Vanna Llevo a la pequeña Daniela hasta mi habitación. Ella no deja de mirar la pelota en sus manos, hasta que levanta la vista y mira tras nosotras. —Belo —señala tras de mi con su dedito. —Tu abuelo hablara con papá y luego seguirá jugando contigo —le dije aunque no estaba segura si podía entenderme. Entregamos a mi habitación y la colocó sobre mi cama, ahí estaba un oso de peluche qué llamo su atención, en realidad tengo varios, en toda mi habitación, me senté a su lado y ella comenzó a jugar con el oso y dejo la pelota, de repente levanto la mirada y las mariposas en mi techo captaron toda su atención, se puso de pie sobre el colchón y señaló hacia arriba. —Añi, añi —me llama, me causaba gracia la forma en que me llamaba, es tan preciosa. —Son mariposa ¿te gustan? —ella seguí

