AGNES
Parece que el médico hablaba en serio, en algún punto del día me quedé dormida y pude descansar mucho, a mi parecer, me desperté algo sobresaltada pero recuperé mucha energía.
―Pues tenía razón el médico ―murmura Beatriz.
―Pero no hay que confiarse ―dice Connor, al que siento tenso.
―Lo sé, lo sé, pero descansé mejor que los últimos días ―admito frotando mis ojos y bostezando un poco.
―Que bueno que te sientas descansada, ¿cómo sientes la herida? ―comenta B para preguntar algo más preocupada.
―Cuando me muevo duele, pero escuece igual ―digo sintiendo molestia en el área, supongo que cambiarán la venda por una nueva pronto.
―No sé qué planean hacer contigo, pero si las palabras del médico son verdad, aprovecha todo lo que te ofrezcan aquí ―me dice Connor, estoy de acuerdo con él, debo recuperarme pronto.
Me quedo pensativa debido a su idea, ¿debo continuar con el plan de huir?, pues claro, ¿por qué me lo cuestiono?, estos hombres han demostrado su odio contra mí, a pesar de que su Alfa me ha ayudado a salir de la confrontación, confundiéndome sus razones.
Escucho que tocan la puerta, reacciono saliendo de mis pensamientos para desconcertarme.
―Hum… ¿pa-pase? ―digo dudosa, creyendo que es el médico, pero, ¿y si no lo es?, me tenso de inmediato ante este cuestionamiento.
Dolor repentino aparece en mi abdomen, parece que me he tensado tanto olvidándome de mi herida, miro fijamente la puerta ser abierta, casi ruego que sea el médico y no otro hombre, y mis suplicas parecen ser escuchadas, suelto el aire contenido, relajo mi cuerpo soltando un quejido y haciendo una mueca de incomodidad miro al médico entrar lentamente a la habitación.
―Hola, ¿cómo te sientes? ―pregunta entrelazando sus manos al frente.
―Pude dormir un poco, pero la herida no parece darme tregua ―digo sin contener mi comentario.
―Te daré un analgésico pero no se lo digas a nadie, el Alfa quiere limitar tus cuidados, sólo si estas en peligro de muerte se me permite actuar, lo siento ―me dice, asiento entendiendo, era de suponerse que no me iba a curar completamente, seguro estará muy contento de ver mi dolor, maldito.
―Entiendo ―digo algo molesta, estoy anhelando recuperarme pronto para poder enfrentar a ese Alfa.
―¿Tienes hambre? ―pregunta dando un par de pasos hacia mi, causando que me ponga alerta un poco, él se percata de eso y se detiene a unos metros.
―Algo ―digo mirando sus movimientos.
―Te traerán de comer en un rato, confía en mí, no tiene nada de lo que tengas que preocuparte ―me dice muy confiado y seguro, algo me dice que puedo confiar en él pero mi razón, y Connor, me dicen que no me confíe mucho,
―Bien, gracias ―digo seria, no me gusta que me miren débil e indefensa, como me siento y estoy ahora, pero no tengo su habilidad de curación rápida, la cual les envidio un poco ahora mismo.
―Aún no sé cuando vendrá el Alfa, lo he evadido un poco para que te recuperes un poco más ―me dice dejándome sorprendida, ¿ha evadido a su Alfa por mí? ¿Por qué? No respondo, lo miro pensando en sus posibles razones o lo que gana él haciendo esto, y no veo muchas opciones seguras.
―Bueno, vendré a verte luego ―dice al sentir el ambiente tenso, se dirige a la salida.
―¿Por qué me ayudas? ―suelto mi pregunta haciéndolo detenerse. Lo escucho suspirar y girarse a verme por un momento.
―Porque soy médico, y ya te lo dije, creo en el destino ―Sale sin dejarme responder o procesar lo que ha dicho. Otra vez con lo del destino, me quedo confundida por sus palabras, ¿serán palabras clave? No estoy segura, su amabilidad me causa desconfianza, pero tranquilidad al mismo tiempo. Mierda, que confusión.
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Hace rato vino un chico a traerme una bandeja con comida, me miró con desconfianza y algo de desagrado.
―Ni se te ocurra hacer un movimiento estúpido ―me advierte acercándose con la comida, lo miro rodando los ojos.
―Digo lo mismo ―contraataco irritada, el dolor y el hambre me ponen de mal humor.
