Hoy no pude levantarme temprano, ni el sonido de los hombres ejercitándose fuera de mi ventana pudo conmigo. Estaba completamente agotada porque pasé la noche dando vueltas en mi cama pensando que hacer si quedarme o irme, arriesgarme a pasar tres meses aquí o volver a la seguridad de mi hogar y olvidarme de todo este asunto. Mi lado racional me decía que me marchara y me olvidara de esto, pero la curiosidad que había en mí me pedida que me quedara y averiguara quien es la persona de mis sueños.
A lo lejos comencé a escuchar mi nombre, era la voz de un hombre que me llamaba de eso estaba segura y cada vez se escuchaba más cerca, hasta que sentí una sacudida y abrí los ojos.
Helios estaba frente a mí, su cara estaba cerca de la mía y sus manos se sentían calientes sobre mis brazos. Que rico se sentía tenerlo tan cerca de mí, sentir la calidez que emanaba de su cuerpo, su aliento a hierbas frescas y sus intensos ojos azules mirándome.
Volví a cerrar los ojos para quedarme con la imagen mental de su mirada y su hermosa cara frente a la mía.
— ¿Thea estas bien? — preguntó preocupado.
—Thea — dijo en un susurro.
Me gustaba como se escuchaba mi nombre cuando él me llamaba, parecía una dulce melodía, que se arruinó cuando comenzó a alzar la voz, claramente enojado.
— ¡THEA! — gritó mientras me sacudía violentamente.
Abrí los ojos de golpe
— ¡PARA! Me estás haciendo daño — me quejé.
— ¿Qué rayos pasa contigo? — preguntó enojado. — ¿Por qué sigues acostada a esta hora?
—Porque me siento mal, Helios. Estoy muy cansada, tengo tanto sueño que no puedo mantener mis ojos abiertos.
Volví a cerrar los ojos, pero Helios no me dejó, comenzó a sacudirme otra vez.
—Mantén los ojos abiertos y explícate mejor.
—Anoche no pude dormir, tengo sueño. ¿Así o necesitas una explicación con dibujitos? — respondí exasperada.
Helios me soltó los brazos y metió sus brazos debajo de mi espalda
— ¿Qué haces? — pregunté sorprendida.
Cuando Helios me ubico bien entre sus brazos me levanto en contra de mi voluntad y me sentó en la cama, luego me soltó y se sentó a mi lado.
—Estoy ayudándote a despertar. — respondió con una sonrisita arrogante.
—Nadie te pidió ayuda, yo no me quería despertar.
—Me puedes explicar por qué no dormiste anoche. Ayer te fuiste a tu habitación muy temprano, no tiene sentido eso.
—Me quede hasta tarde hablando con alguien.
En los ojos de Helios vi un chispazo de algo extraño, molestia o enojo quizás, pero su cara estaba inexpresiva.
— ¿Quien? — pregunto con frialdad.
—No es tu problema. Lo que si te interesa saber es que me quede hasta tarde pensando en esa conversación y por eso me costó mucho dormir.
— ¿Estuviste hablando con Eros?
—Puede ser que si o puede ser que no. Si así fue no es tu problema, me dijiste que usara mis horas libres para perder el tiempo hablando con él. — respondí.
A Helios no le gustó esa respuesta, lo sé porque se puso rígido, parecía estar muy tenso a pesar de que su rostro seguía inexpresivo.
—Tienes razón, pero se convierte en mi problema cuando me afecta a mí. Te perdiste del desayuno y retrase mis actividades por venir a ver qué pasaba contigo.
— ¿Ya pasó la hora del desayuno? — pregunté sorprendida.
—Sí, Thea. En este momento deberíamos estar en el jardín, pero tú estás aquí malgastando mi tiempo.
Se levantó y camino hacia la puerta.
—Te espero en el jardín interior, tienes 15 minutos, si no llegas te quedaras todo el día recluida en tu habitación y no te llevaré a la Aldea.
Antes de que pudiera protestar se fue y me dejo con la palabra en la boca.
Idiota y mil veces idiota, lo odio tanto, quien se cree que es para darme ordenes de esa manera.
Él me prometió que me llevaría a la aldea para buscar a alguien que pudiera interpretar mi sueño con exactitud y ayudarme a encontrar respuestas, eso me lo prometió hace días si no voy hoy no podré ir nunca, mañana regreso a mi mundo y no puedo perder esta oportunidad. Me levante rápido de la cama, me lave la cara y los dientes, me vestí y salí corriendo al jardín a buscar a Helios.
