Capítulo 7 No quiero saber nada de él

1148 Words
Narra Maricela Al llegar a la ciudad de México, me puse a buscar un nuevo departamento, no quería incomodar a Román con mi estancia y que algún día llegué a tener problemas con su novio, pero antes de eso, tomé la decisión de llamar a Damián para decirle que ya sabía del resultado de aquella prueba, y aunque me estuve negando a ello, tenía que enfrentar la verdad y alejarme de él. Las palabras que me habia escrito esa mujer, no habia conseguido olvidarlas, todo lo contrario, se clavaron en mi mente. ¿Realmente Damián sólo me utilizó? ¿aún se aman ellos dos? ¡Ah! Esto es muy confuso y frustrante al mismo tiempo. —Ya llegué, hermosa. Y mira lo que te traje. —Me enseña la comida china, sabe que es mi favorita. —Muchas gracias, siempre tan lindo. —Le sonrío tratando de esconder mi tristeza. —No agradezcas, linda, sabes que lo hago con gusto. —Pone las bolsas sobre la mesa, mientras que yo le ayudo sirviendo vino tinto. Y nos sentamos a comer. —¿Cómo te fue hoy? —Quiero preguntar cualquier cosa y no pensar en esos dos. —Todo bien, mañana firmaremos con una nueva empresa. —Román es muy bueno para los negocios. > Es broma ¿verdad? ¿Por qué me lo tenías que recordar? —¿Todo bien? —Miro a Román quien me mira con curiosidad. —¿Eh? Ah, sí, es sólo aún tengo que ver departamentos. —Miento. —¿Segura? —Tiene sus dudas. —Si, no te preocupes. —Le sonrío con calidez y asiente más convencido. —Y de mudarte, no te preocupes, ya te dije, no tengo ningún problema con eso. —Tan lindo como siempre. —Lo sé, pero no quiero que tengas problemas con Gabriel, y piense cosas que no son. —Le digo y él bufa. —No hay problema, ya te lo he dicho. —Lo que menos quiero es causar problemas. —Pero no te voy a detener, sé que necesitas tu espacio. Sólo que espero que… —Se queda callado por un momento. — nada, olvídalo. Puedo suponer que no quiere que busque a mi ex y lo entiendo, siempre se ha preocupado por mí. Terminamos de comer y ambos recogimos y limpiamos la cocina y nos fuimos a ver una película. —En verdad no me gustaría que te fueras. —¿A qué viene su comentario? —En verdad agradezco tu hospitalidad, pero… —Me interrumpe. —Nada. Es sólo que te voy a extrañar. —Sus palabras me conmovieron mucho, nos abrazamos con mucho cariño. … Después de una gran búsqueda, al fin encontré un hermoso departamento, no es muy amplio, pero es perfecto para mi sola, aunque sé que estaré invitando a mi amigo a reuniones, ya que él siempre me ha apoyado cuando más lo he necesitado. —Es hermoso. —Dice Román mientras admira el lugar. —Lo sé. —No he dejado de sonreír. —Bueno, al menos no se encuentra muy lejos de donde vivo, así cuando necesites algo, yo con gusto vendré, así sea en la madrugada, no importa la hora. —Eres muy amable. —Si no hubiese conocido a Damián y no le gustaran los hombres a Román, creo que me habría enamorado de él sin lugar a duda, siempre tan pendiente de uno. —Siempre. Por cierto, ¿ya compraste muebles? —Me pregunta con curiosidad. —Lo mas elemental. —Digo un poco apenada. —No se diga más, vayamos por lo demás. —Asiento porque con él es imposible decirle un “no”. … Nos encontrábamos en la mueblería viendo refrigerador, televisión, entre otras cosas. Cada uno se fue por su lado para abarcar más cosas. —¿Marisela? —Alguien me llama, me giro y es Hilda. —Hola. —Ella siempre ha sido una buena persona, que pena que esa mujer se aproveche de ella. —Hola ¿Cómo has estado? —Le pregunto y veo una sonrisa triste, imagino por qué. —Bien y… —Sé que está dudando si hablarme o no de mi ex. —Dime. —Le animo a que lo diga y vuelve a sonreír. —Estoy preocupada por ustedes, no quiero que se separen por algo que no lo vale, bueno, si es su hijo, pero él sólo está dispuesto a ver por el pequeño. —Parece que su “amiguita” no le ha dicho que piensan volver. —Te agradezco mucho, en verdad. Sin embargo, no creo que Damián haya dejado de amar a Mercedes. Quizás sólo estaba despechado por la traición que les hizo. —Y me duele reconocerlo. —¿Qué? Eso no es verdad, yo lo sé. —Realmente no lo sabía. —No lo puedo creer. Discúlpame, pero no lo creo. —Y es la verdad. —No digas eso. —Veo mucha tristeza en sus ojos. —Él jamás dejaría de amarte. —Me siento verla de esa manera, sé que se quieren como hermanos, pero Hilda realmente es una gran persona y no merece que le mientan de esa manera. —¿Todo bien? —Llega Román y no se ve nada contento. —Bueno, te dejo. Cuídate. —Se despide y sale del lugar. —¿Por qué la miraste así? —Estoy molesta con él. —Porque es amiga de ese idiota y estoy seguro de que la tiene manipulada para que te convenza de regresar con él. —Tiene que ser una broma. —¿Disculpa? —Lo miro sin poder creer lo que acaba de decir. —Muñequita, no deberías de confiar en esa familia, es obvio que lo van a apoyar y harán lo imposible para que reses con él, además, sólo te lastimaría mas de lo que ya lo han hecho. Sé que tiene razón, pero… —Ella es diferente. —La defiendo. —No lo sé. No confiaría ni en ella. —Se ve muy molesto y sale de ahí con mucha prisa. ¡Dios! No entiendo su comportamiento, él no suele ser así. Trato de alcanzarlo, pero es imposible, desaparece entre toda la multitud. Le conté todo lo que habia pasado desde la fallida boda esperando a que me apoyara, no que atacara a una buena persona. Bueno, espero que se tranquilice, no quiero perder a mi amigo por un malentendido. … Llego al departamento y las cosas ya me fueron entregadas. Estoy sentada en el sofá recordando aun cada beso suyo y cada caricia y pensar que todo fue una mentira. ¿Por qué? ¿Por qué me mentiste durante todo este tiempo? Si aun amas a esa mujer despiadada. Lo único que, si tengo claro, es que ya no quiero saber nada de él. Así me cueste mucho olvidarlo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD