Un nuevo horizonte. 3

1227 Words
Uno de los requisitos primordiales para emigrar al imperio era simplemente llenar un papel con tu nombre completo, edad y nombre de tus padres en particular; no obstante, solo aplicaba para varones de todas las edades. Las mujeres tenian estrictamente prohibido llenar el formulario por lo que siempre era requerido que viajaran acompañadas de un hombre de su familia que pudiera validar su identidad. En cuanto llego a la frontera los caballeros que custodiaban la entrada la dejaron pasar con rapidez. Sin hacerle preguntas de ningun tipo ni observarla mas de lo necesario. Eso fue algo qur agradecio enormemente. Su nuevo nombre ahora era Paul Leonhart. Tomando prestado el apellido de soltera de su madre y un nombre al azar. Con el firmo los documentos y de inmediato obtuvo el permiso de ingresar al imperio. Una vez dentro de la cuidad fronteriza ubico la casa de joyas más cercana y se adentró en ella. Intercambio todas las joyas que llevaba consigo por monedas de oro que le servirían hasta llegar a la capital y conseguir un empleo. Eleonor sabia que la vida sería dura a partir de ahora, pero a pesar de eso estaba feliz por poder tomar las riendas de su propia vida. Al salir del local, camino por las calles en busca de un hostal en donde conseguir alojamiento antes de que la noche cayera sobre su cabeza y se viera obligada a dormir de nuevo en la intemperie. Por suerte no tardo mucho en encontrar un lugar adecuado en donde descansar. El nombre del local era extraño, aunque se veía seguro. Al entrar se encontro con multiples personas bebiendo en mesas hechas de madera por lo que eleonor dedujo al instante que tambien se trataba de una cantina. Con calma se acercó a la barra y le pidio con amabilidad al hombre que atendía una habitación pequeña para ella. El le entrego una llave plateada y le indico como podia encontrar la habitación sin perderse. Eleonor asintio y comenzo a caminar en la dirección indicada. Su repentina aparición atrajo la atención de todos los presentes en el bar por su extraña apariencia afeminada. Aunque al final nadie le dio importancia y continuaron bebiendo en silencio. A excepción de un hombre misterioso sentado en una de las mesas al fondo. Al llegar, cerro la puerta con seguro. Con rapidez dejo sus pertenecias en su espacio, se sentó en la cama y comenzó a quitarse la ropa para poder tomar un baño de agua caliente antes de planear su próximo movimiento. El agua tibia le envolvió el cuerpo con una calidez extraordinaria y le relajo el cuerpo al instante. Un par de minutos de relajación fueron suficientes para recuperar las fuerzas necesarias para seguir el trayecto por la mañana. Eleonor pensaba seriamente en comprar un caballo para no pagar tanto en un carruaje de ciudad en ciudad hasta que un ruido proveniente del cuarto la alertó al instante. Se levantó de la bañera apenas escucho el ruido y con rapidez se colocó la ropa que había dejado cerca de ahí. El corazón le empezo a palpitar con rapidez y las manos le temblaban por la ansiedad. Con sigilo abrió la puerta del baño solo para toparse frente con la espalda ancha de un hombre el doble de alto que ella. En ese momento se quedó paralizada y no pudo hacer nada más que temblar como un pequeño borrego asustado. El hombre dio media vuelta y miro a Eleonor con unos ojos fríos e inexpresivos que le hicieron temblar como gelatina. Esa mirada le recordaba tanto a su exmarido que por instinto esperaba que aquel hombre misterioso la golpeara sin piedad. El silencio inundó la habitación hasta que el sujeto soltó una pequeña risita, con pasos lentos se acerco a ella y en voz baja le dijo al oído—pensé que eras una mujer muy bonita, muchacho. Que lastima.—y se dio media vuelta para retirarse sin decir nada más. En cuanto el sonido de la puerta le llego a los oídos a Eleonor, cayó de rodillas sujetándose el pecho como si este fuera a salirse de su lugar en cualquier momento. Una sensación de desconfianza la invadió y por su propia seguridad decidió salir en busca de un nuevo lugar para hospedarse. En el camino se compró una capucha oscura y larga para no ser notada de nuevo por algún hombre con malas intenciones. La experiencia la dejaria marcada por mucho tiempo, pero apesar de eso habia una leccion muy importante que aprender. Nunca confiarse demasiado. Al día siguiente, después de cambiarse de lugar, tomo sus pertenencias y las guardo en la maleta. Ya era hora de seguir su camino hasta la capital con el caballo que había comprado recién. Subió las cosas al animal y lo monto. Aunque realmente no tenía mucha experiencia cabalgando, sabía lo básico para no parecer una principiante. Al tirar de las riendas el animal corrió con una fuerza tan brutal que casi la hace caer de él, pero al final logro domarlo con precisión. Cuando cabalgaba por las calles una idea surgió en su cabeza y antes de salir del pueblo se dirigió con un herrero para comprar una daga o una espada que le ayudaran a defenderse en caso de volver a tener que pasar por lo mismo de la noche anterior. Al entrar en la tienda se dio cuenta de que había múltiples personas vestidas con capas rojas y un estampado dorado en forma de sol en la espalda. Eran cuatro personas esperando pacientemente por el herrero por lo que ella también se dispuso a esperar a lado a un hombre alto e imponente. Por pura curiosidad le miro el rostro con detenimiento y ciertamente era un hombre muy atractivo a la vista. Su cabello era dorado como el trigo de la pradera o como los rayos del sol en verano y sus ojos eran tan azules como el mismo cielo que los cubria. Eleonor desvió la mirada en cuanto sintió que el hombre se había dado cuenta de que lo miraba con atención y se concentró en mirar los múltiples objetos que se exhiban en la vitrina del mostrador. El herrero llego poco despues y le entrego al hombre una espada larga con una empuñadura en forma de dragón que asombro a Eleonor al instante. —¿necesitas algo, señorito?—le pregunto el herrero y Eleonor respondió con la voz más gruesa que pudo hacer. —me gustaría comprar una espada o una daga si no es mucha molestia. —¿alguna en específico? —la que sea esta bien, gracias. El herrero asintió y desapareció de nuevo. —¿eres caballero?—pregunto el hombre a su lado.—¿cuál es tu escuadrón? —¡oh, no! Yo solo soy un hombre que viaja a la capital por un mejor futuro, nada más que eso. —Deberías considerarlo.—dijo caminando a la salida dejando a Eleonor confundida, pero antes de salir se detuvo y se dio la vuelta.—¿tu nombre? —s-soy Paul Leonhart, señor.—contesto Eleonor con nerviosismo y el hombre asintió para despues salir del local.—qué tipo tan raro. A los pocos minutos el herrero regreso y le entrego una espada ordinaria, mas era de una calidad ejemplar. Eleonor pagó y salió del local.
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