Capitulo 17 No puedo perdonarla

1154 Words
Narra Damián Aun no dejo de pensar en lo que habia ocurrido aquel dia donde estuve a punto de hacerla una vez mas mía, si no hubiese sido porque ella se negó de inmediato. Pero ya no debería de seguir pensando en Maricela, ella ya tomó sus decisiones y yo he tomado las mías, así que no hay vuelta atrás, y por mucho que mi padre e Hilda me insistan en que lo piense mejor, y que no me vaya a arrepentir, mas no lo haré. —Hola, Damián. —Entra Chío con una sonrisa seductora. Yo no era un mujeriego, pero por culpa de mi ex que sólo me ha decepcionado, me estoy haciendo uno. Se acerca a mi y me besa con pasión. Me gustaría recostarla sobre mi escritorio y hacerle el amor en estos momentos. —Venía por ti para ir a comer. —Dice una vez que se separa de mí y yo asiento. Apago la computadora y le tomo de la mano para salir juntos a un buen restaurante que queda un poco retirado de aquí. Le digo a mi asistente que ya puede ir a comer. … —Todo aquí se ve delicioso. —Dice con su bella sonrisa. Miro y ese imbécil de su amiguito entra al restaurante y lo hace en compañía de ¿otra mujer? ¿estará engañando a Marisela? No me importa eso ya es cosa de esos dos, yo tengo que seguir con mi vida. Viene un camarero y toma nuestra orden y se vuelve a retirar. —Es una pena que te tengas que ir. —La miro y se nota un poco triste. —Es por un tiempo, pero volveré. —Le digo, pero ni yo sé si así será o no. —¿En verdad? —Me mira con ilusión y me siento mal por estar mintiendo. —Claro que sí. —Trato de sonreír, pero más bien siento que es una mueca, sin embargo, ella si sonríe. El tiempo pasa rápido y ya es hora de regresar a la empresa. … Durante el viaje por el ascensor, Chío y yo nos besamos con mucha pasión. La invité a mi departamento para esta noche, quiero estar con ella. Ella está encargada en el área administrativo, casi no la veía o ponía atención durante este tiempo porque estaba de novio de Marisela, y hasta ahora fue cuando comencé a mirarla y me fui acercando a ella. El sonido de las puestas abriéndose nos saca de nuestro beso. Chío se acomoda el cabello y yo el saco. —Entonces nos vemos esta noche, cielo. —Me dice mirándome con d3s3o. —Claro, ya quiero hacerte mía. —Le digo al oído y ella ríe de manera coqueta. Me da un ultimo beso y se va a su oficina y yo a la mía. —Damián. —Esa voz. ¿Por qué está aquí? lo que menos quiero es verla. Me desestabiliza. La miro de una manera tan fría que lo que quiero es que se vaya de aquí. Se levanta del sillón y camina hasta estar frente a mí. Aun hay tristeza en su mirada. Quizás si la dejó ese tipo y quiere que la consuele, pues está muy equivocada si piensa eso. —¿Qué haces aquí? —Le hablo con seriedad y con cierto disgusto, aunque parece no notarlo. —Necesito hablar contigo. —¿En serio? Es lo que menos quiero. —No tenemos nada de qué hablar. —Me doy la vuelta y me detiene. En seguida me suelto. —Por favor. —Miro a mi asistente y sabe que nadie debe de molestarme. Abro la puerta, entra y la sigo, y cierro la puerta y no sé porque le puse seguro, esto no debería de tardar. —No necesitas sentarte, así que habla rápido, tengo cosas que hacer. —La vuelvo a mirar con frialdad. —Sé que te iras al extranjero y la verdad no quisiera que lo hicieras. —Pero ¿Cómo lo supo? ¡Claro! Hilda, ¿Quién más? —Eso es algo que no te concierne. Son mis decisiones y no tienes nada de que opinar. —Le digo en un tono molesto y es verdad no debería de importarle. —Además, tú tienes a tu pareja. Así que te voy a pedir que salgas de aquí y no… —De repente estampa sus labios a los míos y ¡Por dios! Aun los extraño, así que le correspondo sin pensarlo dos veces. > La voz de mi conciencia me dice, mas no le hago caso. La cargo y la llevo al sillón sin romper el beso más apasionado que hemos tenido en mucho tiempo. Me alegro mucho de que trajera puesta una falda, así que le quito su ropa íntima, me bajo el cierre y el pantalón y la p3n3tro con dureza sin importarme si la lastimo o no. Pero lo que sí sé, es que ya la d3s3aba. Siento que ella aun es mía y de nadie más, sin embargo, las imágenes vuelven a mi mente y me da una rabia, de saber que ya ha estado con otro. Aunque ese imbécil se esté burlando de ella. Rompo su blusa y beso sus hermosos senos, unos que ya me habían pertenecido. —¡Dios! —Su voz se escucha sexy y eso me dan ánimos de aumentar mis embestidas. —Eres solamente mía. —Le digo sin pensar y siento como termino dentro de ella. Salgo y me recuesto con la respiración muy agitada. —Vístete y vete. —Le digo sin mirarla, no me importa si piensa que sólo la utilicé. Es sólo que aun me lastima que me haya dejado por alguien mas en lugar de seguir con nuestro matrimonio. —Damián, yo… —La miro y está por llorar. —Ya me escuchaste. Vete. Y te aclaro que esto sólo fue la despedida antes de irme del país. —Le digo con todo el dolor de mi corazón, pero es lo mejor seguir cada uno con su vida. Veo que batalla con la ropa y recuerdo que aun conservo cosas de ella aquí, así que voy por su ropa mientras me arreglo la mía. La toma y se mete al baño a cambiarse. Y yo salgo de mi oficina para irme a mi departamento. … Lloro y bebo como loco por lo miserable que me porté con ella, pero ¿Qué podía hacer? ella ya no me ama, y yo trato de olvidarla, aunque esté muy enterrada en mi corazón. Le escribí a Chío que me sentía mal y que lo dejáramos para otra ocasión, aunque una vez mas le estoy mintiendo, ya que en tres días me voy a New York a quedarme por un tiempo indefinido. Marisela. No la puedo perdonar, me rompió el corazón en mil pedazos y no sé si podré recuperarme al 100%.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD