Luego de que Rocco Benedetti, los hubiera dejado en el sitio mirándose a la cara, ninguno se atrevía a hablar. Porque al final terminaron aceptando su propuesta, y el italiano salió del lugar con una sonrisa en la cara, y frotando las manos en señal de que estaba conforme porque se salió con la suya.
El camarero que les asistía se acercó.
—¿Desea algo más? —les preguntó.
—Sí, otra botella —respondió Madison de manera inmediata.
—La traeré enseguida, señorita Bennett.
En el instante en que el joven se fue, Cameron la miró con los ojos entrecerrados.
—¿De verdad? —cuestionó un poco sorprendido, levantando la botella vacía.
—Esa fue compartida, esta quiero tomarla sola —respondió haciendo énfasis en la última palabra.
En ese momento no entendía sus emociones, el dolor, la perdida, la ilusión, la decepción, el orgullo y la esperanza, todas al mismo tiempo. Hizo una mueca de disgusto, por el hecho de que no sabía cuando se había vuelto tan complicada. Ella era una mujer joven que disfrutaba de las cosas buenas de la vida, fuesen grandes o pequeñas.
Todavía el restaurante estaba repleto, y más porque tenían música en vivo. Recordó que aquello también fue idea de su abuela.
—Mi hotel no es solo para turistas, también para los londinenses —le comentó de manera firme y segura—. Podrán venir a disfrutar de la buena comida del restaurante y de la música en vivo —le guiñó un ojo—, y los amantes pueden reservar una habitación para saciar sus pasiones secretas.
Margot Bennett, siempre pensando en darle comida al cuerpo, negó con la cabeza.
El camarero llegó con la nueva botella, hizo el descorche. Pero no sirvió la bebida, porque Cameron le quitó la botella de las manos.
—Hagamos un brindis —propuso Cameron, terminando de llenar las copas.
—¿Por?
Madison arrugó la nariz, quizás el vino comenzaba a hacerle efecto.
—Margot Bennett…
—¡Salud, abuela! —ella alzó la copa— ¡Por ti, te encuentres en donde sea que te encuentres!
La pareja chocó suavemente sus copas, y luego dieron un trago.
—Me debes un baile —le recordó Cameron guiñándole un ojo—, no creas que lo olvidé.
—Así que me lo estás cobrando, ¿no es así? —fue le turno de Madison de guiñarle un ojo.
Era obvio que el licor la había desinhibido, quizás se aprovecharía de eso. Sonrió si la viera en ese momento su abuela, estaba segura de que le animaría a seguirle el juego a Cameron King.
Cuando le extendió la mano para guiarla a la pequeña pista situada en una esquina del restaurante, Madison no dudó en tomarla, caminaron tomados de la mano. Cada vez que daba un paso podía escuchar los murmullos de los comensales. Puede de que no supieran quién era ella, pero estaba segura de que sí sabían quién era Cameron. Además de que era un hombre que era imposible de olvidar.
De hecho, hasta le habían tomado una foto desde el teléfono celular, porque hasta vio el destello de un flash y podía jurar que había escuchado un clic. Sin embargo, en ese momento no le importaba. Solo quería dejarse llevar, aunque fuera tan solo una vez.
En el segundo en que Cameron puso la mano en su cintura, la orquesta cambió a una melodía lenta. Lo que hizo que Madison estirara un poco más la espalada para poner las manos detrás de su cuello, mientras que él aprovechaba para poner las suyas justo en el comienzo de su redondeado y firme trasero.
La música comenzó y comenzaron a moverse de manera sincronizada, se permitió poner la cabeza sobre su pecho, y lo escuchó suspirar. Al menos estaban en la misma sintonía.
—Siento mucho el mal rato que pasaste por mi culpa —Cameron manifestó con voz ronca muy cerca de su oído.
El aire quedó atrapado en los pulmones de la joven, al mismo tiempo que su piel se erizaba. El hombre experimentado en él acarició con el dedo pulgar delicadamente su coxis. Jugar con fuego a veces era peligroso, pero no podía negar que se sentía muy bien.
