Susana quedó mirando la puerta por donde había salido la doctora. ¿Por qué Robert tenía una foto de ella en su celular? ¿Es que se conocían de antes? Pero… ¿de dónde? Y ella… ¿le habría dicho a Robert que lo conocía? ¿Quién sería ella en la vida de Robert? No podía entregarle su celular ya que vería todas las llamadas que tenía de su familia y ahora… la foto de la doctora. Selena. ¿Quién sería?
―¿Qué pasa, Susana? ―preguntó Robert que veía que Susana no despegaba la mirada de la puerta.
―Nada, ¿por qué?
―No sé, te quedaste mirando la puerta cuando la doctora salió.
―No sé, pensaba en cuánto más tendrás que estar acá.
―Ya oíste a la doctora, hasta que sea necesario.
―Parece que a ti te encantara estar aquí y no quisieras irte conmigo a nuestro departamento.
―Susana, yo creo que arrendaré algo para mí solo cuando salga de aquí…
―¡¿Qué?! ¡¿Qué dices?!
―Eso, Susana, creo que necesito estar solo un tiempo, a ti no te recuerdo, no sería cómodo que viviéramos juntos.
―¡No, Robert! ¡Eso no lo permitiré! ¡Tú te irás conmigo a nuestro departamento!
―No, Susana, no lo haré, mientras no te recuerde no iré a vivir contigo, eso está decidido.
―Así no recordarás jamás, Robert, solo yo puedo ayudarte a recordar.
―¿Y mi familia?
―Tú me dijiste que lo mejor era no arruinar el viaje de tus padres y tus hermanos, cada uno está en sus cosas.
―Pero no creo que estén tan ocupados como para no visitar a su hermano que sufrió un accidente. ¿Dónde está mi celular, Susana?
―¿Tu celular? No sé, Robert, debe tenerlo la policía todavía, ellos se quedaron con él.
―¿La policía? ¿Por qué la policía?
―Para investigar sobre el accidente.
―¿Y no te lo han entregado a ti aún?
―No, Robert, no los he visto.
―Cuando te vayas ¿puedes pasar a la estación de policía para que te lo devuelvan, por favor?
―Sí, claro, lo haré, amor.
―Susana, ya te dije, por favor.
―Está bien, Robert, está bien, pero no estoy de acuerdo en que te vayas a vivir solo, eso no.
―Susana, ya te dije que estaba decidido. ¿Llamaste a mi trabajo para avisar que estoy hospitalizado? Porque trabajo, ¿verdad?
―Sí, Robert, ya llamé.
―¿Qué hago, Susana? ¿En qué y donde trabajo?
―Eres el CEO de una empresa de minería, Robert.
―¿Dónde trabajo?
―Minera Copiapó.
―¿Solo eso?
―Así es.
―¿En qué lugar físico queda?
―Blanco Encalada doscientos cuarenta, en Viña del Mar.
―¿Ahora estamos en Viña del Mar?
―Así es, en el Hospital Regional de Viña del mar.
―Bien. Necesitaré mi celular para comunicarme con la oficina y para buscar un arriendo.
―Te lo traeré mañana cuando venga a verte.
―Está bien.
―Bien, ahora me iré, debo trabajar.
―¿Qué haces, Susana?
―Trabajo en una tienda, Robert, soy la administradora.
―Ah. Bien, acuérdate de mi celular.
―Sí, ahora iré a la policía.
Susana salió molesta de allí. Tendría que ver qué hacer para conseguir un celular y que en él hubiera solo lo que a ella le convenia que Robert viera.
Pasó a una tienda de celulares, compró el mismo que Robert tenía y luego se dirigió a la tienda de un amigo que trabajaba en el rubro y le pidió que en el nuevo celular instalara todo lo que Robert tenía, pero sacando lo que ella no quería que él viera, como las llamadas de su familia y la foto de Selena, la doctora.
Una vez terminado todo eso se dirigió a su trabajo, en donde efectivamente, era la encargada de la tienda.
―No hay caso, Robert no llama ni contesta las llamadas ―habló Diego.
―Esto es muy extraño, papá, Robert no pasaría tanto tiempo sin llamarnos, sobre todo a ustedes, además, en algún momento debe revisar su celular y debería darse cuenta de las veces que lo hemos llamado ―habló Steve.
―Pienso lo mismo ―acotó Abril―, llamaré a la oficina, esto se me hace muy extraño.
Dicho esto, salió al pasillo para hablar con tranquilidad. Luego de unos minutos entró a la habitación.
―Esto es muy extraño, en la oficina me dijeron que Robert había avisado que por unos días no iría a trabajar ya que la mamá estaba enferma y se dedicaría a ella.
―¿Cómo? Pero si por acá no ha aparecido ―exclamó Diego.
―Esto está muy extraño ―recalcó Steve―, llamaré a Susana otra vez.
Él también salió al pasillo y, al volver, contó lo que había hablado con su cuñada.
―Susana dice que al momento de salir para acá Robert recibió una llamada en la que le pedían que debía viajar urgentemente a Escocia y que por eso cambió el itinerario.
―Pero debieran saberlo en la oficina ¿o me equivoco? ―preguntó Aline.
