Mi habitación estaba ubicada en el ala exterior, en la mima zona en la que duermen las aprendices, así es como llaman a las mujeres que viven en el templo. Es decir, que mi habitación está en la zona del templo dedicada a las habitaciones de mujeres. Mi cuarto estaba en la esquina, al final del pasillo principal, una habitación pequeña en comparación a la que tengo en mi mundo. Tiene una cama individual, un baúl de madera rectangular debajo de la ventana que sirve para guardar cosas y para sentarse, un closet pequeño y una mesita con una silla que sirve de escritorio. Lo bueno es que mi habitación venía con baño, según me explico Thomas no todas las habitaciones traen baño, solo unas cuantas, las que usaban para huéspedes importantes. El baño es mucho más pequeño que la habitación, tiene una letrina con un asiento que se usa como inodoro y un área para bañarse, tiene un barril enorme con agua y de ahí agarras agua. Según me explico Thomas, yo debo cargar mi agua para tener agua disponible para bañarme, lo que hace que se me quiten las ganas de bañarme, nada divertido tener que cargar mi propia agua.
Decidí sacar mi celular y tomar unas cuantas fotografías para tenerlo de recuerdo y me acosté a descansar un rato mientras esperaba a Helios, me dejaron claro que no debía salir sola de mi cuarto porque aún no conocía el lugar y no querían que estuviera por ahí rondando e interrumpiendo las actividades del templo. Sin darme cuenta me quede dormida, me despertó el sonido de la puerta.
—¡Entre! — dije aun adormilada en la cama.
Se abrió la puerta y entró Helios, se quedó mirándome fijamente, cerró la puerta y avanzo hasta la cama.
—Me imagino que no te has recuperado de la borrachera de anoche. — se quejó Helios.
—Me aburrí de esperarte y me dormí, la verdad lo que tengo es hambre.
—En ese caso llegué a buena hora, vengo a llevarte a comer y después de eso terminaremos nuestro recorrido por el lugar. No quiero que te pierdas y te metas en problemas.
—Que bueno, tengo tanta hambre que podría comerme una pizza mediana yo sola — me senté en la cama y me estiré.
—Antes de eso cámbiate — me lanzo una tela color hueso en la cara.
—¡Oye! — me quejé quitándome la tela de la cara —¿Qué es esto?
—Es la ropa que usan las mujeres aquí. Te lo traje para que te vistas acorde al lugar, todo el mundo sabe que no eres de aquí, pero aun así debes vestirte como lo hacemos aquí para que puedas mezclarte e integrarte.
—Ummm no estoy muy segura de eso de integrarme — dije insegura.
—Tranquila, ya te dije que nadie va a tocarte ni hacerte nada. Estaré contigo todos estos días, serás mi sombra por una semana. — explicó con una risita.
—Eso no suena muy divertido... Supongo que en la reunión te pidieron eso.
—Sí, me pidieron que fuera tu guía y evitara que te metas en problemas. Ahora cámbiate para que podamos ir a comer. Te esperaré afuera.
Me cambié lo más rápido que pude, era como ponerse un vestido, fue fácil ponérmelo. Era una ropa similar a la de Helios la diferencia es que tenía una tira en la cintura para ajustarla y era un poco más corto. Me sentía como en una película griega y yo era una diosa griega muy sensual. Lo malo es que aquí no había espejos así que saque mi celular y puse la cámara frontal para ver que tal me quedaba, nada mal, me tomé un selfie y guardé el celular en el bolso, en el baúl que estaba cerca de la ventana guardé la poca ropa que traje, el cuaderno y la libreta, solo deje la cámara polaroid y mi celular. Cuando abrí la puerta Helios no me dejó salir del cuarto.
—No te voy a dejar salir con eso — dijo señalando mi bolso.
—¿Por qué no? — pregunté confundida.
—Porque eso no encaja con este mundo y no lo necesitas.
—Claro que sí, aquí llevo mi cámara y mi celular.
—Umm, ya te dije que hoy no lo necesitas, mañana te dejaré tomar fotos. Hoy vamos con calma, solo un tour para ver y que conozcas donde está ubicada área en el templo.
