La noche antes del "Sí, acepto" Mazatlán vibraba de magia esa noche. El cielo estaba despejado, y la brisa marina parecía traer consigo una calma extraña, como si el mar supiera que algo importante iba a suceder al día siguiente. Todo estaba listo para el gran día: los centros de mesa, los arreglos florales con girasoles y bugambilias, el arco frente al mar, y hasta la pista donde bailarían por primera vez como esposos. Lea apenas podía creerlo. Iba a casarse. Pero esa noche, no podía dormir. Sus primas, sus amigas de la universidad y su hermana menor la habían convencido de tomar unos tragos, de bailar, de soltar los nervios con una última noche de risas, música y confidencias. Entre shots de tequila, carcajadas y canciones de Karol G que gritaban con el alma, Lea no dejaba de pensar