―Come, el Dr. Thomas insiste en que lo hagas, así que será mejor que obedezcas ―suelta con frialdad, tengo tantas ganas de retarlo pero el doctor, que ahora sé que le dicen “Thomas”, me ha dicho que me dará un analgésico, supongo que por eso quiere que coma, así que me contengo de rechazar la comida por orgullo. Me esfuerzo por sentarme, me quejo por el dolor, sin evitar las muecas en mi rostro, el chico sólo me mira exasperado, sin importarle en absoluto mi sufrimiento. Tomo la bandeja con mi mano libre, mi muñeca izquierda sigue esposada en una barra de la camilla, le pregunté al médico por qué estaba esposada si no puedo ni moverme, él respondió: “son ordenes del Jefe de Seguridad, y por lo tanto del Alfa”, bufé, claro que no me hará sentir cómoda aquí.
Escucho golpes apresurados en la puerta, y antes de responder con un “pase”, el médico entra algo alterado, me desconcierta y comienzo a pensar en las posibilidades.
―Oh, ¿vas a comer? ―pregunta poniéndose a los pies de la camilla, lo miro confundida, y él mira al joven al lado mío haciéndole una seña para que salga, él me lanza una última mirada de desprecio y sale de la habitación.
―¿Qué pasa? ―pregunto ante su comportamiento nervioso.
―El Alfa vendrá a verte dentro de media hora ―la noticia me angustia, es muy pronto, no puede verme así.
―Pero, dijiste- ―comienzo a decirle un poco nerviosa.
―Sé lo que dije, pero ya ha decidido, así que será que comas rápido ―dice, su actitud tranquila de la última vez que estuvo aquí es sustituida por nerviosismo, incluso me atrevería a decir que de angustia.
Me quedo callada, ocultando mis emociones, no pensé que lo vería de nuevo tan rápido, ni que acabaría aquí pero ya está hecho. Suspiro pesadamente, mirando la comida delante de mí, mi estómago gruñe, abro los ojos y miro al hombre, por la pequeña sonrisa que se forma en su rostro sé que lo ha escuchado. Debo comer, necesito comer esto para enfrentar al Alfa.
―Gracias por avisarme, y por la comida ―digo sincera, seria por lo que se viene.
―No hay de qué, come para darte el analgésico ―insiste acercándose al aparato que marca mis pulsaciones.
Comienzo a tomar bocados de la comida, no voy a tener miedo, ya no más, salí de mi comunidad buscando vencer mis miedos, aunque irónicamente por eso huí también, me preocupa que no pueda defenderme si me llegan a hacer algo, así que debo actuar astutamente.
“No toda la fuerza está en lo físico”, me dijo el psicólogo de mi manada una vez.
Conforme termino los alimentos miro como el Dr. Thomas mira desesperado el reloj de la pared, no sé por qué se preocupa él cuando la preocupada debería ser yo, sus razones tendrá, voy a mantenerme tranquila, él quiere que tenga temor de él y de su manada, pero no lo va a conseguir, no le voy a otorgar eso ni nada.
―No tarda en llegar ―me dice moviéndose por la habitación.
―¿Quiere quedarse quieto?, me está mareando ―le digo algo seca, sí estoy nerviosa pero su nerviosismo me comienza a molestar.
―Lo siento ―se disculpa deteniéndose al final de la camilla.
Siento mi corazón acelerarse un poco, y la máquina lo confirma, me ruborizo incontrolablemente, niego con la cabeza negando las emociones que amenazan con salir. Me quita la bandeja de mi regazo
Tocan la puerta, mi corazón da un brinco, miro al médico que abre los ojos por un momento, ambos sabemos de quién se trata, suspira y se acerca rápidamente hacia mí lado antes de que la puerta se abra de par en par.
Mis ojos se encuentran con las de él, mirándonos serios, sin mostrar nuestras emociones, vaya, una cosa en común. Dos guardias vienen detrás de él, y el hombre que me ha interrogado primero en la prisión también está presente, al que también le lanzo una mirada fría.
―Dr. Thomas ―saluda al médico, este hace una pequeña reverencia con la cabeza en forma de saludo―. Informe ―pide serio, su cara dura y su mandíbula apretada mirándome fijamente comienza a incomodarme a la vez de irritarme, lo miro igual, a mí no me va a intimidar tan fácilmente.
