-Adrián- Mi hija clavaba flechas sin cesar sobre mí, una de sus heridas no sanaba cuando ella se encargaba de abrir otra justo igual o incluso más grande. Sabía que el daño que había causado en ella era irreversible pero ya no podía hacer nada… Nada más que lamentarme y tragar mis palabras mientras ella me insulta, ofende y apuñala. Salí de ahí a todo lo que daba y pensé en pasar por seguridad para avisar sobre Nicolás Torres pero no lo hice, sino que subí a la camioneta furioso y temblando. -¿A dónde vamos, señor?- preguntó mi chofer y yo tardé un instante en responder. -Quiero ir a la casa de Nicolás Torres. Llegamos a su apartamento, el cual quedaba peligrosamente cerca de donde estaban acomodados mis hijos. Aún no entendía cómo es que esa pequeña cabeza hueca había entendido cada

