—Pasajeros del vuelo 20-11, por favor descargar por la puerta A. —Dice una de las azafatas cuando el avión aterriza.
—Por fin llegamos. —Dice Mónica, teniente y mano derecha del capitán, y mi tía, mientras se estira.
Ella es una mujer normal, de hecho, si no fuera por su piel blanca de porcelana, diría que ella es mi abuela por lo parecidas que son. Pero lo cierto es no hay forma de probar eso porque mi abuela puede cambiar su ADN con mucha facilidad y podría ser ella disfrazada de mi tía.
Pero eso no importa.
Después de dos meses de sufrimiento por fin logré convencer a todos de que me dejaran vivir como una chica normal al lado de mi familia. No fue sencillo porque primero tenía que probar mi valía y negarme a mi título de Princesa de Fuego como parte de los cinco grandes, pero no hubo nadie que pudiera contra mí y reclamara el titulo para sí. Por lo que se llegó al convenio de que viviría por dos años con mi familia, y si al cumplir la mayoría de edad probaba que podía desenvolverme bien en el mundo, podría quedarme con mi libertad y solo ayudar cuando fuera extremadamente necesario. Pero en caso contrario, debía someterme al reino y vivir como princesa. En serio que todos me quieren para su uso egoísta. Pero ya estoy aquí, así que solo tengo dos años para desenvolverme como quiera sin tener que sentir que respiran en mi cuello.
Ser una chica normal nunca me llamó la atención, de hecho, no tengo gustos por las compras o cosas lindas que normalmente le gustaría a una chica común, pero si tenía cierta envidia por la libertad que veía. Cuando Vivian se fue con mamá cuando teníamos catorce me preocupé mucho, pero cada que hablábamos se notaba que el cambio le había caído bien, así que siempre la impulsé a probar cosas nuevas porque no sabía si alguna vez tendría yo la oportunidad de probarlas. Pero parece que ahora sí.
—Sandra, necesito que te muevas para poder salir. —Pide mi tía señalando el pasillo del avión, el cual ya está casi vacío.
Sin decir nada me quito el cinturón de seguridad y me levanto de mi puesto de vuelo comercial para tomar la mochila con mis cosas. Así es, solo tengo una maleta con ropa y una mochila con los implementos personales; no soy de ese tipo de chicas que tiene miles de maletas como equipajes, y conociendo a Vivi, estoy segura que su primera actividad conmigo será comprarme cosas. Sonrío divertida, emocionada por ver pronto su cara en vivo y no por un holograma.
—Creo que debiste traer más cosas. —Dice mi tía con un pequeño maletín esposado a su muñeca —. El rey incluso te había preparado un vuelo en primera clase.
—No quiero nada de él. —Digo caminando hacia la salida, donde una azafata me sonríe y desea una buena estadía —. Es mi forma de torturarlo por lo que le hizo a mi madre.
—Vamos. Ella ya lo perdonó, y estás siendo injusta. —Señala mientras me sigue de cerca.
—Eso lo sé. —Me volteo a verla con una sonrisa maligna —. Pero es divertido molestarlo.
—Contigo no hay quién pueda. —Dice ella sonriendo y camina frente a mí —. Tengo que hablar con aduanas para que me dejen pasar esto. —Alza el maletín —. Tú tienes que ir a pasar la prueba de los índigos antes de entrar al país, y por favor, no te molestes o me va a avisar tu grillete.
—¿Van a hacer algo que no me gusta? —Pregunto suspicaz, pero ella solo levanta los hombros, confirmando mis sospechas —. Apenas llegando y ya me ponen a prueba.
—Fuerza soldado, todo por la libertad. —Dice entusiasmada, haciendo que sonría divertida —. Por cierto, el rey preparó un auto para que nos lleve directamente a casa de tu madre, y no permito que te niegues a eso. —Señala lo último cuando iba a hablar, no pudiendo llevarle la contraria.
