Un nuevo horizonte. 1
El calor se filtraba por las ventanas rotas del castillo antiguo que apenas se podía mantener en pie. Los sirvientes habían renunciado hace muchos años y la única persona que ahora habitaba dicho lugar. Era una mujer de aspecto fúnebre y demacrado cuyo nombre era Eleonor Manchester. La mujer deambulaba de arriba a abajo como alma en pena que busca algún lugar en donde descansar.
Su esposo, George Manchester la había abandonado en ese lugar tan carente de vida cuando ella se había hecho demasiado "mayor" como para concebir más hijos y se olvidó de ella.
Sus tres hijos hicieron lo mismo que su padre y no la buscaron.
El último día de la vida de Eleonor lo vivió en completa soledad y postrada en una cama por una enfermedad que era fácilmente tratable con un poco de tratamiento. La fiebre le quemaba el cuerpo por completo y el dolor de cabeza le taladraba el cerebro sin piedad. Hasta que por la noche cuando sintió que daría su último aliento se levantó de la cama y se puso de rodillas frente a la imagen de Dios y rezo por una última oportunidad para vivir jurando que no volvería a cometer los mismos errores del pasado.
Su cuerpo inerte cayó como un costal. Lo último que vio fue a la imagen salir del cuadro para ponerle una mano en la frente y susurrar cosas sin sentido.
Al abrir los ojos de nuevo se encontró a sí misma en una habitación idéntica a la que tenía cuando vivía con sus padres de joven. Miro sus manos y estas eran diferentes. No estaban llenas de cayos ni de ampollas por el trabajo rudo, al contrario, estas estaban suaves y tersas.
Con rapidez se tocó la cara y se paró de la cama para verse en el espejo. En él se reflejaba la figura de una chica delgada y de cabello rubio brillante. No lo podía creer. había vuelto en el tiempo a cuando era una joven ignorante del mundo.
Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas regordetas y rosadas. Al final termino por caer al piso por los nervios qué sentía en ese momento.
Inmediatamente, un par de sirvientas ingresaron con rapidez y la ayudaron a levantarse del piso con cuidado.
—¿se encuentra bien, señorita Eleonor?—pregunto una de ellas.—¿tan emocionada está por casarse con el marqués de Manchester?
—¿quién?
—el marqués señorita, su gran amor.
En ese momento Eleonor recordo todo. El marques de Manchester era muy codiciado por las señoritas de la alta sociedad por tener una cara agraciada y una lengua aduladora. El estómago se le revolvió de solo pensar en que debía casarse de nuevo con ese cerdo mentiroso.
—Verónica ¿dónde está mi padre?
—su padre está en la oficina junto al marqués. Están dialogando acerca del matrimonio entre los dos.
—necesito cambiarme de ropa para ver a mi padre.—dijo Eleonor con severidad y las sirvientas no dudaron en hacer lo que les pedía.
Una vez lista se encaminó hasta la oficina de su padre. En el camino observo como todos los sirvientes le sonreían y le daban los buenos días con una cordialidad inusual para ella que había vivido en soledad durante demasiado tiempo.
Al llegar toco dos veces y luego ingreso. Hizo una reverencia a su padre y tomo asiento al lado del marqués.
—¿qué es lo que necesitas? —dijo con seriedad.—Estoy en medio de una discusión.
—he venido a decirle que no planeo casarme con el marqués
Los dos hombres en la sala se miraron entre si con el ceño fruncido.
—¿qué? ¿De qué estás hablando ahora?—pregunto el padre de Eleonor.
—lo qué digo, es que no quiero casarme con un hombre como el marqués.
—¿no me habías dicho hace pocos días que si no te casaba con el te abstendrias de comer adecuadamente? ¿que paso con eso?
—ya lo pensé mejor y no necesito a un hombre como el en mi vida.
El hombre mayor suspiro y se rasco la frente con fastidio.
—hablamos de esto mas tarde.—contesto finalmente antes de hacerle una seña al caballero para que se llevara a Eleonor.
El caballero acompañó a Eleonor hasta su habitación de nuevo. Al final no había logrado nada con pedírselo a su padre que siempre había sido un hombre severo de carácter y que raramente cambiaba de parecer.
El temor de que todo terminara de la misma forma que en su última vida la invadió por completo y la paralizó al instante. Con sigilo se acercó a la tabla de madera suelta dentro su habitación para sacar de ahí una botella de whisky y una caja de cigarros que escondía de la vista de sus sirvientas.
Tomo un vaso y organizo sus ideas. Cuando se dio cuenta la noche ya había caído. Guardo de nuevo las cosas en su lugar y media hora mas tarde su padre ingreso a a habitación.
—¿pasa algo?—pregunto Eleonor.
—el marque ofreció mas por tu mano. No pude negarme a ello.
—pero papá... yo no quiero hacerlo.
—lo siento, pero ese es tu destino como mujer. Así que prepárate para ser una buena esposa y tener muchos hijos como lo hizo tu madre.
—mi madre no quería tener más hijos y, sin embargo, tú la obligaste a tenerlos... Por eso murió joven ¿eso es lo que quiere para mí?
—morir durante el parto es algo inevitable, Eleonor. Además el destino de toda mujer es servir a su marido incluso si eso no es lo que quiere.
—¿mi destino es ser usada solo para dar hijos? si es asi entonces lo rechazo por completo. Jamás seré la esclava de un hombre como mi madre.
—¿que planeas Eleonor?—pregunto el hombre abriéndose paso entre la oscuridad.—sabes muy bien que aunque no te cases con el marques lo haras con cualquier otro hombre que me ofrezca una buena suma por ti.
—¿siempre he sido una moneda de cambio para ti?
—¿qué más podrías ser? Una mujer jamás podrá hacer nada por su propia cuenta... Porque son estúpidas por naturaleza.
Eleonor tragó grueso y apretó los puños con fuerza.
—yo te demostraré totalmente lo contrario padre. Yo soy más que una cara bonita.
—¡ha! Eso quiero verlo. —dijo caminando a la salida.— al final vendrás rogando que te deje volver, pero sí te vas esta ya no será tu casa.
Y salió azotando la puerta. Eleonor no pudo más y termino cayendo de rodillas al piso por la presión.—por lo menos no me golpeo—pensó y una risita salió de su boca.
se levanto del piso y rebuscó entre sus cosas las joyas que su madre le había regalado antes de morir. Con ternura recordo sus últimas palabras como si fuera el último empujón que necesitaba para escapar de su horrible destino al lado de un hombre que la veía como un objeto de deseo. Y esas eran: "mi pequeña Eleonor recuerda siempre que la infelicidad, no es un error...es una decision que a veces viene acompañado de un matrimonio"