Cuando terminaron de disfrutar de la función contratada para el cumpleaños de Silvana, ya no había mucho por hacer. Entre risas y expresiones nada recatadas de alegría, las mujeres comenzaron a despedirse en la puerta del club. — ¿Dónde rayos está Silvana? — preguntó Nereida, al notar que había desaparecido súbitamente. — Fue al baño, — respondió Sandra — aseguró que pronto nos alcanzaría. — Pues ya vienen por mí, despídanme de ella. — les pidió Luciana, al comprobar que el transporte que solicitó ya había llegado. Con el pasar de los minutos, casi todas se retiraron. Excepto por Amelia, quien estaba determinada a hablar con Bautista. No podía explicarlo, pero sentía que tenía que ayudarlo, que era importante. Entonces, miró por la puerta de cristal del local y en el pasillo observó n