Ambas entramos en la zona de descargo, donde veo a personas de diferentes lugares y poderío llegar y caminar con rapidez. También noto a los típicos carteristas, sorteando a la ley y robando lo que pueden, pero cuando se acercan a mí, mi presencia es tan pesada que no se atreven. Me desvío hacia la parte de los índigos mientras mi tía pasa por aduanas con mis cosas. Espero en una fila mientras veo a diferentes índigos pasar a una sala donde intuyo le hacen revisiones. Cuando por fin es mi turno, entro con precaución y un hombre como de dos metros pone un detector de metales frente a mi pecho, el cual suena por la ballena del sostén y eso lo hace sonreír.
—Por favor, quítese la chaqueta y alce los brazos. —Dice sin ocultar sus intenciones.
Obedezco a lo que ha dicho. No voy vestida de manera sensual, pantalón jean claro hasta la cintura ajustado a las piernas, mis inseparables botas negras de caña alta con tacón corrido, blusa negra hasta la cintura amarrada en el cuello con la espalda descubierta y mi chaqueta negra de cuero sintético. No es un estilo que yo hubiera elegido, pero Ashley y Sally no me iban a dejar salir con mi uniforme de militar. Cuando le entrego mi chaqueta, los ojos del hombre se dirigen a mi pecho y me pide con una seña que gire. Sonriendo molesta obedezco, y siento su sorpresa cuando ve mi tatuaje en mi espalda.
—Te aconsejo que tengas cuidado, o el escorpión n***o podría picarte. —Amenazo viéndolo a los ojos por sobre mi hombro.
—Si señorita. —Dice asustado, y vuelve a pasar el detector de metales por mi cuerpo —. Todo en orden, disculpe las molestias. Por favor, entre a aquella máquina para que podamos aprobar su grillete.
Obedezco entrando a una especie de tubo vertical que escanea mi cuerpo de pies a cabeza, mientras que el hombre revisa mi chaqueta. Cuando veo que está por llevársela a la nariz, la maquina da un pitido de alerta por mi alteración al ver lo que tenía en mente, logrando que se asuste. Luego de unos segundos la maquina aprueba mi grillete, por lo que salgo hecha una furia y le arrebato mi chaqueta al momento que lo tomo del cuello.
—Tienes esposa e hijos. —Digo viendo la marca de una alianza a su dedo anular, y sé que tiene hijos porque detecto su ADN en dos direcciones diferentes —. Si no quieres que nadie les haga lo que tú haces, te aconsejo detenerte. —Lo suelto y él se desploma en el suelo mientras me vuelvo a poner mi chaqueta —. Cuidado con el escorpión n***o.
Amenazo saliendo por la puerta de aprobados, dónde camino un poco hasta que encuentro a Mónica esperándome junto a un auto con mis cosas. Me dirijo hacia ella y pongo mi cabeza en su hombro, se sorprende por un segundo, pero igual acaricia mi espalda.
—Te dije que te controlaras, si fallabas se cancelaba el trato. —Dice condescendiente, porque de seguro recibió la alerta.
—¿Qué podía hacer? El tipo quería violarme con la mirada, y no iba a permitir que alguien más sufriera por sus impulsos. —Digo amargada.
—¿Tipo? ¿Te examino un hombre? —Pregunta extrañada, y asiento —. Se suponía que a las mujeres las examina otra mujer para evitar esos encontronazos. De seguro te estaban poniendo a prueba antes de ir con tu madre. —Deduce.
—Todos son paranoicos. Malditos viejos. —Digo en queja y mi tía me hala la oreja izquierda —. Está bien, controlaré mi lengua y no volveré a insultarlos.
—Bien, no quiero que tu madre piense que te permito esa clase de actitudes. —Dice y me suelta la oreja.
Aun antes de que mis padres se divorciaran, y que se supone quedara bajo la custodia del capitán, quién me crio realmente fue mi tía. No podía desahogarme con mi mamá por todo lo que estaba viviendo como parte de la base, no tenía el valor de decirle como eran los entrenamientos, como me adiestraron mentalmente para no dejar que mi poder se saliera de control, como me enseñaban las consecuencias de hacer algo mal. Tan solo era una niña, pero nunca fui inocente del mundo, porque ya sabía lo que significaba quitar una vida. Por lo que me prometí nunca hacerlo de nuevo, lo que me llevó a dejar que la única que conociera mis demonios sea mi tía. Por ese tiempo mamá estaba más ocupada con Vivi, ya que por ser una chica dulce no estaba hecha para los entrenamientos de la base, así que yo los hacía por las dos. Claro que mamá siempre me demostró que me amaba, pero nunca tuve el valor de mostrarle mi lado malo, así que mi tía se volvió mi ancla que soporta mi dolor mientras que mamá se volvió mi oasis. Si no hubiera sido por ellas dos, de seguro termino con problemas mentales.
