"El sabor de la mañana" El sol se filtraba con timidez entre las cortinas. Lea despertó con el cuerpo relajado y una sonrisa tibia dibujada en los labios. A su lado, Braulio la observaba como si contemplara una obra de arte secreta, sus ojos enormes y aceitunados cargados de ternura y deseo. No hacía falta decir nada. Solo la miró y le acarició la mejilla con el dorso de su mano. —Buenos días, preciosa —susurró con voz rasposa y cálida. —Buenos días, chef improvisado —bromeó Lea, recordando que Braulio había prometido hacerle el desayuno. Él soltó una carcajada suave, se levantó con el torso desnudo, sus músculos marcados y la barba perfectamente desordenada. Lea lo siguió con la mirada, embelesada por su porte varonil pero natural, sin poses ni máscaras. En la cocina, Braulio prepara

