Capítulo tres

3003 Words
-Señorita Julia -la pelirroja lee los labios de la joven frente a ella, mientras mantiene los auriculares apretados en sus oídos con la melódica voz de Ed Sheeran inundándola-. Sus amigas están aquí. Julia suspira y asiente, deslizando lentamente los cascos por su cabeza hasta que caen alrededor de su cuello. -Gracias, Christie -le responde con una suave sonrisa-. Hazlas subir y por favor ¿nos ayudarías con algunas de esas galletas que tu mamá preparó? -echa la cabeza hacia atrás y olfatea-, puedo olerlas hasta aquí. La chica asiente y suelta una suave risita divertida, cubriéndose los labios. -Por supuesto, señorita. -Y ya te he dicho que no me digas señorita -hace una mueca al decir la última palabra-. Tenemos casi la misma edad. -Son formalidades -responde-, además estoy en el trabajo. -Oh, por favor -escupe-. Jugabas conmigo y con Reagan en nuestro patio trasero -recuerda-. Y es solo un trabajo temporal, hasta que vayas a la Universidad. -Sigue estando en horario laboral. -Bieeeen -suelta como un quejido-. Llámame como quieras -accede. La joven suelta otra risita y se prepara para salir de la habitación. -Haré que sus amigas vengan y traeré las galletas. -Gracias, Christie. Solo tiene un par de segundos de paz tras la salida de Christie, cuando escucha las risitas provenientes del pasillo junto a voces susurradas y constantes pisadas. Luego, la puerta se abre de golpe y Annie entra en la habitación seguida de Cindy y Kelley. Annie se lanza enseguida sobre el cómodo colchón de Julia y se retuerce hasta hallar una agradable posición, terminando con las impecables sabanas revueltas. -Pareces un gato -bromea Julia, girando en su silla. Cindy suspira y se deja caer sobre Annie, quien enseguida le gruñe y busca liberarse. -Busca tu lugar -dice dándole un empujón. Kelley suelta una risita y se sienta en una esquina de la cama, con las manos en el colchón. Su mirada cae en Julia y enarca una ceja curiosa mientras sus ojos la escudriñan. -Escuché algo sobre seducir a Reagan este verano -dice burlonamente y meneando sus perfiladas cejas. Julia pone los ojos en blanco y dispara dagas bañadas en fuego en dirección a sus otras dos amigas que fingen no estar escuchando. -Eso no es cierto. -¿Sabes? El próximo año tomarás la capitanía de las animadoras -comenta Kelley-. Y, como todos escuchamos los rumores, Ross entregará la capitanía del equipo de futbol a Reagan. -No me ha dicho nada -murmura la pelirroja. -Quizá aun no lo han hecho oficial. Julia hace una mueca y asiente lentamente. Tiene sentido, porque, de saberlo, Reagan le habría contado enseguida la gran noticia. Después de todo, ella fue su mayor defensora y animadora desde el momento en que decidió probarse para el equipo masculino de la escuela. -Ya, bueno -suspira después de un rato- ¿y eso por qué es importante? Annie salta a la defensiva, escurriéndose entre las sábanas hasta que su cabeza golpea el brazo de Kelley. -¿Qué no lo entiendes? -pregunta en un tono sarcástico-. Tú serás la capitana de las porristas y ella será la capitana del equipo de futbol, la mayor señal de que deben estar juntas -chilla. Julia les gruñe y echa la cabeza hacia atrás. -Eso es tan cliché. -No lo hace menos romántico. -Saben que Reagan odia los clichés. -Y tú los amas -refuta Cindy. Julia suelta un bufido y las mira. -En fin -vocifera-, olvidemos el dichoso tema y preparémonos -se empuja fuera de la silla giratorio y señala a sus amigas-. Tenemos una fiesta a la que asistir. -Esto no te salva, señorita -le asegura Kelley. -No tengo idea de que hablas. -Bien -Annie salta-. Vistámonos para asesinar. * Julia se posa en ropa interior frente al espejo, mientras ve los reflejos de Annie y Kelley revisándose los pechos la una a la otra. -Debo poner algo para que se vea más voluminoso, o lo dejo así -escucha a Kelley preguntar y ve a Annie dar un apretón. -Así está bien -asiente. Kelley suelta una risita y asiente, lanzándole un gracias acompañado de un guiño. Julia pone los ojos en blanco y niega con una sonrisa divertida, pero luego lleva sus manos a sus propios pechos y los presiona. -Esos sí que son buenos pechos -levanta la cabeza y ve a Annie detrás de ella, abrochándose la bragueta de sus pantalones cortos- ¿Ya decidiste que