nombre?
―Selena Dreckmann, soy el médico de cabecera de Robert.
―¿Robert? ¿No es mucha la confianza de un médico para su paciente?
―Susana, yo le pedí que me llamara así, no quiero que me diga señor ya que, aparte de no recordar nada, el señor me sueña muy lejano también.
―Bueno, como quieras, mi amor.
―Susana, quiero pedirte que solo me digas Robert, no quiero palabras de amor si… no te recuerdo, perdón.
Susana lo miró como si quisiera matarlo y esa mirada no pasó desapercibida para Selena, quien, por supuesto, no dijo nada.
―Hay que tratar de que Robert se sienta lo más cómodo posible, señora González, es lo mejor para su salud en estos momentos. Ahora los dejo solos. Ah, trate de avisarle a la familia de Robert lo que sucede con él, es necesario.