Elizabeth estaba perturbada, recordaba las palabras de August Miller. Su cabeza era una maraña de ideas a medias que no podían concretar una sola, Douglas le pidió que entrara al consultorio. Tomó asiento —Elizabeth, debiste confiar en mí, contarme todo, si ese hombre no hubiese recapacitado, ahora estarías presa, ¿Lo entiendes? Ella asintió sin mirarlo —¿Qué fue lo que paso? —Bueno, dado que Otto Sayer se entregó a las autoridades de propia voluntad por haber cometido fraude fiscal a tu nombre, y además fraude contra ti, y por si fuera poco fingió su muerte, irá preso por suficiente tiempo —dijo Douglas, miró su rostro en pánico y entendió todo —Será mucho tiempo ¿Verdad? —En realidad, mañana dictaran sentencia, por un lado, Sayer pagó mucho dinero por la evasión fiscal y por los da