Cuando llegué al jardín las mujeres estaban guardando las herramientas de jardinería en el pequeño closet de madera que estaba en la esquina del jardín, eso quiere decir que me pasé la mitad de la mañana durmiendo, con razón Helios está de pésimo humor.
—Al fin te dignas a aparecer. — dijo una voz a mi espalda, no me hacía falta darme la vuelta para saber que era el rubio que me está volviendo loca.
—Claro, como no, si armaste un escándalo en mi cuarto. — respondí sin girarme para encararlo.
—No te armé un escándalo, solo fui a despertarte. — se puso frente a mí. —Pero si tanto te molesta que yo te despierte le pediré el favor a Eros la próxima vez. — cruzo sus brazos frente a su pecho.
— ¿Estas celoso de Eros?
—No sea ridícula, Thea. Lo digo porque pareces llevarte mejor con él que conmigo, a pesar de que tú y yo nos conocemos mejor.
—Ummm, ya veo, supongo que mal interprete las cosas.
—En fin ¿vas a querer ir a la aldea sí o no? — preguntó irritado.
—Sí, claro, me lo prometiste, estarías rompiendo una promesa y los caballeros como tu siempre cumplen su palabra ¿o no? — pregunté con una sonrisa maliciosa.
Me encanta usar sus palabras en su contra.
—Así es, yo siempre cumplo con mi palabra, pero si te la pasas durmiendo toda la mañana no podemos ir. — relajo sus brazos.
—Ok, vamos.
Salimos del templo y llegamos a un pequeño establo, me sorprendió muchísimo porque Helios nunca me dijo que tenían un establo, me quedé sorprendida.
— ¿Por qué no me dijiste que tenían un establo?
—Nunca me preguntaste
—No me imagine que unos monjes podrían necesitar un establo.
—Por milésima vez, no somos monjes.
—Pudiste mostrarme este establo durante el tour por el templo.
—No creí que fuera necesario, además este establo no lo contamos como parte del templo, solo es algo extra.
— ¿Por qué?
—Porque lo construimos hace poco. A medida que crecieron las aldeas y surgieron las pequeñas ciudades nos dimos cuenta que necesitábamos caballos para poder movernos en casos de emergencia.
—Si construyeron esto hace poco quiere decir que no tenían caballos antes, entonces ¿cómo se movían?
—A pie.
—Ohhh, están locos.
—No teníamos necesidad de salir del templo, solo para buscar las provisiones necesarias.
—Ya entiendo.
—Genial, dejemos de charlas y vamos de una vez. Sostén la puerta para sacar este caballo.
Sostuve la pequeña puerta del establo y Helios saco un caballo de pelaje marrón, muy bien cuidado. Cerré la puerta y dejé atrás a los otros 4 caballos, me dirigí hasta el árbol donde Helios había atado al caballo.
Puso una especie de silla y luego guardó una bolsa y un pote para el agua. Se subió al caballo con una agilidad que me dejó impresionada.
—Vamos, súbete.
— ¿Cómo pretendes que lo haga, jamás en mi vida me he montado en un caballo? — pregunté arqueando una ceja.
—Haz lo mismo que hice yo.
—No tengo la más mínima idea de que hiciste tú.
Helios puso los ojos en blanco
—¡Por la diosa! Deja de perder el tiempo, Thea, acércate al caballo y haz el intento, yo te ayudo desde aquí. — dijo exasperado.
Me acerque al caballo, lentamente toque su espalda y puse una mano sobre él y trate de dar un brinquito, pero no funcionó. Helios se bajó del caballo enojado y me levanto por las piernas.
—Pon las manos arriba e impúlsate para terminar de subirte, hazlo con un solo movimiento. — ordenó Helios.
Intenté hacer lo que me dijo, pero me confundí y al final él termino por empujarme hacia arriba y logré subirme al caballo. Él se impulsó con un movimiento ágil y rápido para quedar sentado justo detrás de mí. Estiro sus brazos hacia un lado y desató al caballo, luego estiro sus brazos a mi alrededor y agarró las riendas del caballo y comenzamos a andar.
El cuerpo de Helios estaba completamente pegado a mi espalda, podía sentir el latido constante de su corazón retumbando en mi espalda y sus grandes brazos acorralándome, se sentía tan bien. El cuerpo de Helios emitía una calidez embriagante, podría estar todo el día paseando con él en este caballo y no me cansaría.
—Entonces este es tu primer paseo a caballo, supongo que debería ir despacio para que te acostumbres poco a poco.
—Sí, por favor. — respondí.