te pondrás? Porque tiene que ser algo que resalte ese precioso atributo que Dios te concedió. Julia chista divertida y rueda los ojos. -Aún no me decido -responde mientras se dirige a su gran armario y extrae dos vestidos veraniegos-. Los compré hace un par de días y pensé que podría utilizar alguno esta noche ¿Qué piensan? Kelley se detiene frente a la pelirroja mientras se acomoda los pendientes, con Cindy detrás de ella ajustando el cierre de su falda. -El rojo -responden todas después de echar una rápida mirada. -Favorecerá a tus tetas -asiente Annie. -Supongo que ese es el veredicto final -dice Julia en broma, lanzando el vestido descartado sobre su cama. Se lo pone y vuelve al espejo para asegurarse de que sea la decisión adecuada. Annie tenía razón, piensa mientras se acomoda los pechos. El escote hace que salten a la vista y se siente agradable. -Vamos a maquillarte -Cindy aparece sosteniendo su equipo para maquillar. -Hagámoslo entonces. * Cuando Reagan estaciona el auto, son poco más de las nueve de la noche y la fiesta parece estar en todo su apogeo. Se desliza fuera del auto y echa a andar a la casa. Hace una mueca y chista con diversión al ver a una pareja escondida cerca del garaje para besuquearse mientras atraviesa el camino de entrada. La puerta está abierta y el calor del interior golpea fuerte desde el momento en que pone un pie dentro. Una multitud de cuerpos se mueven de un lado a otro, sudorosos, al ritmo de la fuerte música que se escucha. Mientras atraviesa la pista principal para llegar a la cocina y tomar una bebida, se tropieza con otro par de parejas que se besan en las oscuras esquinas Consigue llegar en una pieza hasta la cocina y se encuentra con algunos de sus amigos bebiendo en la barra de desayuno. -Miren quien llegó -Ross grita y corre para atraparle en un abrazo y alzarle en sus brazos. -Ya era hora, Campbell -dice Sean, otro compañero de equipo, acercándose para tenderle un vaso rojo. -Lo siento -responde y da un largo sorbo a su bebida-. Tenía cosas que arreglar. Ross le rodea los hombros, pegándole a su costado. -¿Sabes? -trata de decir en un susurro, pero el fuerte retumbar de la música se lo impide, así que termina gritando-. Alguien ha estado buscándote. Reagan lo mira mientras sorbe otro trago de cerveza y enarca las cejas. -Oh, si -asiente Miles jugando con un balón de futbol en su mano. -Oye, cuidado con eso -advierte Ross-. Mamá me matará si algo aparece roto mañana. -Bueno, debiste pensar en ello antes de hacer una fiesta en tu casa -bromea Reagan. -Es mi última fiesta con ustedes -chilla el rubio. Luego le mira y le golpea la frente con el dedo índice-. No me cambies el tema. Reagan suelta una risita divertida y niega. -No estoy haciendo nada. -Nunca haces nada -gruñe Ross-. Y eso, mi querida amiga, es el problema -arrastra a Reagan fuera de la cocina y atraviesa el mar de adolescentes hormonales hasta llegar a la puerta corrediza que da al patio trasero, donde está la mayoría de chicas del equipo de animadoras. Ross levanta la mano y señala en dirección de un pequeño grupo de tres, donde Reagan puede distinguir el cabello ardiente de su mejor amiga-. Porque esa mujer se muere por un poco de tu atención … -Ross, ella es mi mejor amiga -refunfuña Reagan-. No vamos a tener esta conversación de nuevo. -En serio, no creo que exista persona más ciega que tú, Campbell -gruñe Ross. -No sé lo que piensas, pero no hay nada entre Julia y yo -responde Reagan-. Ella es solo mi mejor amiga. -Una mejor amiga por la que te mueres, no lo niegues -advierte severo y se pone las manos en las caderas. Reagan rueda los ojos y se cruza de brazos. -Y si fuera así, tampoco tiene mucha importancia -murmura-. No es como si ella sintiera algo por mí. -¿Es broma? -pregunta Miles, inclinándose sobre su hombro-. Esa pelirroja ardiente se muere por ti. -Ella es tan sexy -añade Sean con voz soñadora inclinándose sobre su otro hombro. -Aléjense ahora -gruñe Reagan. Ross suelta una risita. -Deben resolver lo suyo en estas vacaciones -le dice-. Después de todo, el próximo año serás la capitana del equipo. -No sé qué tiene … -¡Miró hacia acá! -grita Miles emocionado. Reagan regresa la mirada y encuentra a su mejor amiga sonriéndole. -Has visto alguna vez que una chica