—Vamos con tu madre. —Ella sonríe y toca el botón para abrir la puerta del auto.
Ambas subimos y nos damos cuenta de que el auto es automatizado puesto que no tiene chofer. Parece ser pequeño en el exterior, pero lo cierto es que tiene suficiente espacio para que dos personas se relajen después de un largo viaje, incluso tiene una especie de pantalla para disfrutar de la película de la semana, o escuchar música hasta llegar a su destino. Suspiro, resignada a aceptar este trato. El rey tiene la meta de ganarse mi cariño, pero no tiene idea de cómo hacerlo.
—Hola, bienvenidas y gracias por preferirnos. —Dice la IA del auto —. Mi nombre es Sharon, y necesito confirmación del lugar al que van.
—Hola Sharon, vamos a Las Casas Altas. —Dice mi tía.
—Destino confirmado. Por favor, pónganse cómodas que llegaremos, en máximo, treinta minutos. —Dice Sharon, encendiendo el auto.
Mientras siento como el auto vibra me recuesto en mi asiento y veo por la ventana. Al principio veo las calles abarrotadas de personas que van a sus destinos después de llegar, pero luego la vista de la ciudad me llama la atención. Todo está lleno de luces y publicidad holográficas, altas edificaciones, autos voladores, IAs acompañando a sus amos y personas con diferentes tipos de implementos adornando sus cuerpos. No me sorprende este tipo de vistas porque ya las he tenido en mis viajes, pero me sorprende mucho tener el tiempo y la oportunidad de estudiarlos de cerca. Cierro mis ojos para absorber los lentes de contacto y ver todo sin filtro, haciéndome sonreír por toda la contaminación que entra en las personas debido a las cosas que abundan en el aire. Luego de varios minutos, llegamos al final de la ciudad y salimos a un lugar donde reina la vegetación, de no ser por los caminos pavimentados, pensaría que estamos yendo a un lugar de fantasía. Por fin comienzo a ver algo parecido a la civilización cuando veo casas clases media-alta, con hermosos jardines y varias familias vestidas de manera pudiente.
—En cinco minutos llegamos a su destino. —Avisa Sharon.
Vuelvo a cerrar los ojos para dejar que mis lentillas hagan su trabajo mientras respiro profundo sintiendo mi corazón latir con rapidez. Llevo mi mano al pecho esbozando una pequeña sonrisa, sintiendo la emoción de llegar. Luego de varios minutos, nos acercamos a una casa grande de dos pisos, con puerta y ventanas blancas, con un hermoso jardín al frente que resalta las flores favoritas de mamá. Tiene una especie de porche en la parte de enfrente con columnas blancas y baranda de madera, donde veo a ocho personas esperando. Apenas nos detenemos, veo como una Vivian emocionada baja las escaleras del frente para acercarse al auto, pero grande es su decepción cuando ve bajar a mi tía.
—Hola tía. —Saluda cabizbaja, haciéndome sonreír.
—Valla, pero que emoción. —Dice Mónica sarcástica, sacándole una risa divertida a mamá que la abraza feliz de verla.
—Es bueno volver a verte. —Saluda mamá, pero me busca con la mirada —. ¿Y mi Sandy?
Mi tía voltea extrañada porque no he bajado y suspira al entender porque ambas están tan decepcionadas por no verme. No pueden ver dentro del auto debido a que tiene vidrios polarizados, y quería aprovecharme de eso para torturarlas un poco. Pero condolida con ellas presiono nuevamente el botón para abrir la puerta y bajar. Apenas entro en el campo de visión de Vivian, está no pierde oportunidad para abrazarme y gritar feliz de verme, lo que inicia su diatriba imparable.