—Que lastima que pásate toda la mañana durmiendo y perdimos mucho tiempo, debemos ir rápido sí o sí.
No me dio tiempo de responder Helios movió con furia las riendas y el caballo comenzó a correr como si el demonio estuviera a punto de atraparnos y tuviéramos que escapar. De mi boca se escapó un grito que no pude controlar y me agarré lo más fuerte que pude del borde de la silla del caballo y cerré los ojos. En mi espalda sentí la vibración que emitía el cuerpo de Helios, supongo que se estaba riendo de mí, pero no me importo.
Pasé todo el camino con los ojos cerrados, los abrí cuando sentí que bajábamos la velocidad. Frente a mí se veía la entrada de un hermoso pueblito, supongo que ya habíamos llegado a la aldea.
—¿Ya llegamos verdad? — pregunté.
—Sí, solo son 15 minutos a caballo, 10 si vas rápido.
—Ummm, entiendo, por eso decidiste ser cruel y cabalgar rápido, solo para ahorrarnos 5 minutos.
Helios se bajó del caballo, yo me giré para bajarme, cuando él me agarró la pierna para evitarlo.
—No, quédate en el caballo, yo te digo cuando bajarte.
Entramos en el pueblo, Helios iba caminando llevando las riendas del caballo y yo estaba sentada en el caballo observando todo.
Las calles eran de tierra, bastante rustico, levantando mucho polvo cuando pasaban las carretas. Las casas eran rusticas, unas hechas de pura madera, unas de piedra y unas pocas tenían una combinación de piedra y madera. Los negocios se diferenciaban de las casas porque tenían grandes letreros de madera guindados de sus techos, para que los que transitaban la calle supieran a donde dirigirse. Nosotros nos detuvimos frente a un lugar que se llama “Casa de Madam Mystic”.
—Ahora sí, bájate. — dijo Helios.
—¿Cómo me bajo? — pregunté.
Helios puso los ojos en blanco y exhalo con mucha fuerza.
—Solo lánzate, yo te atrapo — respondió un poco enojado.
—¿No me puedes explicar?
—Solo bájate, yo te agarro, confía en mí. No tenemos tiempo que perder, debemos regresar rápido al templo.
Dude unos segundos, pero lo hice, moví ambas piernas hacia la derecha para quedar sentada de lado y luego me lance hacia Helios. Él me atrapo por la cintura y luego me puso en el suelo.
—Gracias.
—De nada, Thea.
—¿Qué es este lugar? — pregunté mientras observaba la pequeña casa de piedras frente a nosotros.
—Aquí vive alguien que puede ayudarte con tus sueños. — respondió mientras tocaba la puerta. — Entraras tú sola, yo me quedaré aquí para vigilar el caballo y no me iré sin ti, tranquila.
Antes que pudiera responderle se abrió una rendija en la puerta. No se veía la persona que estaba al otro lado, pero seguro que esa persona nos podía ver.
—¿Si? — preguntó una voz femenina.
—Ella viene a ver a Madam Mystic, quiere saber sobre un sueño. — respondió Helios.
El pequeño cuadrado se cerró y Helios puso en mi mano una pequeña bolsita de tela bastante pesada.
—Eso es para pagar cuando termine, no le des el dinero hasta que estés por salir — susurró Helios en mi oído.
Yo asentí con la cabeza mientras laa puerta se abrió un poco y la persona que estaba del otro lado saco la mano para hacerme señas.
—Entra — exigió la voz femenina.
Yo tragué pesado y entré. Lo primero que vi fue una chimenea pequeña con el fuego encendido, una pequeña mesa de madera con dos sillas, la pequeña casa tenía tres puertas, dos del lado derecho de la sala y otra a la izquierda. Cerca de la puerta de la izquierda estaban unas escaleras que llevaban al segundo piso, no se veía a nadie.
Escuché como se cerraba la puerta a mi espalda y me di la vuelta. Ahí estaba parada a mi espalda una mujer de piel morena con un cabello blanco, que resplandecía como la plata, le llegaba hasta las rodillas. Tenía un vestido azul eléctrico que tenía una capucha tan grande que me impedía ver su rostro.
—¿Madam Mystic? — pregunté
—Sí. — respondió y avanzo hacia la puerta que estaba al lado de las escaleras —Sígueme, por favor.
Asentí e hice lo que me pidió. Entramos a la pequeña habitación, me dio escalofríos ese lugar.
Era un cuarto pequeño, quizás más pequeño que mi habitación en el templo. No tenía ventanas, lo que hacía que todo se viera muy tenebroso, la única iluminación era una pequeña vela que estaba encima de una mesa de madera.
