CAPÍTULO DOCE La misma sensación de tranquilidad que Oliver había sentido en la Capilla Sixtina permanecía en él mientras seguían al boticario a través del puente hacia Roma. Pero justo cuando llegaron al final del puente, algo muy extraño llamó la atención de Oliver. Detrás de los matorrales había unos colores brillantes y parecían muy artificiales en este entorno. —¿Qué es eso? —dijo Oliver en voz alta, alejándose del resto del grupo. David lo siguió de cerca a su lado, dejando a los demás a la espera. Cuando llegó al seto, Oliver lo apartó con un brazo. Soltó un grito ahogado ante lo que vio. Había tres nombres garabateados con pintura de grafiti sobre la piedra. «Madeleine». «Natasha». «Chris». El shock se apoderó de él. Conocía la letra de su hermano a la perfección. Chris estab