―Claro que debieran saberlo, por eso esto me suena muy extraño ―respondió Steve.
―¿Qué haremos ahora para ubicar a Robert? ―inquirió Abril.
―No lo sé, creo que deberemos seguir esperando a que él nos devuelva la llamada ―respondió Pablo.
―No sé, esto es muy extraño, no sé si debiéramos seguir esperando ―habló Diego.
―¿Qué deberíamos hacer entonces, papá? No tenemos cómo comunicarnos con Robert ―preguntó Abril.
―Iré a hablar a la oficina ―informó Diego―, alguien debe saber de ese famoso viaje.
―Ellos tampoco saben nada de él papá ―intervino Steve―, según ellos, Robert salió para ver a la mamá.
―No importa, iré para allá, ustedes se quedarán con Kate, por favor ―pidió Diego.
―Yo lo acompaño ―se ofreció Pablo.
―Está bien, gracias, Pablo.
―No me dé las gracias, estamos todos en esto ―respondió él.
Dicho esto, los dos salieron hacia la oficina de Robert.
―Doctora ―habló Alice, mientras bebía un café con Selena en el estar médico―, encuentro muy extraño que no haya venido la familia del señor Ivanek, ¿usted no?
―Hoy le dije a la esposa que les avisara, ojalá lo haga, parece que sus padres andan de viaje por Europa.
―Esa mujer, Susana, no sé… me da desconfianza.
―No sé, Alice, como Robert no recuerda nada, no sé cómo es la relación de ellos.
―Siento que ella está a la defensiva, pero debe ser por lo mismo. Terminado mi café iré a verlo.
―Está bien, Alice, yo pasaré más tarde por su habitación.
―¿Mañana viene usted?
―Sí, claro, mañana sí vengo.
―¿Cómo está Evans?
―Bien, Alice, en el jardín, pero va contento, dice que le gusta estar con sus amigos.
―Eso es bueno, que vaya con ganas, así se divierte mientras aprende.
―Así es, aparte le gusta mucho hacer tareas y dibujos.
―Yo tengo el dibujo que me hizo para mi cumpleaños, es muy bonito.
Selena sonrió.
―Es su regalo para los cumpleaños y se prepara para hacerles a todos un dibujo.
―Cosita, es tan amoroso y cariñoso.
―A ti te quiere mucho, Alice, siempre que llego a la casa me pregunta si trabajé contigo.
―Lindo ―sonrió Alice―, bueno, ya terminé mi café, ahora iré a ver al señor Ivanek, es la hora de sus remedios.
―Está bien, Alice, yo iré a ver al paciente de la trescientos doce.
―Bien, doctora, nos vemos más tarde.
―Sí, Alice, nos vemos después.
Selena tenía deseos de ir ella a ver a Robert, pero se contuvo, cada vez que debía ir sentía un cosquilleo en el estómago.
―Robert, como mi amigo ―exclamó Jorge.
―Es verdad ―acotó Marcela―, nunca me lo presentaste.
―Tú sabes que nos juntábamos a beber un trago a veces, además es un trabajólico, después tuvo esa relación que lo alejó un poco de todos nosotros y bueno… cuando ella se fue, él quedó muy mal.
―Jorge… ¿Y si es el mismo Robert?
―¿Cómo?
―Eso, a él lo dejó una mujer, ¿verdad?
―Sí, así es.
―Y Selena abandonó a su Robert; ¿No es mucha la coincidencia y aparte se llaman igual?
―No, Marcela, sería muy loco si fuera el mismo, tú estás imaginando cosas.
―No, Jorge, los dos se llaman Robert y a los dos los abandonó una mujer.
―Pero si la semana pasada nos tomamos un trago juntos.
―Sí, pero eso no impide que luego haya sufrido un accidente. ¿Has hablado con él después de que se vieron?
―No, la verdad es que no.
―Pues, llámalo.
―¿Ahora?
―Sí, claro, ahora, si está bien entonces no es él.
―Está bien, lo llamaré.
Jorge tomó su celular y llamó a su amigo; después de unos momentos dijo:
―No, no contesta, sale el buzón de voz.
―Entonces dile que cuando escuche el mensaje te devuelva el llamado.
Jorge hizo lo que Marcela le decía.
―Bien, le dejé el mensaje, espero que me devuelva la llamada, tal vez está en una reunión.
―Bueno, esperemos a que te llame. ¿Te imaginas fueran el mismo hombre?
―¿Qué harías? ¿Le dirías a Selena que Robert es mi amigo?
―Pero claro que se lo diría.
―Y ella te pediría que no le dijéramos nada.
―Sí, claro, seguramente eso haría.
―Selena no quiere que él sepa que tiene un hijo con ella.
―No, pero si él empieza a recordar estando en el hospital se acordará de ella.
―Sí, pero si ella no quiere contarle él nunca lo sabrá.
―Yo le dije que él debía saberlo. ¿Qué sabes tú de esa relación? Digo, por parte de él; ¿Jugaba con ella?
―¡No! Robert estaba enamorado, pero era una de esas relaciones intensas en que solo se necesitaban los dos, aunque él en varias oportunidades le dijo a ella que… espera… ella…