Capítulo 10 El espectador era Martin Ricardo. La vida, para él, no era el producto de la resignación pasiva, sino el de una conflagración particularmente activa. No desconfiaba de la vida, no le disgustaba, y todavía menos se sentía inclinado a lamentar sus desengaños; sin embargo, tenía una intensa consciencia de las posibilidades de fracaso. Aunque distaba mucho de ser un pesimista, no era hombre que hiciera castillos en el aíre. No le gustaba perder; debido no sólo a lo desagradable y peligroso de las consecuencias, sino también a los efectos nocivos que pudieran recaer sobre su concepto de sí mismo. Éste era un trabajo especial, de su personal invención y, por lo demás, bastante novedoso. No seguía, por así decir, la línea habitual de sus iniciativas —excepto, quizá, desde un punto de

