Narra Mercedes
No he dormido muy bien pensando en cómo hacer que Damián se dé cuenta de que aun lo amo y sé que él aun siente lo mismo, es sólo que está cegado por esa mujer, pero no por mucho tiempo.
La idea de Román es buena, sin embargo, no sé que tan efectiva pueda ser.
Lo mejor es tomar mis propias precauciones y buscar algo que pueda funcionar, aunque… ya sé que si puede funcionar y hacer que Damián esté más cerca de mí.
Tomo mi movil y le escribo un mensaje.
Yo: Buenas tardes. ¿Qué te parece pasar el fin de semana con tu hijo?
Lo envío y espero su respuesta. Una que no tardó mucho en llegar.
Damián: ¿Sólo con él?
¡Lo sabía! Desde aquel día que mi pequeño le llamó “papá” Damián no se negaría tener una relación de padre e hijo. Y sé que poco a poco eso hará que estemos juntos como que siempre debíamos ser desde un principio.
Yo: Claro que sí.
Por el momento es lo mejor que estén ellos nada más.
Damián: Si, no hay ningún problema.
Realmente estoy muy feliz que, gracias a mi hijo, el amor de mi vida volverá a mí.
Yo: Perfecto. Si gustas puedes estar con él todo el fin de semana, si no tienes algún problema.
Damián: No lo tengo.
Yo: Muy bien, entonces empacaré su ropa y haré una lista de sus horarios de comida y descanso.
Damián: Ok.
Sé que por el momento está siendo frio conmigo, pero con el tiempo cambiara.
…
—¿Mañana vendrá mi papá? —Veo la carita de felicidad de mi pequeño.
—Así es, mi cielo. ¿Estás contento? —Le pregunto y él asiente con una gran sonrisa.
Sé que le estoy engañando de quien es su padre, pero no quiero nada con Anthony, nunca sentí nada realmente por él, además, mi hijo debió ser de Damián.
—Mucho, mami. —Lo abrazo con mucho amor.
—Me alegro, mi pequeño. —Ne da un beso de las buenas noches y se acomoda para dormir.
Me voy a mi habitación y quiero contarle esto a mi prima y sé que se moleste al principio, pero terminara aceptándolo. Que el tal Román haga su parte, no me interesa sus métodos, sólo espero que den resultado.
Estaba por cerrar los ojos, cuando veo que me está llamando Marcus. ¿Ahora que quiere?
—¿Qué no respetas los horarios de descanso? —Le reclamo y lo escucho bufar.
—Para mi trabajo no tengo descanso. —Era de esperarse.
—¿Qué demonios quieres? —Digo molesta.
—He hablado con Román y ya hizo su parte, incluso tomó unas fotos muy comprometedoras, unas que serán enviadas a tu amorcito para que termine rompiéndole el corazón y ahí entrarás tú para que lo consueles. —¡Vaya!
—Perfecto. Además, mañana pasara por nuestro hijo para que pase todo el fin de semana con él. —Y eso me tiene de buen humor.
—Que buena idea. —Se le escucha contento.
—Bueno, pues manos a la obra. —Ahora si Damián, serás mío otra vez y haré que te olvides de esa mujer de una vez por todas.
…
Estoy muy nerviosa porque volveré a ver al hombre que amo, sé que por el momento no me hará mucho caso, pero después de que le muestren esas fotos de su “querida” se va a decepcionar y volverá a mis brazos, espero que dé los resultados que más quiero.
Suena el timbre y sé que se trata de Damián. Respiro profundo y abro la puerta con una leve sonrisa. Lo miro y se ve muy guapo.
—Buenos días. —Le saludo y él está muy serio.
—Vengo por Josh. —¿En serio? ¿no le dice hijo?
—Josh, tu padre está aquí. —Hago cierto énfasis en la palabra “padre” para hacerle un recordatorio de que lo es.
Mi pequeño viene corriendo y se avienta a los brazos de Damián y puedo ver una pequeña sonrisa de verlo y eso me tiene muy feliz.
—¿Estás listo? —Le pregunta a mi hijo mirándolo con ternura. Sabía que Damián se ganaría a Josh.
—Si, papi. —Me da ternura la escena.
—Bueno, pues vayamos a casa de tu abuelo para que convivas con la familia. —Aún mucho mejor, al fin y al cabo, que con ellos no tengo ningún problema, total, Hilda me sigue considerando su amiga y es mas a mi favor.
—Pórtate bien. —Mi pequeño se acerca a mí y se despide de mí con un cálido abrazo.
—Si, mami. —Le doy un beso y salen de la casa.
Damián lo sube a su carro, se sube él, ignorándome como siempre, pero no me importa, porque mi plan ya está en acción.
…
Hoy aproveché para hacer una visita a Dayana.
—Así que ahora está con su supuesto hijo. —Dice con cierta malicia.
—Así es, además, Román ya hizo su parte, contando con unas fotos comprometedoras. —Y eso me hace sentir bien, porque después de todo, no eran el uno para el otro.
—Bueno, pues no desaproveches las oportunidades que se te están dando para volver con él. —Y tiene mucha razón con eso.
—No te preocupes, claro que no lo haré. Sé que estamos destinados y con todo esto él se dará cuenta que a quien ha estado amando todo este tiempo es a mí, y no a esa mujercita. —Ya quiero que le lleguen las fotos a Damián para poder estar a su lado y quitarle la venda de sus ojos.
—Muy bien. Por cierto, Anthony ha venido a visitarme y quiere saber de ti. —Tiene que ser una broma y de mal gusto.
—¿Qué quiere ahora? — Espero que no quiera buscarme por una nueva aventura.
—Pues que te extraña mucho. —Me lo suponía.
—Pues que siga esperando, no quiero nada con ese idiota y me arruine mi futuro con Damián. —Mi día estaba yendo bien y tenía que aparecer ese idiot4.
—¿Qué le dijiste? —La miro y no puedo evitar mi molestia.
—Que no sabía, y que no te he visto desde que te fuiste con Dante. —Al menos no me va a traicionar.
—Gracias, en verdad. —Le digo y ella asiente.
Nos despedimos y fui al super mercado por unas compras. Es mejor mantener un perfil bajo y que Anthony no sepa que he regresado y menos con un hijo, su hijo. No, es mío y de Damián.
Narra Dayana
Tonta, realmente mi primita es una tonta. ¿Qué le hace creer que no le dije nada a Anthony? Claro que la iba a delatar, se lo tiene muy merecido, ella está libre gracias a Daniel, mientras que yo me estoy pudriendo en esta pocilga, cuando debería de estar disfrutando de mi libertad. Aunque su examante me lo prometió.
En cuanto se enteró de mi situación gracias a Marcus, vino a verme, claro pedí una visita conyugal, que, por cierto, es muy bueno en la intimidad, no entiendo por que dejarlo por un idiota como Damián. En fin, sus motivos tendrán.
Me pidió información de Mercedes a cambio de reducir mi condena, sólo que omití la parte de su hijo, tarde o temprano lo descubrirá.
—No mereces ser feliz, Mercedes.