—Bueno — respondí de mala gana, regresé apagué el celular y dejé todo guardado en el baúl.
Comenzamos a caminar juntos al comedor, Helios me explico cómo ver la diferencia de los pasillos para que no me perdiera cuando caminara sola, pasamos por los salones y después por la cocina, el comedor estaba justo al lado de la cocina. En el camino traté que Helios me contara lo que hablaron en la reunión del consejo, pero dijo que era privado, solo para los miembros del templo.
—Lo único que te incumbe es que todos aceptaron que estés aquí temporalmente como invitada, nadie te va tratar como las mujeres de aquí, a menos que tu cambies de opinión y te animes a ser entrenada por nosotros.
—¿A qué te refieres? — pregunté confundida
—Me refiero a que si quieres puedes quedarte más de una semana y unirte al templo temporalmente, vivir la experiencia al cien por ciento. — dijo con una sonrisita.
Mordí mi labio, como siempre hago cuando estoy nerviosa, me ponía nerviosa tan solo considerar la idea de unirme a este templo y cometer un error y terminar en cuatro siendo follada por un extraño. ¿Y si el que me castiga es Helios? Lo vería desnudo y mi sueño se haría realidad, bueno de una manera un poco retorcida, yo quisiera tener sexo normal común y corriente con él, nada de lo que hacen aquí.
—No tienes que asustarte, ni ponerte nerviosa, no te estoy proponiendo nada, solo te contaba lo único que puedes saber de la reunión.
—No estoy nerviosa — mentí.
—Claro que sí, te estas mordiendo el labrio y arrugas la frente. Me di cuenta que lo haces cuando estas preocupada o nerviosa. Lo haces demasiado, deberías relajarte un poco más o ser menos obvia con tus emociones— explicó Helios.
—Eso no es cierto, no lo hago tanto y tampoco son tan obvia.
—Lo que digas.
El comedor era una sala amplia con muchas mesas y bancos de madera, para mí se veía como las tabernas de las películas, pero con más estilo y sin los borrachos. Yo me senté a esperar la comida mientras Helios iba a buscarla a la cocina, el lugar estaba vacío porque ya la hora de comer había pasado y todos estaban ocupados en sus obligaciones. Comimos arroz con vegetales y carne, la comida estaba muy sabrosa, Helios se quejó porque las hamburguesas sabían mucho mejor que esto. Al finalizar la comida nos fuimos a recorrer todo el lugar, un recorrido agotador pero entretenido, el único lugar al que Helios no me permitió entrar fue al Santuario de la diosa Calylis. Lo observe desde afuera, unas puertas de madera decoradas con una filigrana dorada que creaba un efecto precioso, parecía que la puerta estuviera recubierta con encaje dorado, era muy hermoso.
—¿Por qué no puedo entrar? Si se supone soy una invitada deberías tratarme mejor.
—Porque eres impura.
—¿Disculpa?
—Dije que eres una mujer impura
—¿Y qué me hace impura? Según tú — pregunté irritada.
—Que no perteneces a este lugar, cualquier foráneo es impuro, o te lo tomes como algo personal. Solo pueden entrar los que quieran unirse a nuestra causa.
—Es decir que ninguna mujer puede entrar a este lugar
—Si pueden, al menos las que aceptan entregarse en cuerpo y alma a este lugar.
—Ummm, sigo sin entender.
Helios resopló irritado
—Las mujeres que viven aquí tienen permitido entrar al santuario porque ellas a su manera son parte del templo y al aceptar entrenarse aquí aceptan recibir a nuestra diosa en su vida y su cuerpo.
—Ummm, no tiene nada de sentido lo que dices, pero aceptare esa explicación por ahora.
—Eres irritante, nunca entiendes nada. Creo que ya entiendo porque nunca me explicabas nada y preferías que buscara las explicaciones en internet.
—Exactamente, eras como un dolor de cabeza, que bueno que ahora comprendas. Yo seré tu pesadilla por una semana — dije con una gran sonrisa.