te sonría así -cuestiona Ross a los otros y todos murmuran un molesto no-. Será mejor que vayas ahí y hagas un movimiento antes de que alguien se te adelante. Créeme, tienes mucha competencia. Hace caso omiso a los murmullos de sus compañeros de equipo mientras mantiene su mirada fija en Julia que charla animadamente con Annie y Kelley. Entonces su corazón hace esa cosa graciosamente molesta dentro de su pecho. -Parece que viene -susurra Sean. Reagan siente un empujón y tropieza con sus pies. Ross le da una sonrisa inocente, pero se inclina para empujarle una vez más. -Okay, entendí -refunfuña y empieza a alejarse. Le ven alejarse de manera vacilante mientras beben de sus vasos rojos y teclean en sus teléfonos. -Ganaremos esta apuesta, chicos -asiente-. Esas dos terminaran confesando lo que sienten por la otra antes de que acabe la noche. * -Oye -dice Reagan al detenerse frente a Julia-. Woow -suspira con una sonrisa boba en su rostro-. Te ves muy bonita. Julia agacha la cabeza, haciendo una cortina con su cabello e impidiendo que su mejor amiga capte el sonrojo en su rostro. -Gracias -murmura-. Tú también te ves muy bonita -agrega mirando tímidamente el conjunto casual de jeans cortos y camisa de franela de Reagan. -Si -bufa burlona-, seguro. -Sabes que lo digo enserio. -También creí que decías enserio que no me volverías a hablar -bromea. Julia pone los ojos en blanco con fingida molestia, haciendo reír a Reagan. -Siempre tienes que ser una idiota. -Solo bromeo -asegura-. Sé que eres incapaz de no hablarme -dice con convicción-, me amas demasiado. -Si, una idiota total -asiente. -Te permitiré arrastrarme a la pista de baile sin quejarme para así redimirme de mi idiotez. -Oh, woow -murmura asombrada-. Está bien, puedes ser una idiota el resto de la noche, pero entonces bailaras conmigo en compensación. -Me parece un trato justo -asiente. Es entonces cuando ninguna de las dos dice nada, que ambas notan lo mucho que se han acercado. Reagan siente como la mano de Julia toma la suya y entrelaza sus dedos, mientras se miran a los ojos. -¿Vamos? * Bailan sin detenerse, con sus caderas chocando y sus manos recorriendo a la otra. Julia pega su espalda al frente de Reagan ocasionalmente, y siente la forma en que la respiración de su mejor amiga parece atascarse en su garganta en esos momentos, pero nota como se recupera enseguida y lleva las manos a sus caderas para ayudarla con los movimientos. Sus amigos se unen de vez en cuando y terminan haciendo alguno que otro baile en grupo, pero la mayor parte de la noche son solo ellas dos. No es hasta pasada la medianoche que se alejan y van por nuevas bebidas. Julia está a su lado mientras charlan animadamente con Ross y los otros chicos, y después de un rato se unen Annie y Cindy. -¿Kelley? -pregunta Julia. Annie señala a la pista, donde encuentran a la rubia colgando del cuello de Sean mientras bailan. Sus cuerpos están tan pegados que literalmente es imposible descifrar donde empieza el uno y termina el otro. -Supongo que podremos cerra esa apuesta -dice Annie, mirando a Ross. -Maldición, amigo -gruñe el rubio. Reagan niega y rodea a Miles para ir a la cocina en busca de una botella de agua. Necesita empezar a bajar el alcohol de su sistema antes de volver a casa. Enrosca la tapa de la botella mientras camina de regreso a sus amigos. Capta la suave sonrisa que Julia le lanza y su corazón vuelve a moverse intranquilo dentro de su pecho. Reagan es consciente que el mareo que le sobreviene no tiene nada que ver con el alcohol. Va tan distraído en su mejor amiga, que no capta el destello rubio en su periferia izquierda hasta que ya es demasiado tarde. Siente el tirón en su camisa obligándole a girar y tropieza con unos toscos labios que se posan sobre los suyos, besándole con ansiedad e inquietud. Puede percibir claramente el sabor del vodka barato en la invasora lengua que asalta el interior de su boca. Pero entonces abre los ojos, alarmado, y se aparta de golpe de la otra persona, girando la cabeza para encontrar a sus amigos mirando en su dirección sorprendidos. Reagan no se detiene mucho a pensar en sus reacciones, sino que desliza su mirada a la pelirroja cuyo ceño fruncido igualaba el mordaz apretón de su mandíbula. No sabía si lo estaba