Sala de Juntas – Oficinas Valdespino El ambiente era tenso. El señor Valdespino tenía el ceño fruncido, la mirada fija en los papeles que sostenía, mientras Paola jugueteaba con sus uñas, nerviosa, pero con una sonrisa fría, casi desafiante. Pablo llegó puntual, serio, como si ya supiera que algo no iba bien. —Pablo, siéntate —dijo el señor Valdespino sin mirarlo. Su voz era áspera. —¿Qué ocurre? —preguntó Pablo, escaneando las expresiones. Valdespino lanzó sobre la mesa un folder grueso con hojas impresas y estados financieros. —Aquí hay movimientos irregulares. Grandes transferencias a cuentas fantasmas. Todo esto fue aprobado desde tu área, con tu firma. Pablo palideció. —¿Qué? Eso es imposible. Yo jamás… Paola intervino con una voz dulce en apariencia, pero cargada de veneno.