—No te preocupes —suspiró cómodamente en sus brazos—, pero creo que deberías tener un poco de cuidado.
—Brigitte no es mi novia, mucho menos mi prometida —Cameron le dejó claro.
—Cameron…
—De hecho, estoy soltero…
—No tienes el porqué darme explicaciones —Madison alzó el rostro para sonreírle.
Grave error, estaban muy cerca. Casi sus labios se rozaban, a su alrededor todo había desaparecido. Aunque continuaban escuchando la música y bailando, estaban en una burbuja. Cameron la atrajo un poco más a pecho, Madison no se opuso.
Hasta que una persona se llegó hasta la pista de baile, la música se detuvo y la mirada de todos los presentes se centró en ellos. El cuerpo de Cameron se tensó, y Madison se quedó inmóvil. Era obvio que quedaron sorprendidos por la interrupción.
—¡No lo puedo creer! —chilló la recién llegada, y señalando a Madison con un el dedo índice en señal de acusación, continuó diciendo: —¿Me dejaste sola en el evento para venir aquí? ¿Esta era tu urgencia, estar aquí con ella?
Por supuesto que todos quedaron en silencio, y algunos flashes de cámara de teléfonos celulares se activaron. Obviamente, aquello sería catalogado como un buen drama. Mucho mejor que un reality show. Madison no se apartó en ningún momento de Cameron, al contrario, mantuvo la calma. Tenía puesta su máscara de: puedes decir lo que quieras, pues no me importa. Lo que le preocupaba era que aquel escándalo era en su hotel, y no sabía como eso podía afectarle.
Cameron rompió el contacto con ella solo para caminar de modo intimidante hasta donde la modelo se encontraba.
—¿Qué caraj0 estás haciendo aquí? —él demandó con los dientes apretados, tratando de no perder la compostura ante el atrevimiento de la mujer, y tomándola del brazo se inclinó un poco más hacia ella—. Brigitte no es el momento ni el lugar adecuado para uno de tus espectáculos de esto. Recuerda que no estás en Francia y de cómo esto puede afectar a tu carrera.
—¡Qué excusa tan barata, Cam! —replicó Brigitte, y en su tono de voz se notaba su amargura— ¿Crees que no sé qué lo que me conviene y lo que no? —hizo una pausa— ¡Ah, ya lo sé! —negó con la cabeza—. Tienes miedo de que todo el mundo se entere de la manera tan cruel en que jugaste conmigo. Me gustaría que todos se enteraran de la persona tan cruel, y calculadora que se esconde detrás del joven y exitoso empresario.
«¡Qué buena actuación!», pensó Madison al ver como por las mejillas de Brigitte corrían las lágrimas, que ella entendía que era por rabia. Ya que parecía destilar veneno en cada palabra que decía.
La gente comenzaba a acercarse, murmuraban el nombre de Brigitte mientras grababan. Fue cuando Madison se dio cuenta de que era una celebridad.
—No entiendo por qué actúas de esta manera, cuando te repetí varias veces que estaría ocupado —en cada palabra que pronunciaba Cameron se notaba su rabia—. De hecho, ni siquiera sé como pudiste entrar a la gala, cuando no estabas en la lista de invitados. ¿Te parece que eso lo hace una persona en sus cabales?
—¡¿Ahora me estás llamando loca?! —replicó Brigitte agitando los brazos— ¡Esto era lo que te faltaba, Cameron!
El gerente del restaurante se acercó a Madison de manera sigilosa y discreta.
—Señorita, ¿cómo procedemos? —le susurró al oído— ¿Quiere que llame a los de seguridad?
—Sí, pero espera mi orden. No quiero sacarla a la mala, veré si puedo hacer algo, si no te haré señas para que procedas.
—Entendido, señorita Bennett.
Madison dio una respiración profunda, y dio un paso hacia ellos.
—Brigitte, por favor, recuerda que hay mucha gente aquí que pueden publicar en las r3des s0cia13s todo el show que estás haciendo —dijo con suavidad—. Esto podría traerte graves consecuencias, si quieres podemos hablar en otro lugar, pero no aquí con personas grabando cada uno de tus movimientos.
