Alexander Dejar a Isabelle, rogando para que yo no bajase fue una de las cosas más difíciles que he hecho. Mi ángel estaba muy nerviosa. Pero no podía dejar de ir allí y dejarle en claro de una vez por todas que ese estúpido no tiene ninguna oportunidad con ella. Porque ella me ama, ahora es mía y lo será para siempre. Cuando llego a la recepción, el portero estaba en la puerta conversando intentando convencerlo de que se fuera o llamaría a la policía. —Quiero entrar. Déjenme pasar, inútil. —Váyase chico, el Sr. García no autorizó su entrada, está borracho. Acabará siendo arrestado, váyase a su casa y vuelva otro día con más calma, tal vez él lo reciba. —De ninguna manera, lárguese y nunca vuelva, idiota. Será una pérdida de tiempo —hablo con todo el odio. —Ah... ¡Por fin! Aparecist