—Pobre de mí, solo espero que el día que te vayas me traigas una hamburguesa de despedida por haberte tenido tanta paciencia. — dijo con ojos de perrito.
—Ya veremos, eso dependerá de si te portas bien conmigo o no.
—Yo soy un caballero, claro que me ganaré esa hamburguesa.
Me reí mientras caminábamos de regreso a mi cuarto. Me recosté de la puerta y miré a Helios, se veía tan guapo y perfecto, pasamos todo el día caminando de un lado a otro por este lugar y su cabello se veía perfecto ni un pelo se había movido de su lugar. Helios se dio cuenta de mi mirada penetrante y se giró, avanzo hasta mí y puso ambas manos en la puerta, cada mano a un lado de mi cara, yo quede atrapada entre él y la puerta. Me miraba fijamente a los ojos, mi corazón comenzó a acelerarse y sentí que me fallaban las piernas. ¿A qué estás jugando Helios? ¿por qué me haces esto? Estas buenísimo y me derrito por ti, pero es un pecado desearte.
—Mi día comienza a las 4 am aproximadamente ¿estás dispuesta a levantarte temprano? — preguntó con una sonrisita.
—Ni de chiste, eso es muy temprano. —respondí tratando de mantener la calma.
—Entonces vendré a buscarte a la hora del desayuno. Cuando te despiertes te bañas y te vuelves a poner estas ropas, yo te traeré otros dos cambios para que tengas ropa de remplazo y no tengas que usar lo mismo una semana. ¿Entendido? — preguntó.
—Sí, entiendo ¿ya me dejas ir? Me siento atrapada.
Helios comenzó a reírse.
Las ganas de besarlo me estaban consumiendo, él estaba tan cerca de mí que podía sentir el aroma sutil de su cuerpo, su aliento frutal por el jugo de naranja que se tomó en la cocina antes de traerme a mi cuarto. Sus labios entre abiertos, incitándome a besarlos. Esto es demasiado para mi pobre corazón, me va a dar algo.
—No te muerdas el labio de esa manera, te vas a lastimar, deberías buscar otra manera de liberar la tensión — Me dijo Helios con una sonrisita — Y no estas atrapada, eres libre, simplemente estas parada en el sitio donde yo puse las manos.
—No parece y me estás haciendo sentir muy incómoda ¿por qué me acorralaste contra la puerta? — pregunté frunciendo el ceño y dejé de morderme el labio, no quería que pensara que lo estaba provocando al morderme los labios.
—Porque me di cuenta que cuando estamos tan cerca me prestas atención y preguntas menos. Cuando te sientes intimidada te quejas menos. — respondió
—¡Oye! — me quejé y pasé por debajo de su brazo y me liberé. —Mejor vete a dormir Helios, nos vemos mañana.
Helios se echó a reír y se quedó recostado de lado sobre la puerta, definitivamente se veía más relajado que en la tarde, ya no se veía tan rígido y distante.
—¿Ya te cansaste de mi o me tienes miedo? — preguntó con una sonrisita maliciosa.
—Ya me cansé de ti, en este mundo no tengo televisor ni internet para mantenerte distraído y descansar de ti — respondí.
—Ni lo menciones, me alegra volver a casa, pero entraño la televisión y el internet ni se diga — dijo mientras fingía llorar. Se incorporó y se separó de la puerta y la abrió. —Buenas noches, Thea, nos vemos mañana, procura no dormir hasta el mediodía
—Nunca me levanto tan tarde, no hables — me queje.
—Ya veremos, Thea
Helios se dio la vuelta para irse, ni me dio tiempo para darle las buenas noches ni espero a que entrara a mi habitación. Quería pasar un rato más con él, cuando le dije que estaba cansa de él no era cierto, la verdad es que me encantaba estar con él, aunque sentía que me volvía loca. Me quedé ahí parada como una tonta hasta que lo perdí de vista al cruzar en la esquina del pasillo.
Suspire y entre a mi habitación, lo mejor que podía hacer era acostarme a dormir, estaba segura que mañana sería un día largo.