Cinco pares de ojos verdes se encendieron con horror ante la invitación de Antón para que los habitantes del bosque volvieran con ellos a cenar a la Viña Rastrera. El sol de la tarde enviaba rayos de luz oblicuos a través de los árboles del Gran Bosque, lo que había recordado a los cuatro Vines que pronto se les necesitaría en la posada para el ajetreo de la noche y motivó la invitación. —Lo siento, —dijo Piedra de Agua, al ver que se ponía rígido—. Su posada parece muy bonita... um, sólida, por lo que Tarkyn nos ha mostrado y por lo poco que sabemos de posadas. Pero ninguno de nosotros ha estado nunca dentro de un edificio. —Se encogió de hombros—. Además, hemos jurado proteger el secreto de nuestros parientes, al igual que ustedes. Seríamos exiliados, condenados a una existencia solitar

