Al llegar al edificio, ya estábamos lo suficientemente mojados como para saber que nuestras ropas se irían inmediatamente al canasto. Subiendo rápidamente en el ascensor mientras nuestros pechos subían y bajaban con fuerza. No le respondí en todo el camino, y en ese instante, lo único que hice fue evitar su penetrante mirada. Mientras él ascensor subía, intentaba mantener la calma, controlar mi respiración y rogar entrar a casa. No dejaría que Zack fuese el tornado que cuestionara todo en mi vida, mucho menos aquel que pusiera de cabeza todo lo que durante años había construido. Él en silencio se acercó hacia mi, el agua de la lluvia caía por nuestros rostros y cabello, llevó sus manos sobre mi rostro, pasando lentamente hasta subir mi barbilla y obligarme a verle fijamente. —Tara,