La modelo se tensó un poco, cuando miró a los lados, y observó varios aparatos telefónicos con los flashes encendidos, y al final las palabras de Madison eran ciertas. Por esa razón vaciló por unos segundos. Pero el rechazo por parte de Cameron, la tenía sumergida en el dolor y la rabia.
—¡¿Crees que es me importa?! —gritó, sin importarle mucho, que su voz resonara en el lugar—¡No me importa si me están grabando! En este momento no me importa lo que piensen los demás, que se enteren de que también soy humana —lágrimas corrían por su rostro, se giró para ver a Cameron— Solo quiero que sepas que te vas a arrepentir de haber jugado con mis sentimientos —le señaló con el dedo índice—. Estuve a punto de dejar el modelaje por ti, creyendo que me amabas como yo a ti, no vales nada.
En ese instante los hombres de seguridad aparecieron, pero todavía sin hacer. Puesto que Madison no había dado la orden, sin embargo, Brigitte al verlos se dio la vuelta y salió prácticamente corriendo del lugar. Dejando a todos confundidos por aquella actitud. Cameron y Madison se cruzaron las miradas en silencio, por el hecho de que todavía no habían procesado muy bien lo que acababa de ocurrir.
El gerente del restaurante hizo seña a la orquesta, para que continuara con su presentación. Al comenzar la música, los comensales volvieron a sus puestos. Todavía se escuchaban algunos susurro por lo sucedido, hasta que todo volvió a la normalidad, aunque era un hecho que incidente iba a ser comentado cuando el sol saliera.
Cameron no perdió tiempo, y tomó la mano de Madison. La apretó suavemente, en señal de que estaba apenado, mientras volvían a la mesa. Lo primero que hizo ella al sentarse fue servir una copa de vino para cada uno.
—No tengo palabras para disculparme por lo que acaba de pasar —manifestó en voz baja.
Aunque Madison estaba un poco desconcertada, le sonrió, mostrando un poco de empatía, y puso su delicada mano sobre la de él.
—No te preocupes, son cosas que pasan —se encogió de hombros—. Pero debes resolver tu situación con la chica, más por ella que por ti —lo miró con compresión—. Se nota que está enamorada de ti, y me temo que es capaz de hacer cualquier locura con tal de llamar tu atención.
—Esa es una de las razones por las cuales, lo nuestro no funcionó —se lamentó Cameron después de un suspiro—. En realidad es muy buena chica…
—Aunque creo que un poco dramática —intervino ella.
Lo menos que quería en ese momento era escuchar de los labios de Cameron cómo fue su relación amorosa. Pero entendía que el hombre tenía que desahogarse, y ella era la única con la que podía hacerlo en ese momento.
Miró hacia los lados, era obvio que la rabieta de Brigitte iba a ser sensación en las r3d3s s0c1a13s, y no sabía qué revuelo causaría en el restaurante, pero esperaba que todo se olvidara rápido. Siempre y cuando la modelo se comportara.
Por otro lado, agradeció su intervención. Porque estuvo a punto de besar a Cameron, eso no podía suceder, y mucho menos con la experiencia psicótica de Brigitte. Pero sus hormonas femeninas estaban bailando La Macarena en remix, ya que el rechazo hacia la hermosa mujer por parte de él significaba que no estaba interesado.
—Brigitte es una mujer caprichosa —la sexy voz de Cameron interrumpió sus pensamientos—, lastimosamente, ahora estoy en su radar —hizo una pausa—. Hablaré mañana con su representante para que tome cartas en el asunto.
—Lo que sea que decidas hacer, tienes que hacerlo rápido.
«¡Porque me muero de las ganas de que estés completamente disponible y sin locas persiguiéndote!»
Palideció, porque no sabía de dónde le había llegado ese pensamiento. Se regañó mentalmente, aquello era una locura. Además, no podía mezclar el negocio con el placer. Su abuela siempre se lo advirtió, el amor fuera del trabajo era más bonito. Se bebió hasta el fondo su bebida.
