Narra Damián
Ya ha pasado medio año desde que me mude con mamá y familia, y la verdad he estado muy feliz, y con la idea de que ya es tiempo de pedirle matrimonio a Chío. Aunque mi madre me ha dicho que aun es pronto para ello, que debería de esperar un poco más.
Pero, a decir verdad, ya no quiero esperar para casarme con ella, la amo y quiero formar una familia con ella.
—Damián, ya hice lo que me habías pedido. —Dice Gisele. Pero la siento desanimada.
—¿Qué ocurre, peque? —Sé que algo le pasa, por eso le pregunto.
—Nada. —Dice sin mirarme.
—Dime, por favor. —Le insisto y ella suspira.
—Es que siento que estás cometiendo un error. Dices amarla, pero en tu mirada veo lo contrario. Y si Hilda estuviera aquí, diría lo mismo. —¿Será que tenga razón?
—Si lo dices por cierta persona, créeme que ya la superé. Así que no te preocupes. —Aunque debo confesar que ya me entró la duda.
—Si, está bien. —Se va a su habitación sin mirarme.
No me gusta verla así de triste, ella conoció a mi ex por video llamada y se agradaron mucho, pero tienen que superarlo y aceptar que ya estoy con alguien más.
Ya no quiero que ese dolor regrese, además, estoy seguro de que ella ya esta en una relación con alguien más, es tiempo de avanzar.
…
—¿Qué pasa, amor? Te noto un poco distante. —Me dice Chío con preocupación.
—Nada, cariño. —Es lo que menos quiero, preocuparla.
—Aun la extrañas ¿no es así? —La miro sin comprender a que o quien se refiere.
—No me mires así, sabes muy bien a quien me refiero. —Y lo que menos d3s3o es traerla a tema.
—No quiero hablar de eso. —Solo de pensar en ella, vienen a mí las últimas imágenes llorando por la canallada que le hice.
—Lo sé, amor. También sé que intimidaron ese día. —¡¿Qué dijo?!
—Yo… —Me interrumpe.
—Iba ese día a buscarte para que firmaras unos documentos, y los escuché, te confieso que me dolió, y tus razones tenías, pero aun así pude perdonarte, porque realmente te amo. —Ella tan noble y yo quedándole mal.
Se acerca a mi y me besa con mucha pasión, beso que le correspondo en seguida cerrando los ojos y veo de nuevo a Marisela gimiendo de placer. ¡No! Esto no está bien. Me separo con delicadeza para que no piense que la estoy rechazando.
—No sabes cuanto te quiero. —Sé que no son las palabras que quiere escuchar, pero necesito un poco mas de tiempo.
—Y yo a ti. —Miro un poco de decepción en su mirada y puedo entenderla.
—Te veo está noche en mi casa. —Dice con una sonrisa triste.
—Te quiero invitar a cenar a otra parte. —Le digo y ella asiente. Me da un ultimo beso y sale de la oficina.
Y en eso suena mi teléfono. Y es Hilda.
—Hola, peque. —La saludo con ternura.
—Hola. —Otra que suena triste y se para dónde va.
—¿Todo bien? —Pregunto con cautela y cierta curiosidad.
—Si, sí. Todo bien. Es sólo que ya recibí la noticia que te casaras. —Gisele.
—Así es y no, no estoy cometiendo un error. —Las conozco muy bien a las dos.
—Si tú lo dices. Quería decirte que… —La interrumpo.
—Por favor, no quiero que sea mencionada y lo sabes. —Le digo y la escucho bufar.
—También se va a casar. —Dice y cuelga sin darme tiempo de reaccionar. ¿Se va a casar?
¿Por qué debería de importarme? Si yo haré exactamente lo mismo.
Siento una lagrima traicionera correr por mi mejilla y la limpio de inmediato.
No debo llorar por ella.
…
La noche llega y nos encontramos en el restaurante en una zona mas privada, porque quiero que todo salga perfecto.
Hay música suave, vino tinto, lasaña y un par de velas en medio de la mesa.
—Esto es maravilloso. —Dice mi novia con una sonrisa radiante.
—¿Te gusta? —Le pregunto y ella asiente con lagrimas en sus ojos. Y no sé por qué, pero aún recuerdo como le propuse matrimonio a Marisela.
Flash back
Me encontraba en una cabaña cerca del mar en Cancún, habia traído a mi hermosa novia de vacaciones y ella estaba feliz por ello. Pero lo que no sabe, es que le tengo una sorpresa que sé le encantará.
Mandé a decorar la mesa con velas, champaña, espagueti y lasaña, que sé le gusta. Y música romántica.
Escucho que viene bajando las escaleras.