―La cirugía salió bien, como puede ver, ―Me señala que estoy perfectamente despierta―, la herida ha sido suturada, pero va a tardar un tiempo en recuperarse ―dice controlando su nerviosismo que me ha mostrado antes.
El Alfa me mira con altanería, lo que me enoja y estrecho mis ojos sin desviar mis ojos, casi haciendo un concurso de miradas, el que parpadea primero pierde.
―¿Qué hacemos, Alfa? ―pregunta la cara conocida de la prisión, esperando la orden de su superior.
Empuño mis manos controlando mi enojo hacia ellos, uno de los guardias me ve y su furia se refleja rápidamente en su rostro. Se acerca rápido a mi lado, miro que el médico se mueve fuera de su camino, me sorprendo que el guardia se haya acerado así, lo sigo con la mirada, pero la desvío sin quitar mi cara dura.
―Abre las manos ―dice secamente, no lo obedezco y lo ignoro para mirar al Alfa, retándolo con la mirada, él no se interpone en la decisión que ha tomado el guardia―,¡he dicho que abras las manos! ―me grita en el oído, hago una mueca por lo cerca que ha gritado, pero sigo sin obedecerlo, nadie hace nada, ni el médico quien se queda a un lado en silencio.
Siento que el hombre me toma de la muñeca libre, apretándola y es cuando la preocupación aparece cuando creo que me va a romper la mano y el hombro por la fuerza que implementó en jalarla. Aguanto un grito de sorpresa y dolor, tanto en mi muñeca sujetada por el hombre furioso, como de mi abdomen al ser sacudida.
Por mi orgullo sigo sin obedecer, el enojo y odio en mi mirada hace enfurecer a mi atacante, por lo que me jala de la mano para levantarme, olvidando que estoy esposada del otro lado, me duele el estómago y el impacto de las esposas en mi otra mano, grito sin poder evitarlo, siento rasgarse mi herida, y mi piel de mi mano bajo el metal, lágrimas de dolor amenazan con salir, para acompañar a mi expresión contraída por el dolor.
―¡Ya suéltala, vas a hacer que la herida se abra! ―escucho exclamar a uno, y estoy segura que fue el médico. Jalo mi mano aún en un puño, intentando liberarme del agarre fuerte.
―¡Agnes, abre la mano! ―me grita Connor, sin pensarlo abro mi mano, haciendo aflojar por la falta de fuerza, sintiendo más dolor, la siento temblar, no sé si por el dolor que me ciega o la presión del hombre.
―Suéltala ―escucho una voz seria pero firme.
Abro la mano, y en cuanto lo hago el hombre me suelta, mi brazo cae a un lado, dejo a mi cuerpo desplomarse y acerco mi mano a mi pecho, con los ojos cerrados, mi respiración agitada en mi intento de controlar el dolor y mis quejidos, siento mis ojos húmedos, siento enojo, vergüenza, ganas de golpearlo. Cuando abro mis ojos comienzo a ver borroso, o por las lágrimas acumuladas o el dolor insoportable, seguro se abrió mi herida.
Todos se quedan en silencio, ahora no me atrevo a mirar al hombre que está frente a mí, no quiero ver su mirada triunfante por verme sufrir, escucho mi respiración pesada, me siento decepcionada de mi muestra de debilidad, pero estoy furiosa por el hombre que me ha obligado a mostrarlo.
Cuando enfoco mi mirada le lanzo una mirada de muerte cuando está de nuevo al lado del Alfa, él me la regresa sin arrepentirse de lo que ha hecho.
―Mantenme informado ―el Alfa se dirige al médico atónito a unos metros de mi costado. Se gira para irse, aguanto mis ganas de gritarle al maldito guardia, las emociones de los alters salen a flote, desesperación, furia, miedo.
―Sí, Alfa ―dice un poco aturdido el hombre a mi lado.
Se va, así sin más, en cuanto se cierra la puerta, suelto los quejidos que llevo aguantando por un rato, siento humedad en mi herida, y duele como horrores.
―Déjame ver ―se acerca el médico, no protesto a su petición. Mueve la sábana, exponiendo el vendaje, bajo la mirada y me encuentro con que la sangre ya comenzaba a atravesar la tela en mi abdomen. Ese maldito.
―Voy a matarlo. ―Escucho a Connor decir entre dientes.
―Te apoyo ―Concuerda Beatriz con las palabras de C.
No digo nada porque estoy de acuerdo con ellos, quiero regresarle mi dolor.