- catorce. -
- 'Celos' -
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Celos, tus celos
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Me molestan de todas las formas correctas
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━━BETTY NO ERA LA MEJOR conductora, por decirlo bien.
No debe haber aprendido a usar sus espejos retrovisores laterales o elegir no usarlos al cambiar de carril porque casi chocan con su quinto automóvil.
Si Betty quisiera matar a Miranda, ahora habría sido el momento perfecto para hacerlo.
Todo lo que tenía que hacer era embestir su costado contra otro auto y adiós Miranda.
─¿Aún tienes el video?─ Preguntó Betty, sin disipar las sospechas de Miranda acerca de querer matarla.
─Sí─ Tragó Miranda, agarrándose a la manija de la puerta por su vida mientras Betty pasaba un semáforo en rojo ─¿Es eso de lo que tú y Chuck estaban discutiendo ayer en la piscina?─
─Quiere que salgamos de nuevo─ Suspiró.
─Hazlo, incluso te cubriré si quieres─
─¿Qué?─
─Puedes decir que estás durmiendo en mi casa o algo así. Respaldaré tu historia si alguien me pregunta─
─¿Por qué?─
─Haz lo mismo por mí si necesito ayuda─ Dijo Miranda.
─Sabes, de hecho, creó que podría aceptar esa oferta─ Betty frunció el ceño ─¿Cuánto tiempo han estado ustedes dos, umm...?─
─No mucho─ Respondió Miranda, dándose cuenta de lo mucho que realmente lo deseaba.
No, ella tenía que vengarse de él primero.
─No te ofendas, pero ¿estás segura de que no se está aprovechando de ti?─
─Créeme, Betty. Estoy más que dispuesta─ Dijo Miranda.
Betty asintió con la cabeza, haciendo un giro brusco hacia el camino de entrada de Veronica y golpeando su pie en el descanso, enviando sus cuerpos volando hacia adelante.
─Bien, ya estamos aquí─
─Gracias a Dios─ Miranda se apresuró a salir del auto.
La chica necesitaba que se le revocara la licencia antes de que terminara matando a alguien.
Cheryl, Veronica y Tony estaban todos sentados alrededor de la mesa del comedor bebiendo aguardiente de fresa cuando llegaron Betty y Miranda.
A las dos chicas se les sirvió inmediatamente el alcohol y se sentaron junto a Veronica, quien parecía que había tomado demasiadas bebidas.
─¡No puedo creer que estemos dándonos un tiempo!─ Dijo Veronica, tomando de su bebida.
─No lo necesitas─ Dijo Cheryl, sin levantar la vista de su teléfono mientras enviaba un mensaje de texto.
─Los hombres son basura─ Agregó Tony, también en su teléfono.
A juzgar por su falta de entusiasmo, parecía que Veronica había hecho esto varias veces antes.
Incluso Betty, que frotaba la espalda de Veronica, parecía muerta detrás de los ojos mientras miraba a lo lejos.
Miranda tuvo que preguntarse cuántas veces se habían tomado un tiempo si así era como estaban actuando sus amigas.
─Veronica─ Dijo Hiram, entrando en la habitación con uno de sus trajes habituales.
Él miró a los ojos a Miranda, pero ella simplemente rodó los suyos hacia él.
Todavía estaba molesta por lo que le había hecho o, mejor aún, lo que no le había hecho la noche anterior.
─Pensé que había dicho que no más amigas durante una semana después de lo de anoche─
─¡Papá! ¿No ves que estoy pasando por algo aquí? ¡Las necesito como apoyo emocional!─ Dijo Veronica.
─¿Están tomando un tiempo de nuevo?─
Miranda miró a Veronica con sorpresa.
¿Incluso su padre lo sabía?
Veronica solo gimió más hasta que sonó el timbre.
Hiram fue a responder.
Cuando regresó con un grupo de masajistas, no parecía muy feliz, especialmente cuando cada una se dirigió hacia una de las chicas.
Como si el universo quisiera que ella se vengara, el masajista de Miranda era un chico y bastante guapo.
─¿Puedo empezar?─ Preguntó el masajista, poniendo sus manos sobre los hombros de Miranda.
─Puedes─ Dijo, con sus ojos clavados en los de Hiram.
