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Lo prohibido atrae

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Blurb

Henry, un multimillonario y padre soltero, entró en mi vida cuando su hija necesitó ayuda. Formamos una fuerte conexión que no podía ser negada. Nuestro amor nunca estuvo destinado a ser, ya que originalmente se planeó como un matrimonio falso. No importa cuánto lo intente, no puedo dejar de sentirme atraída por él. Nuestros sentimientos se hicieron más fuertes, y nuestros corazones naturalmente buscan lo que desean, haciendo imposible resistirse. Con su toque atento y su dedicación incansable a mi placer, la experiencia que compartimos supera los límites de una mera conexión física. Todo lo que es valioso para nosotros puede estar en riesgo cuando nuestros secretos del pasado salen a la luz. El poder inquebrantable del amor me llevó a confrontar mi pasado, luchar por la libertad y proteger a la familia que nunca esperé encontrar.

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Desperté con el maldito despertador sonando tan fuerte que sentía como taladraba mi cabeza. Las mañanas eran un campo de batalla para mí. Salí de la cama a trompicones, con el cabello desordenado y mi cuerpo implorando por una caliente taza de café recién hecho. Corrí al baño frenética, pareciendo un desastre en el espejo. ¿Cabello despeinado? Sí. ¿Ojos rojos y rodeados de ojeras? Sí. Me maquillé, intenté domar la bestia que era mi cabello a toda velocidad ya que evidentemente llegaba tarde. Finalmente, encendí la televisión, esperando las noticias matutinas, los anuncios y demás. Pero lo que vi me dejó sin aliento. Mi rostro apareció en la pantalla, acompañado de un titular alucinante: "Emily Smith, Sospechosa principal". ¿Qué? Parpadeé, pensando que había entrado en algún universo alternativo en el que mi gemela malvada había decidido convertirse en criminal. No podía procesar nada. Me pellizqué el brazo; solo podía ser un sueño. El dolor me devolvió a la realidad; esto no era un sueño. El pánico corría por mis venas mientras asimilaba las acusaciones. Era como estar atrapada en un tornado, sin tiempo para organizar mis pensamientos o desarrollar una coartada sólida. El mundo acababa de lanzar una bomba en mi vida, y yo estaba luchando por recoger los pedazos. Ignorando el nudo en el estómago, agarré mi bolso y salí corriendo del apartamento. Esquivando a los peatones como una profesional, evité por los pelos irme de lleno contra un puesto de frutas y hacer un desastre en vía pública. Las calles de Londres se convirtieron en una confusión nebulosa mientras corría hacia la oficina, mi corazón latiendo como un martillo neumático. Al atravesar las puertas de la oficina, recuperé el aliento y entré en la sala de mi jefe, con las palabras saliendo de mi boca como un alud verbal. — Valentina tienes que ver esto. ¡Te juro que soy inocente! ¡No robé ni un clip, mucho menos un millón de libras! Mi jefe, una mujer de rostro amable, pero con mirada lobuna, me miró por encima de sus gafas, con una mezcla de preocupación y diversión en sus ojos. — Emily, cálmate. Te creo. —¿Por qué? —respondí, aliviada por su apoyo, pero también insultada. —Porque eres tan astuta como un colibrí, y no puedo imaginarte haciendo algo así —dijo ella. Suspiré, con una mezcla de alivio y frustración dominándome. El aire parecía menos sofocante por primera vez desde que vi esa noticia. Pero la creencia de una sola persona no sería suficiente. Susurros y miradas de reojo me seguían como una sombra, transformando la oficina en un campo de batalla de sospechas. Las personas que solían ser amigables ahora evitaban mi mirada como si de repente hubiera crecido cuernos. Era como estar atrapada en un drama policial de la vida real, sin las emocionantes vueltas de trama ni los cortes comerciales. A medida que el día avanzaba, un sentimiento pesado se instaló en mis entrañas. No eran solo las falsas acusaciones lo que me preocupaba; me estaba ahogando en un mar de dudas. Las olas de incertidumbre amenazaban con engullirme por completo. En el fondo, sabía que para probar mi inocencia necesitaría más que la creencia de una sola persona. Sería necesario una guerra de inteligencia, pruebas concretas y una determinación inquebrantable para limpiar mi nombre manchado. Y yo estaba lista para luchar con uñas y dientes para recuperar mi reputación. *** Tomé mi teléfono y sentí la ansiedad recorrer mis venas. Al marcar el número de mi padre, me preparé para la conversación que podría determinar mi felicidad o mi desdicha. ¿Me creerían? ¿Estarían a mi lado a pesar de sus dudas sobre la carrera que elegí? Mi futuro dependía de esa maldita llamada telefónica. El teléfono sonó, y cada tono era un recordatorio estresante de la incertidumbre que pendía sobre mi cabeza. Respiré hondo, preparándome para lo que estaba por venir. Finalmente, la voz de mi padre resonó en el altavoz. —Hola, princesa, ¿Cómo estás? Eso era bueno, su tono era relajado igual que siempre, tal vez aún no había visto las noticias. —Papá... —Comencé, deteniéndome momentáneamente, dudando si valía la pena intercambiar cortesías. —Fui incriminada —solté, con las palabras cargadas de desesperación. —El noticiero dice que estoy involucrada en lavado de dinero, pero es todo mentira, ¡te lo aseguro! Hubo una pausa, un silencio pesado, antes de que la voz de mi padre llenara el aire. Sonaba fuerte y decidida. —¿Qué? ¿Qué ha pasado? Le expliqué la situación, comenzando por el hecho de que acababa de descubrir que era una de las principales sospechosas al millonario robo que se llevó a cabo en mi anterior empleo. Después de un suspiro