Lo que el silencio dejó La llamada lo despertó a las 6:24 am. Aún estaba enredado con Lea, su respiración tibia sobre su pecho desnudo. Pero esa voz al otro lado del teléfono era la de su hermano, temblorosa, ahogada. —Papá… papá está muy mal, Pablo. Vente ya. No preguntó más. No lloró, no pensó. Solo se levantó, se vistió a prisa y acarició a Lea con ternura en la mejilla. —Perdóname, tengo que irme —le dijo en voz baja. Ella quiso hablar, pero él ya estaba fuera. ** El padre de Pablo murió dos días después. Y con él, una parte de Pablo también. La casa se llenó de flores, de abrazos falsos, de viejos amigos y familiares. Lea no estaba. No podía estar. No era parte del círculo íntimo. Y él lo entendía… aunque le dolía. Pero Paola sí fue. Con un vestido n***o elegante, maquil