imaginando, pero Julia parecía estar lanzando dagas cubiertas de llamas ardientes en dirección de la rubia que no se apartaba. Y por la forma en que Annie la sostenía de la mano, manteniéndola anclada en su lugar, Reagan estaba seguro de que la pelirroja se había cabreado. Decide no pensar en la reacción de su mejor amiga, empujando la llama de esperanza que había comenzado a arder en su pecho ante los claros celos de Julia. Necesita arreglar la situación y llevarse a la chica lejos de aquí, porque créanle a Reagan cuando asegura que no es bueno cabrear a un pelirrojo. Así que vuelve la mirada y enfoca a la chica que le había besado. -Diane -suspira con cansancio y deja caer sus brazos a los costados de su cuerpo-. Creí que ya lo habíamos hablado -recuerda-, por favor no vuelvas a hacer eso. Además, estás ebria ... -No estoy ebria -niega con una sonrisa ebria en su rostro que no ayuda en su contradicción-. Apenas he bebido unas pocas copas -dice en medio de un asentimiento-. Entonces te vi bailando con esa perra -gruñe-. Cariño ¿Por qué me haces eso? Sabes que te amo y te perdonaría todo -acerca la mano al rostro de Reagan, pero Reagan la detiene y la aparta-, pero no puedo aceptar que estes cerca de esa maldita zorra de Julia Hill. Reagan se aparta, dando un paso hacia atrás, cuando Diane intenta abrazarla. -Detente -advierte en un rechinar de dientes-. No sé qué te hace pensar que tú y yo tenemos algo, pero te lo digo desde ahora: No eres nada para mi -declara-. Nunca hemos sido nada, ni lo llegaremos a ser. Diane echa la cabeza hacia atrás, y un destello de dolor brilla en su mirada que pronto se reemplaza con el fuego de la ira. -Me besaste, maldita -gruñe. -Fue hace tiempo -recuerda Reagan-. Estábamos ebrios y fuiste tu quien se me lanzó. -Me devolviste el beso -recuerda desafiante-. Fue suficiente para mí. -Pero no para mí -aclara-. Por eso no se ha vuelto a repetir. -Eres una estúpida -escupe enojada. -Baja la voz -gruñe-. No empieces un espectáculo ahora. -No quieres que tu linda Julia escuche lo perra que puedes llegar a ser -sisea. -Creí que había quedado claro cuando dije que ese beso había sido un error -Reagan suspira cansada-. Nunca pretendí ilusionarte así que déjame en paz -se aparta sin darle oportunidad de continuar con la riña, y se acerca a sus amigos. -Dude, ¿Qué fue eso? -pregunta Ross con los ojos hecho platos. -Nada, nada -niega. -¿Entonces si tenían algo? -reconoce la voz de Annie y la mira con una ceja enarcada. Annie parpadea y endurece su postura-. Había rumores de que ustedes estuvieron muy juntas en una fiesta y desde entonces empezaron a salir -cuenta-, siempre creí que era su forma de llamar la atención, pero después de este espectáculo … -Nunca estuvimos juntos, ni nada -aclara Reagan-. Ella sola se hizo la película. -Uff -Ross suspira con alivio-. Esa chica es un monstruo, no se la desearía a nadie. -Si, yo tampoco -bromea Reagan-. Creo que ya es muy tarde para mí, chicos -anuncia después de echarle un vistazo a su teléfono. Hay un gemido colectivo que le provocan una sonrisa divertida. -Si te vas, creo que deberías llevar a Julia -advierte Cindy-. No creo que quiera quedarse sin ti aquí -agrega con diversión-. Además, está un poco fuera de sí ahora mismo. Los ojos azul acero de Reagan escanean a su mejor amiga. Julia esta de brazos cruzados, con la mirada afilada siguiendo a la rubia, y parece no estar prestando atención a lo que dicen a su alrededor. Se muerde el labio con nerviosismo y da un par de pasos, cautelosos, acercándose a la pelirroja. Con los hombros hundidos tímidamente, suelta un suave carraspeo para llamar la atención de Julia. Se encuentra con la mirada de ojos cristalinos de su mejor amiga, y la respiración se le atasca en la garganta. -¿Te llevo a casa, Jules? -pregunta. Julia deja caer sus brazos y asiente repetidamente. -Si, por favor -responde-. Vámonos ya. Toma la mano de Reagan y las arrastra lejos de sus amigos en medio de rápidas despedidas gritadas al aire y movimientos de manos. Llegan al auto y Julia entra en el lado del copiloto en el instante en que Reagan lo desbloquea. -Genial -masculla Reagan en su camino hasta el lado del piloto-. Empezamos con pie izquierdo.
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