—¿Ocurre algo? —Cameron quiso saber al notarla en ese estado.
—No, en realidad creo que me he pasado un poco esta noche —ya estaba un poquito mareada.
—Disculpa, debes estar cansada.
—Más que cansada, creo que es la montaña rusa de emociones de esta noche —Madison le sonrió—. Supongo que es hora de que me vaya a la cama.
«¡Lamentablemente, sola sin ti!», abrió mucho los ojos.
¡J0d3er! ¿Qué le pasaba? Le echó la culpa al alcohol. Se intentó levantar, pero el fino tacón se le enredó en el vestido, y tropezó. Cameron estuvo a su lado de manera inmediata, y le hizo señas al gerente del restaurante de que ya se retiraban.
—No siempre serás mi caballero andante de brillante armadura, Cameron —inquirió soltando una risita, y buscando en su pequeño bolso de mano la tarjeta magnética de su suite.
—Claro que no —se encogió de hombros—, solo las veces que lo necesites.
Salieron del lugar abrazados, Madison reconoció que se sintió a gusto un poco más de la cuenta en los brazos de Cameron. Tomaron el elevador, y ella comenzó a sentirse mal. Era lógico que el licor le pasara factura. Cuando las puertas se abrieron en su piso, él la llevaba en brazos.
—¿Puedes abrir la puerta? —quiso saber.
—Sí, no estoy borracha —le sonrió—. Solo siento que todo me da vueltas.
—¡Ja! —Cameron soltó una carcajada—. Sí, entiendo perfectamente a lo que te refieres.
—¡Te lo juro que no estoy borracha! —chilló, le dio un golpe suave en el hombro, y luego se acomodó en el hueco de su cuello.
—¿Madi? —él le susurró al oído.
—¿Qué? —contestó con fastidio.
—Tienes que pasar la tarjeta por el lector —Cameron le recordó.
—Oh, si es cierto —enseguida hizo lo que le pidió.
Había una emoción que era muy difícil de controlar, y aquella era llamada: impulsividad. Una de la que Madison era presa, porque la había encerrado en un baúl desde hacía mucho tiempo. Desde que decidió que sería la nieta perfecta. De la que Margot Bennett se sintiera muy orgullosa.
Lo logró porque su abuela no se cansaba de repetírselo, hasta que por fin se lo creyó. Pero en ese momento no entendía el porqué con Cameron King, estaba dispuesta a dejar que fluyera en ella. Él la hacía querer cosas que pensó que estaban fuera de su alcance, tal vez Jefferson tenía razón, reprimía su naturaleza salvaje por querer ser perfecta.
Cameron como el caballero que era caminó hasta la cama, por supuesto que su intención era dejarla ahí. No obstante, Madison quería otra cosa. Ella fue más rápida y antes de que él depositara en el suave colchón, lo arrastró con ella buscando su boca.
Aquello lo sorprendió mucho, pero correspondió a su beso. Su lengua acariciaba la suya de una manera provocadora que hizo que el hambre que sentía por ella creciera más en ese instante. Las delicadas manos buscaban deshacerse del saco que llevaba puesto, mientras que las de él subía hasta la cintura la falda de su vestido.
El calor creció en el cuerpo femenino, pero cuando Madison lo agarró del cinturón. Cameron se detuvo, y rompió el contacto, dejándola con un sentimiento de vacío.
—Esta noche no, Madi —su voz era un tono más bajo de lo normal.
—¿Por qué? —preguntó ella un poco desilusionada.
—No quiero aprovecharme de una damisela ebria —le sonrió, y con el dedo índice le acarició la punta de la nariz, le ayudó a quitarse las sandalias de tacón, y removió el cobertor, la alzó un poco y la acomodó—. Te aseguro que tendremos muchas noches para hacer esto, pero ahora tienes que descansar un poco.
Cameron besó sus tiernos labios, pero ya Madison estaba dormida. Encendió la lámpara de su mesita de noche, la cubrió y luego se dirigió a la salida y antes de cerrar la puerta tras él apagó la luz de la habitación.