—Amor, no entiendo por qué debo vestir así. —Dice mirando su hermoso vestido que yo mismo le compré para la ocasión.
—Ya te dije, mi hermosa, te tengo una sorpresa. —Me mira y le sonrío.
Le ofrezco mi brazo y ella no duda en tomarlo. La guio hasta el comedor y la veo sorprendida.
—¿Te gusta? —Le pregunto y me mira con lagrimas en sus hermosos ojos azules.
—¿Gustarme? ¡Me encanta! —Me da un beso en los labios y la ayudo a sentarse en la silla.
Sirvo la cena y la champaña y tomo asiento para disfrutar de la comida.
Platicamos de nuestros planes a futuro, tener hijos que es lo que más anhelamos los dos.
Hasta que llega la hora del postre. Me levanto nuevamente y tomo un par de rebanadas de pay de manzana y pongo el anillo en medio de su rebanada y lo pongo en su lugar, me siento y veo la expresión que estaba esperando.
—¿Es lo que creo? —Me mira sin poder creerlo.
Tomo sus manos entre las mías y le digo:
—¿Quieres ser mi esposa? —Vuelve a llorar de felicidad, se levanta de su lugar y me besa con mucha pasión.
—¡Si, acepto! —Le coloco el anillo y beso su mano.
…
Estaba tan feliz en ese momento, pero ahora ya no me siento igual con Chío, pensé que con el tiempo lo haría, mas no es así.
Saco la caja de mi saco y le muestro el anillo, sin embargo, no se ve muy feliz. ¿estará dudando?
…
Narra Marisela
Ya llevamos Clara y yo 6 meses trabajando para Julián y Martin, y han sido unas personas maravillosas, como novios y como jefes, y eso me pone, pues… tranquila, porque ya no soportaré mas a ese desgraciado de Román.
En cuanto a mi bebita, va creciendo fuerte y sana y en eso estoy muy feliz, aunque algo me dice que es de Damián, mas no le he querido decir nada, estoy segura de que la rechazaría, ya que pensó que estaba con alguien más, nunca me dio la oportunidad de aclararle las cosas, prefirió usarme y después largarse a otro país.
En cambio, Julián, no le importa si mi pequeña es suya o no, él aun así la quiere como si lo fuera y eso habla muy bien de él.
—Ya quiero que nazca mi ahijada. —Clara está muy feliz y quiere ser su madrina, algo que no le negaría, e Hilda quiere ser, pero de su confirmación. Y está en su derecho, ya que es probable que sea nieta de su esposo.
—Lo sé, ya quiero tenerla en mis brazos. —Le digo mientras acaricio mi vientre abultado y sentí una patadita.
—Uy, creo que alguien está feliz. —Dice mi amiga y ambas sonreímos.
—Buenas tardes, chicas. —Nuestros novios entran a mi amplia oficina y dejan bolsas de comida china sobre una mesa que se encuentra aquí.
—Eso huele rico. —Le digo a Julián y él sonríe con dulzura.
—Ni que lo digas, yo también tengo antojos últimamente. —Dice y ella también está embarazada de Martin y están a meses de contraer nupcias y eso me alegra por ellos.
—Dime algo, ¿Cuándo aceptaras ser mi esposa? —Hace 6 meses me propuso matrimonio aun con la probabilidad de que no sea su hija, y lo he estado evadiendo con otros temas, y creo que ya es tiempo de avanzar.
—Lo acepto. —Le digo y me mira sin creerlo.
—¡¿Qué?! ¿de verdad? —Asiento y la otra pareja aplaude por mi decisión.
—Ya era hora, sólo lo estabas haciendo sufrir. —Me recrimina Clara y la fulmino con la mirada.
…
—Hola, Mari. —Veo a Hilda entrando a la tienda de ropa para bebés.
—Hola. —Le sonrío.
—Como está creciendo esta pequeña. —Dice mirando mi vientre.
—Ni que lo digas. —Sonrío de felicidad.
—Por cierto, hay algo que debo decirte. —Cuando habla algo nerviosa sé de qué se trata.
—Dime. —Le pido, aunque sé que me va a doler tan sólo su mención.
—Damián se va a casar. Y sé que no es feliz, aunque demuestre lo contrario. —Creo que no hice mal después de todo en aceptar a Julián.
—Me alegro por él, en verdad, yo también me casaré. —Le muestro el anillo y se ve triste. Sé que nuestros conocidos y familiares querían que nos diéramos una oportunidad, pero él no lo quiso así y ya es momento de avanzar.
—Sigo pensando que los dos se están equivocando, lo digo por experiencia. —Me da un beso en la mejilla y sale de la tienda dejándome con esas palabras en mi mente.
¿Tendrá razón?