Así como Zack lo propuso, quien era ahora mi vecino y mi jefe, horas más tardes me alisté para mi primer día de trabajo. Estaba un poco ansiosa, a la vez un tanto asustada, pero lo que sí estaba segura, era que vería una vez más a Zack. Quien por alguna razón, me hacía contener el aire en mis pulmones de manera involuntaria cada que se acercaba demasiado. Lo único que pedía no ser, era aquella tonta chica del bar que le miraba a la distancia, sonreía mientras jugaba con su cabello y se ridiculizaba ante el resto de la población. Entonces, una vez lista, llevando pantalones negros, una camiseta blanca manga larga y una coleta recogida, respiré hondo para salir de casa. Apenas crucé un par de centímetros y sentí su puerta abrir. Quise apresurarme, pero no pasaron más de cinco segundo

