Narra Damián
Salí de la casa y me fui a mi departamento, la verdad quería estar solo con mis pensamientos, d3s3ab4 que fuera un m*****o sueño, en donde nada de esto estuviese pasando.
Voy al minibar y me sirvo un vodka con hielo y lo bebo de un solo trago ignorando el ardor que causa. Además, quería ahogar este dolor que llevo dentro, aun no puedo creer que ese pequeño sea mío, pero lo es, ahí están los resultados. Necesito ver a esa mujer y dejarle en claro las cosas antes de que se quiera “hacer ilusiones” yo amo a Marisela y no pienso dejarla ir tan fácilmente, no quiero la misma historia que mi padre e Hilda tuvieron años atrás.
No tengo con quien hablar, sólo con Hilda, pero ella ya tiene una vida y sus propias preocupaciones, como para escucharme.
Anthony está descartado, no volvimos a ser amigos después de que saliera con Mercedes, por mi debieron quedarse juntos, son tal para cual, pero en ese entonces yo sentía algo por ella, y sonaran crueles mis palabras, sin embargo, me arrepiento de haberle dado una oportunidad, sólo nos trajo desgracias al estar ocultando a Dayana.
Estaba por beber otro vaso de vodka, cuando veo una llamada, y es una que habia estado esperando días atrás.
Tomo aire y respondo.
—Hola, a… Marisela. —Si, quería decirle amor, pero tal vez la incomode con eso.
—¿Cómo estás? —Su voz se escucha triste. ¿Qué le estará pasando?
—Bien, gracias. ¿Y tú? —Sé que estoy preguntando lo obvio.
—Ya lo sé, sé que ese pequeño es tu hijo. —¿Qué? Pero ¿Cómo?
Puedo escuchar sollozos del otro lado de la línea y eso me parte el corazón.
—Cielo, no porque lo sea estaré con esa mujer. —La escucho reír sin gracia alguna.
—No sé si creerte. —¿En serio?
—¿De que estás hablando? —Le pregunto sin comprender sus palabras.
—¿Sabes qué? Te tengo que dejar, esto se acabó. —Cuelga y esto en verdad que no puede estar pasando.
Marco su numero y me manda a buzón.
—No, no, no y no. Esto no es real. ¿Por qué de repente cambió?
Tomo el vaso y lo estrello contra el suelo. Seguramente ese amiguito suyo debió meterle ideas en la cabeza, y se aprovechó de su vulnerabilidad por todo este asunto.
—¡Maldición!
Alguien toca a la puerta y la verdad no estoy de humor para recibir visitas en estos momentos.
—¡Largo! ¡quiero estar solo!
—Por favor, Damián, abre. —Es Hilda y justo aparece cuando mas la necesito.
Abro la puerta y la veo muy preocupada.
—Ya lo sabe ella, ¿no es así? —Dice y yo asiento.
—¿Se lo dijiste? —Me mira con curiosidad.
—No, alguien más debió decirle. Ella no quiere saber nada de mí, debieron ponerla en mi contra. —Siento que me desmorono desde adentro.
—Tranquilo, sólo dale espacio para aclarar las cosas. —Dice y me río sin ganas.
—¿Espacio? ¿En serio? Ya se lo di. ¿Y que hizo? Mandarme a la m****a. —Seco mis lagrimas con brusquedad.
—No sé que decirte. —La miro y ella se puso triste, no me gusta verla así. Ella siempre será una hermanita para mí.
—De verdad me gustaría que nada de esto este pasando, que mañana que despierte, ella esté a mi lado con su hermosa sonrisa. —Sonrío con tristeza por pensar cosas imposibles.
—Yo también quiero que se aclare todo eso y puedan estar en paz, no quiero que pasen por lo mimo que pasé yo con Daniel. —Piensa igual que yo.
—Lo sé. —Me levanto de mi lugar, ella hace lo mismo y nos despedimos.
Mañana hablaré con esa mujer.
…
Anoche llamé a Mercedes citándola en un restaurante, no quiero escándalos en la oficina, en caso de que se arme uno, al menos espero que no.
Llego al lugar y ella ya se encuentra aquí.
—Damián. —Me recibe con una sonrisa, una que ignoro al tomar asiento.
—Te dejaré las cosas muy claras, no me gusta repetir las cosas, no creas que, porque ese pequeño resultó ser mi hijo, no esperes nada de mi parte, sólo me haré cargo de él. —La miro con frialdad y ella mira a otra parte.
—Lo tengo muy claro, sé que ya no sientes nada por mí. Pero en verdad no quise hacerles daño… —La interrumpo con una risa sin gracia.
—De ser así, entonces ¿Por qué la protegiste? Recuerdo que habías dicho que falleció en un accidente, incluso, Santiago fue quien la reconoció. —Le digo y veo pena en sus ojos.
—Ella… prometió irse del país para comenzar una nueva vida, y que se olvidaría de todo. —Tiene que ser una j****a broma.
—¿Y por qué le creíste? —No me convence en lo mas mínimo.
—Porque… fuimos amigas y… —La vuelvo a interrumpir.
—¿Sabes qué? No me importa. Sólo quería dejarte las cosas claras. Así que no te hagas ilusiones. —Me levanto de mi lugar y salgo de ahí, la verdad no soporto un minuto más cerca de ella.
Subo a mi carro y voy directo a la oficina, quiero distraerme en cosas del trabajo y no hacer corajes por culpa de esa mujer.
…
—¿Qué pasó? —Hilda me pregunta con ansiedad.
—Sólo le dije que me preocuparé con el pequeño. —Digo con seriedad, aunque ella no tenga culpa en esto.
—Ya veo. Sólo espero que lo entienda. —Me sonríe con calidez y me relajo un poco.
—Es lo que espero también. —Y en verdad lo espero.
…
Estaba por irme a dormir, cuando suena el timbre.
—Tiene que ser una broma.
Abro y es…
—¿Qué haces aquí? —La miro sin comprender.
—Damián, yo aun te amo y no quería perderte, sé que aun sientes amor por mí, esa mujer te está mintiendo, sólo te quiere por tu fortuna. —Tiene que estar bromeando.
—¿Estás loca? En ella vi el verdadero amor, el tuyo sólo fue una traición un capricho. —Le digo con frialdad y veo tristeza en su mirada, realmente no me causa nada.
—Ya no te amo. Dejé de amarte hace tiempo. —Y es la verdad.
Narra Mercedes
¿Dejó de amarme? Pues no le creo nada, no voy a dejar que esa estúpida me quite al hombre que aun amo, nunca fue un capricho, sino todo lo contrario. Sé que hice mal en proteger a Dayana, pero ella me habia prometido irse del país. Si que es tonta, en cambio yo, no lo seré, no pienso renunciar al hombre que aun amo, y todo por un error, debería de reconocer que protegí a Hilda y su esposo de las estupideces de esa idiota. ¿A caso eso no cuenta?
—Mercedes, él es Román, el “amigo” de tu rival de amores. —Dice el idiota de Marcus y lo miro con fastidio.
—¿Qué piensas hacer para que tu amiguita se aleje? Digo, yo puse de mi parte con advertirle que no se acerque a Damián, pero… —Me interrumpe.
—Descuida. Ella cree que tengo novio, pero no es así, es sólo un amigo que me ayuda a acercarme mas a ella y cuando menos lo espere, despertaremos juntos en la misma cama haciéndole creer que la pasamos de maravilla. O tal vez lo hagamos de verdad y deje embarazada a Maricela. —Este hombre me empieza a caer muy bien.
Espero que el plan de esos tres funcione, sólo así podré estar con Damián y ser felices como debió ser siempre.