profundo, respondió: —Te creo, princesa. Haremos lo que sea necesario para limpiar tu nombre. Me sentí aliviada y sorprendida por su apoyo inquebrantable, a pesar de sus reservas sobre mi trabajo en el banco. Tal vez entendía más de lo que imaginaba. Luego, mi madre intervino en la conversación con su habitual talento para el drama. —Asegúrate de que contratemos a los mejores abogados que el dinero pueda comprar, Fred. No podemos permitir que este pequeño escándalo manche nuestra preciosa reputación. No pude evitar poner los ojos en blanco ante su teatralidad, incluso en medio de una crisis. ¿Se preocupaba solo por la reputación? Papá nuevamente habló, confirmándome que conseguiría al mejor equipo de abogados, no podía quejarme. Tenía que reunirme pronto con ellos antes de que me capturaran, no quería estar tras las rejas. Al finalizar la llamada, la voz de mi padre mantuvo una determinación inquebrantable. —Emily, superaremos esto juntos. Descubriremos la verdad y expondremos a los bastardos responsables. —Sus palabras cayeron sobre mis hombros, encendiendo un fuego dentro de mí. Me sentí lista para enfrentar la tormenta que estaba por venir. *** De hecho, se avecinaba una tormenta. ¿Abogados? ¡No podían hacer absolutamente nada! Yo pensaba que los abogados debían ser esos genios legales que podían burlar las reglas como instructores de yoga drogados, pero esto era demasiado. Miré fijamente la carta en mis manos, con el corazón acelerado como el de un maratonista tomando esteroides. Ahí estaba, en blanco y n***o. Las acusaciones que hicieron que mi estómago se retorciera y girara como un pretzel en un procesador de alimentos. ¿En serio? ¿Yo, robando un millón de libras? ¿Cómo diablos pudo haber sucedido esto? Caminaba de un lado a otro en mi apartamento, con el peso de esas acusaciones presionando mis hombros como ladrillos. Las pruebas en mi contra supuestamente eran irrefutables, o al menos eso decían. Mi mente se agitaba, buscando desesperadamente una forma de escapar de esta pesadilla. Pero con cada segundo que pasaba, quedaba claro que estaba jodida. Y no de una manera pervertida y consensuada, entiéndase bien. Contacté a todos los abogados que pude encontrar, usando el nombre de mi padre como si estuviera jugando un juego retorcido de ‘Vamos a sobornar al sistema judicial’. Pero todos negaron con la cabeza, con pena y simpatía en sus rostros. Estas acusaciones no eran una broma, y mis posibilidades de salir de este embrollo eran tan pequeñas como las de una modelo de pasarela en una limpieza de jugos. Fue entonces cuando mi padre intervino, con el rostro marcado por la preocupación y la determinación. Tenía una amiga, Laura, una fiscal; ella era nuestra última esperanza. Así que mi padre tomó el teléfono, marcó el número de Laura y desahogó sus miedos y frustraciones, pidiendo ayuda. Observé a mi padre mientras caminaba de un lado a otro, su voz cada vez más desesperada con cada palabra. No era un hombre que pidiera favores, pero era la vida de su hija la que estaba en juego. Y por mucho que le costara admitirlo, necesitaba toda la ayuda que pudiera obtener. Me senté al borde del sillón, con el corazón acelerado. La conversación era silenciosa, pero capté fragmentos de lo que decían. —Sí, Laura, estoy bien. Escucha, mi Emily está en un lío... Oh, viste las noticias. Sí, ella es inocente. ¿Puedes hacer algo? Contuve la respiración, esperando que Laura hiciera magia e hiciera desaparecer esta pesadilla. Pero, a medida que la conversación avanzaba, mis esperanzas se desinflaron rápidamente como un globo pinchado. —¿Cómo que hay una condición? —exclamó mi padre, con la voz cargada de frustración. No pude escuchar la respuesta de Laura, pero la tensión en el rostro de mi padre lo decía todo. Este favor tenía un costo, y parecía que me involucraba a mí. Después de lo que pareció una eternidad, mi padre colgó el teléfono, con una expresión que mezclaba resignación y preocupación. Se volvió hacia mí, dejando escapar un pesado suspiro. —Emily, Laura está dispuesta a ayudar, pero... quiere algo a cambio. Me incliné hacia adelante, mi curiosidad despierta. —¿Qué quiere, papá? Una chispa de reticencia danzó en los ojos de mi padre cuando dijo las palabras que temía escuchar. —Quiere que te cases con su hijo. Casi me caí de la silla, con la mandíbula casi tocando el suelo. —Espera, ¿qué? ¿Estás hablando en serio? El rostro de mi padre se transformó en una extraña mezcla de simpatía y desesperación cuando me contó todo. — Cree que al casarte con su hijo, podrás ayudar a recuperar una antigua propiedad familiar en Liverpool que está en riesgo de ser subastada. Es su forma de preservar el legado de su familia. No podía comprenderlo. Era como si fuera un argumento sacado directamente de una comedia romántica cursi, en la que el amor queda en segundo plano frente al poder y la ambición. ¿Era esta la solución que me presentaban? ¿Tendría que sacrificar mi felicidad por mi libertad? —Pensé que era mi amiga —escuché decir a mi padre al fondo. Una ola de ira brotó desde lo más profundo de mi ser. No sería un peón en su juego enfermizo, una simple moneda de cambio en su retorcida búsqueda de dominio. No, al diablo con eso. Tenía que encontrar un camino diferente para limpiar mi nombre sin comprometer mis sueños y deseos. Con el fuego ardiendo en mi mirada, fijé los ojos en mi padre, con el significado claro en cada palabra que dije: —No, papá. No dejaré que esos idiotas me usen de esa manera. Encontraremos otro camino, aunque eso signifique enfrentarnos a las adversidades y abrir nuestro propio camino.

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