—Siéntate, por favor — me pidió la mujer.
Caminamos juntas hasta la mesa, yo me senté y ella se llevó la vela, avanzó y comenzó a encender las antorchas que tenía dentro de la habitación. Pronto todo quedo iluminado de color naranja por las llamas de las antorchas, ella caminó hasta la mesa y se sentó frente a mí.
Ahora que la habitación estaba completamente iluminada podía ver todo mejor, las paredes eran de piedra, tenían unas argollas que sujetaban las antorchas que ella acaba de encender. En las paredes de piedra se podían apreciar unos dibujos de estrellas y pequeños planetas. La mesa redonda de madera tenia los mismos símbolos y grabados.
Yo estaba concentrada viendo todo cuando ella estiro sus manos hacia a mí.
—¿Por qué viniste a este lugar? — preguntó.
—Vine porque quiero saber que significan mis sueños. — respondí.
—Dame tus manos — pidió.
Con un poco de miedo puse la pequeña bolsa de dinero debajo de mi pierna para mantenerla apretada, no iba a dejar que ella agarrara el dinero hasta el final como me pidió Helios. Luego subí mis manos a la mesa y le agarré las manos. En ese instante sentí que una corriente eléctrica recorría todo mi cuerpo.
—Ahora muéstrame tus sueños, mi niña, déjame entrar — dijo Madam Mystic — Comienza a recordar tu sueño, recuerda cada detalle, como se ve, como huele, como se siente.
Yo hice lo que me pidió, me concentré en mi sueño, pero no sabía que esperaba ella o si debía contárselo así que subí la mirada y esta vez sí pude ver su cara. Mis ojos se fijaron en sus ojos, eran orbes amarillos brillantes. Mis ojos quedaron fijos en sus ojos que parecían brillar cada vez más, una luz parecía salir de sus ojos y la habitación poco a poco se oscureció dejando todo en tinieblas, poco a poco el brillo de sus ojos desapareció y quedé envuelta en la oscuridad, pero no cualquier oscuridad, tardé unos minutos para reconocerlo y entender lo que estaba pasando. Estaba en el bosque de mis sueños, ese sueño que se había detenido hace semanas, estaba de vuelta, pero ¿en qué momento me dormí? ¿Cómo es posible?
Estoy en el bosque, escucho una voz que me llama y me pide que lo encuentre, comienzo a caminar en medio de la oscuridad tratando que llegar a la voz misteriosa que me llama sin parar. Me desespero porque no puedo hablar, no sale ningún ruido de mi boca, no importa cuanto lo intente no puedo hablar. Cuando estoy por rendirme lo veo, esta oscuro, pero puedo ver un hombre adelante en el claro del bosque y apenas lo veo mis pies corren a su encuentro. No sé quién es, no lo conozco, pero corro desesperada para llegar a él y lo abrazo por la espalda, pero esta helado como si abrazara un bloque de hielo y las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos, me invade una angustia que no puedo controlar. Lentamente él se voltea y sostiene mi cara con sus manos, cuando lo veo se me hiela la sangre porque no tiene rostro. Me invade el pánico, mi cabeza me dice que debo huir de él, pero no puedo estoy inmóvil. Todo el bosque comienza moverse y la oscuridad comienza a devorarlo todo y poco a poco voy cayendo en el vacío hasta que aterrizo en el suelo de un bosque.
Esta vez es un bosque soleado, ya no hay oscuridad solo luz y colores. Veo muchas flores y árboles, al parecer estoy en el claro del bosque, se escucha el sonido de una cascada y sin pensarlo camino en la dirección del sonido. Avanzo hasta que puedo sentir la humedad en el aire y el rugido del agua cayendo, atravieso un área llena de árboles y logro ver la cascada, avanzo en su dirección, pero me detengo al ver que no estoy sola. Un hombre está parado frente a la cascada, dándome la espalda. No sé porque no me detengo, sigo caminando hacia él porque me siento atraída hacia él, siento un anhelo como si ya nos conociéramos y lo hubiera estado buscando. Cuando estoy a unos pasos de alcanzarlo, estiro mi brazo para tocarlo, él parece darse cuenta de mi presencia y se voltea, pero no logro ves su rosto. Él desaparece en un torbellino de colores, que poco a poco se van desapareciendo hasta que todo se estabiliza y me doy cuenta que sigo sentada en la habitación de Madam Mystic y ella tiene mis manos apretadas muy fuerte.