Al estrechar su mano, un leve escalofríos recorrió mi cuerpo entero, ese mismo que aparecen muchas veces para advertirte lo que está por venir o aquel mismo que llega solo por el viento de las calles.
Sonreí ante su propuesta, sintiéndome tranquila al saber que finalmente, ayudaría económicamente a mis padres, eso sin tener que dejar la carrera que se había convertido en mi vida.
—Me agradas, Tara. —soltó Zack sin más al recostar su cuerpo del asiento, mientras jugaba un poco con su cabello y finalmente cruzaba sus brazos ante él.
—No me conoces, siquiera un poco. —reproché.
Él rió negando. —Eres algo difícil y obstinada. —asintió. —Pero sé lo suficiente de ti para saber que me agradas. ¿Qué hay de Kelly? Es una mujer hermosa, probablemente lo suficiente como para ser modelo o algo así, ¿por qué perder el tiempo de hombre en hombre? —cuestionó. —¿Hay algo con ella?
Yo suspiré y negué. —Sus padres ls obligan a estudiar medicina, cosa para la cual es pésima. Y ella solo se enfrasca en llevarles la contraria. Creo que ese es su modo de demostrarlo. —insistí.
Él negó a lo bajo. —Una lástima. Es preciosa. —susurró.
Yo entonces rápidamente entendí. —Se trata de eso, ¿cierto? Te gusta Kelly. —afirmé.
Él me miró fijamente, frunciendo levemente su frente y apoyando sus brazos sobre la mesa que nos separaba. El olor de café llegaba hasta mis fosas nasales y aquella sonrisa rápidamente se formuló sobre sus labios.
—Probablemente, puede ser. —confesó. —De ser así, ¿me ayudarías con eso? —cuestionó.
Asentí muy rápido. —Ya es momento de que Kelly tenga un amor que no solo la utilice para sexo. —reproché. —Merece más que eso.
Él rió con un poco de sarcasmo. —Bueno... —rascó su nuca. —Probablemente yo también quiera un poco de eso. —confesó.
—¡Zack! ¡que asco! —chillé golpeando su brazo rápidamente. —Y de ser así, siquiera quiero saberlo.
Él no pudo evitar reír a carcajadas luego de eso. —¿Asco? Tara, es algo que todas las personas hacen, y más seguido de lo que parece. —recordó. —Solo observa allí, —señaló fuera de la cafetería una chica conversando con un hombre a la lejanía, ella jugaba con su cabello mientras él se acercaba cada vez más a sus labios. —¿Lo ves? Probablemente corran después de allí a tener sexo. —avisó. —Es normal que dos cuerpos sienten deseos por el otro, al igual que cuando dos personas cuando se aman. Es algo completamente inevitable del cuerpo, y algo totalmente necesario. —insistió. —Luego de que ya tu sabes... Puedo pensar mejor, puedo tocar con más soltura, estoy más alegre, soy una mejor persona. —confesó con un poco de burla.
Yo reí negando y golpeando una vez más su hombro. —No digas tonterías, Zack.
Él entonces rápidamente frunció su frente, observando cada parte de mi mientras intentaba encontrar algo de lo cual no hablaba.
—No has tenido sexo, ¿cierto? —preguntó. —Por eso el asco, por eso el temor al hablar de eso. —susurró al finalmente entender.
Negué muy rápido con bastante nerviosismo. —Para nada, Zack. ¿Quien sería virgen a esta edad? Totalmente imposible. —balbuceé.
Él rió acercándose a mí y pasando sus dedos por mis brazos. —Tara, no me mientas. —pidió. —Y no te avergüences de eso, al contrario, deberías sentirte orgullosa de no estar con cualquiera que solo quiere usar tu cuerpo.
Suspiré. —¿No te reirías de mi si te confieso algo? —cuestioné.
Él negó muy rápido. —Soy una tumba, no digo, ni opino nada.
Reí con un poco de nerviosismo al jugar con mis manos y evitar a toda costa su mirada. —Bien, soy virgen, pero tiene un motivo, tiene una razón. —recordé. —Soy creyente, mi familia ha sido religiosa toda su vida... —avisó. —Y queriendo hacer las cosas como son, he pensado en guardarme hasta mi futuro esposo. Hacer las cosas como las dictan la iglesia. —expliqué. —Terminar mi carrera, encontrar un hombre, casarme, perder la virginidad y formar una familia. Sencillo. —terminé por decir.
Él me observó en blanco. —¿Lo dices en serio? ¿O me tomas el pelo? —cuestionó.
Ante sus palabras sorpresivas, rápidamente me arrepentí de decirlo. Rápidamente me arrepentí de compartir mis ideales.
—No estoy mintiendo, Zack. —solté. —Veo que no debí siquiera pensar en que tú lo entenderías. Debo irme, tengo que estudiar. Ya perdí mucho tiempo contigo. —insistí poniéndome de pie inmediatamente.
Al dar un paso, sería Zack quien me tomaría del brazo, deteniendo mis pasos y obligándome a verle fijamente en silencio.
—Lo siento. —balbuceó. —Te dije que no juzgaría lo que estabas por decir e igual lo hice. —dijo con pena. —Respeto tus ideales, solo que es la primera vez, al menos en esta generación, que oigo algo así. —confesó.
Fruncí mi frente al verle. —¿En esta generación? —pregunté.
Él asintió. —Creo que es algo que siempre oímos de nuestros padres, nuestros abuelos... Pero es algo que sin duda, ninguno de nosotros había deseado seguir. —susurró. —Por eso simplemente es extraño, me tomaste por sorpresa. Eres una mujer brillante y preciosa, cualquiera sería afortunado de estar contigo.
Yo negué. —Pero yo no quiero estar con nadie, Zack. Esa es la diferencia entre tu y yo, la diferencia entre Kelly y yo. La quiero, la quiero un montón, pero no apruebo, ni aprobaré jamás que esté haciendo lo que hace. Pero al igual que yo, se que todas las personas son libres de elegir lo que son, libres de lo que hacen... Ahora, si me lo permites, quiero volver a casa. —pedí al salir de su agarre, caminando fuera de allí y apresurandome muy rápido para alejarme de él.
—¡Tara! ¡Tara, espera, no te vayas! —oí su voz correr tras de mi.
Fingí no oír, continuando mi paso en silencio mientras metía mis manos dentro de mi suéter. Pero rápidamente, comenzaría a llover.
No dude en levantar mi mirada al cielo, observando lo nublado que estaba, apresurandome a correr sin pensarlo en dirección a casa.
—¡Tara! ¡Espera! —oí una vez más tras de mi. —¡Hay que esperar, no podemos mojarnos! ¡Puedes enfermar! —advirtió.
Pero en aquel intento de huir de él y de aquellas preguntas que sabía no quería responder, solo corrí sin mirar atrás, corrí sin esperar que él me alcanzara por completo.