Las manos del masajista hicieron su magia, masajeando los nudos en sus hombros y cuello.
Miranda suspiró y se mordió el labio, ignorando la mirada de muerte que estaba recibiendo.
─No puedo creer que esté pagando por esta mierda─ Le oyó decir.
─Por cierto, si alguna de ustedes quiere un masaje de cuerpo completo, puede usar una de las habitaciones─ Informó Veronica, relajándose en su asiento.
Miranda recibió de inmediato una mirada de advertencia de Hiram, pero lo ignoró.
La diversión acababa de empezar.
─Creo que lo haré─ Dijo Miranda levantándose de su asiento ─Me duele mucho el trasero. Ya sabes, por las sentadillas y esas cosas. ¿Crees que podrías ayudar con eso?─
─Por supuesto─ Dijo el masajista, siguiendo a Miranda fuera de la habitación.
La muerte tomó la forma de Hiram Lodge cuando los dos pasaron junto a él.
─¡Al final del pasillo, primera puerta a tu izquierda!─ Veronica gritó.
Miranda fue al baño para cambiarse de ropa y ponerse una toalla para el masaje, pero cuando salió, Hiram estaba paseando por la habitación y el masajista no estaba por ningún lado.
Cuando la vio, dejó de caminar y avanzó hacia ella hasta que su espalda golpeó la pared.
Se veía enojado, enojado y sexy.
─¿A dónde fue el masajista?─ Ella preguntó.
─Le pagué quinientos para que saliera por la puerta trasera─
─Maldita sea, tenía muchas ganas de recibir ese masaje─ Suspiró.
Hiram la agarró bruscamente por la cintura y la atrajo hacia él.
─¿Crees que esto es gracioso, Miranda? Me estás cabreando ¿De verdad quieres saber qué pasa cuando me enojo?─ Dijo con la ira entrelazada en sus palabras ─Acabo de ver a otro hombre tocarte en mi propia casa por segunda vez este mes─
─No es mi culpa que siempre estés celoso─ Dijo ella, excitándose por lo agresivo que estaba siendo.
Sus manos se deslizaron por sus abultados brazos y envolvieron sus brazos alrededor de su cuello.
─No estoy celoso. Soy territorial─
─¿Territorial? Si ese es el caso, ¿no significaría eso de que soy tuya o algo así?─ Ella se mordió el labio, mirándolo con ojos pesados.
─Eres mía─ Aclaró ─Así que no sé qué diablos estabas tratando de demostrar en es momento─
─Lo que hiciste anoche no fue agradable. Te quería, pero me dejaste. Me enojaste, así que estaba tratando de ponerte celoso─ Dijo, saliendo de sus brazos para volver a cambiarse y ponerse su propia ropa.
Ella ya no estaba recibiendo un masaje. Solo que no llegó muy lejos antes de que él la empujara hacia él.
─¿Aún me quieres?─ Preguntó contra su piel, besando su cuello con besos lentos y profundos.
─¿Ahora mismo?─ Ella se mordió el labio.
─Ahora mismo. Aquí mismo─
Colocando sus manos sobre su pecho, lo acompañó hasta que sus piernas tocaron el borde de la cama y se sentó.
Trató de tenerla en su regazo, pero ella tenía otros planes.
Cuando ella se arrodilló ante él, su erección creció en anticipación a lo que iba a hacer.
Lentamente, le desabrochó el cinturón y le bajó la cremallera de los pantalones.
Había dejado de hablar por completo, sus ojos clavados en ella, esperando ansiosamente que continuara.
La quería, la necesitaba para continuar.
Sabía que lo hacía, podía ver en la forma en que aumentaba su respiración, en la forma en que se oscurecían sus ojos.
Deslizando los dedos por debajo de la cintura de sus bóxers, se encontró con sus ojos suplicantes.
─Pensándolo bien─ Dijo, apartando las manos y poniéndose de pie ─Creo que quiero volver con las chicas─
La expresión de su rostro no tenía precio.
Trató de no reírse mientras caminaba hacia el baño para cambiarse.
─Miranda─ Gimió enojado, pero ella cerró la puerta antes de que él pudiera decir algo más.
Será mejor que haya aprendido la lección.