— Sandy, Sandy, Sandy, Sandy. —Repite en mi oído —. ¡Estás aquí! ¿Por qué si estás aquí verdad? No estoy soñando, no me drogo, no estoy teniendo una alucinación. ¡De verdad mi hermana está aquí! —Por fin me suelta para verme a los ojos mientras toma mi cara entre sus manos —. Te estoy sintiendo, no eres un producto de mi imaginación, así que de verdad estás aquí. —Se tapa la boca mientras unas lágrimas se acumulan en sus ojos —. Vamos a poder hacer pijamadas como cuando éramos niñas, vamos a estudiar juntas, te enseñaré todas mis películas favoritas, compraremos muchas cosas, nos divertiremos...
Se detiene cuando pongo mi mano en su cabeza, pues se estaba emocionando tanto que casi termina hiperventilando y lo último que necesito es que ella se desmaye. Coloco mi frente sobre la suya y le sonrío.
—Estoy en casa. —Susurro y ella me vuelve a abrazar mientras algunas lágrimas salen de sus ojos.
Mamá, esperando su turno para abrazarme, por fin se me acerca llorando emocionada para envolvernos a Vivi y a mí. No dice nada, pero mi lectura de su sistema me dice lo emocionada que está por verme. Veo acercarse a Philip y a sus hijos, quienes hablan con mi tía mientras mamá y Vivi pasan la emoción del momento. Mamá se separa y comienza a llenar de besos toda mi cara.
—Estás hermosa mi niña. —Dice feliz sin soltar mi rostro —. Te extrañé tanto, estaba tan preocupada...
—Aquí estoy, es lo que importa. —Digo acariciando su cabello, robándole una sonrisa tranquilizadora —. Ahora, no es muy educado acapararlas. —Veo a Philip y a los chicos.
—Tienes razón. Lo siento. —Dice mamá respirando profundo para calmarse, y sonríe al ver que Vivi no se ha separado de mí —. Vivian, tu hermana necesita respirar.
—Lo siento, ¿te abracé muy fuerte? —Dice ella separándose mientras me ve asustada.
—Nada que no pueda manejar. —Guiño un ojo divertida, pues sí que tiene fuerza para brazos tan delgados.
—Por ahora, déjame presentarte primero a Philip. —Dice mamá tomando al hombre del brazo.
—Mucho gusto. —Extiende una mano que tomo educada, mientras estudio su sonrisa —. Había escuchado mucho de ti de Casi y Vivi, así que es bueno al fin verte en persona.
Sonrío educada.
—También es un gusto conocerte. Vivi habla tanto de ti que pensé eras un ídolo o algo así. —Suelto maligna, logrando que mi hermana se sonroje y mi tía disimula la risa que amenaza con escapar.
Él ríe divertido, y noto que sus hijos están disimulando sus risas.
—Ya veo. Espero no haberte decepcionado por ser alguien normal. —Dice divertido.
—Para nada. Vivo rodeada de personas tan importantes, que tu presencia normal es un soplo de aire fresco. —Ataco para probar.
—Te entiendo. Vivo rodeado de mujeres tan puras, que tener a alguien maligna frente a mí de verdad es diferente. —Señala devolviéndome mi ataque, sin borrar su risa divertida.
La verdad no sabía que pensar de él, conocerlo a través de la información que investigó Atom no era suficiente, por lo que tenerlo de frente para mí era necesario. Primera impresión, debo tener cuidado con él. Nadie había sido capaz de ver mi capacidad maligna a la primera ni, aunque fuera tan obvia como ahorita, podía ver de lo que soy capaz de hacer. Pero si él se había dado cuenta, significa que es más capaz de lo que decía su currículo y tengo que tener mucho cuidado. Sin embargo, no siento en él nada que me indique que tiene la guardia alta o que esté preparado para algún peligro, y para ser alguien que obtuvo un alto mando, no creo que sea algo normal; o a lo mejor si está en guardia, pero no contra mí. Aparte del capitán, nadie me había hecho dudar tanto.
Estar aquí será más interesante de lo que esperaba.