Kevin.
El primer día de clases había sido un día bastante largo, temprano me había topado con una chica en la parada de colectivos, al principio me preocupé por ella porque parecía no sentirse bien, chocó su cara en mí pecho menos mal que estaba sentada de lo contrario se habría caído y lástimado, cuando sus ojos se abrieron me quedó mirando de la misma manera que todas las demás chicas lo hacían, me clavó la mirada y comenzó a recorrerme de manera un poco descarada, sin reparos, sabía que le gustaba lo que veía, y eso hizo que internamente me riéra, por lo general las chicas solían disimular pero ella no lo hizo, le pregunté por segunda vez si estaba bien para que dejará de mirarme de esa manera, había salido con las chicas más hermosas del colegio y fuera de este, y está chica no lo era para nada.
Lautaro me había dicho que pasaría por mí en la parada de colectivos debido a que Milagro, mí hermana se había quedado a dormir con Azul, quien es hermana de mí amigo, siendo ellas también mejor amigas.
—¿Quién era esa chica? —preguntó Lautaro ni bien subí al coche en el asiento del copiloto.
—No tengo idea, solo la encontré ahí —le reste importancia, no me interesaba.
—Se ve linda —opinó mí hermana.
—Además de boba eres ciega, esa chica es bien fea, aunque por lo que ví le gusté, aunque es obvio —dije con superioridad.
—No le hables así a tu hermana —me reprendió Lautaro. Cuando no defendiendo a los desfavorecidos.
Lautaro era mí mejor amigo desde que tengo memoria, nuestras madres son amigas desde antes que nosotros naciéramos y por ende nos hicimos amigos, en un tiempo vivíamos a casas de por medio pero como su papá biológico tiene dinero, cuando se casó con su mamá cuando él tenía cuatro años, se mudó a una casa más grande a un mejor barrio, pero solo a diez minutos de mí casa, por lo general pasaba a buscarme para ir a la escuela, porque le habían comprado un auto, pero últimamente teníamos muchas diferencias haciendo que discutiremos bastante, él siempre tratando de apaciguar las cosas, defendiendo a todo el mundo, mientras yo era todo lo contrario a él, enseguida me enojaba y quería resolver todo a los golpes, no iba a dejar que nadie se metiera conmigo. Además Líam y Salvador a quienes conocimos al empezar el secundario y con quienes nos habíamos vuelto inseparables me animaban a descargarme, éramos nosotros cinco, con Pedro quién era más tranquilo al igual que Lautaro, con él nos hicimos amigos en la primaria.
—Es mí hermana le hablo como quiero —dije fastidioso. Sabía que ella tenía un amor platónico por él, y el que siempre la esté defendiendo le hacía crecer las esperanzas a ella de que entre ellos algún día podría llegar a pasar algo, y eso nunca iba a suceder, era como insesto, su hermana era como la mía y la mía debía ser como la de él, teníamos códigos y sabía que él nunca me traicionaría, además de nunca mostrar interés romántico por ella, él era bueno con todo el mundo, será por eso que nos llevábamos tan bien, somos polos opuestos, muchas veces evitaba a qué terminé a los golpes. Además Lautaro estaba de novio hacía un año ya con Analía, no me caía muy bien la verdad, pero tampoco es que haya hecho algo malo, aunque le advertí a él que se abusaba un poco, Analía le pedía que le comprara muchas cosas, ropa zapatillas etc, me importaba porque él es mí amigo pero aunque le advertí él me repetía que lo hacía porque era su novia y eso hacían los novios, era una relación bastante tóxica, pero no le insistí más, no era mí dinero. Yo tenía un gusto particular por las chicas, su apariencia era lo más importante para mí, como comenté anteriormente mis antiguas novias eran realmente hermosas.
Mí amigo condujo hasta la casa de su novia cuando llegamos abrí la puerta dejándole el lugar de copiloto, y pude percibir como mí hermana rodó los ojos y puso cara de molestía, entre cerré los ojos en modo de advertencia, y ella inmediatamente miró para la ventanilla. Azul se movió para el asiento del medio dejándome espacio.
—Hola amor —dijo fuerte la novia de mí amigo dándole un apacionado beso en los labios, sabía que lo hacía a propósito para molestar a mí hermana y lo agradecía ella debía olvidarse de él.
Llegamos al colegio con bastante tiempo de anticipación, en cuanto bajé del auto hice unos pasos y Aylen se tiró literalmente encima mío devorándome la boca, ella era mí novia es una rubia muy hermosa con un cuerpo de infarto, no era la primera vez que estábamos juntos, rompiamos y volvíamos todo el tiempo, no estaba enamorado, pero había química entre nosotros, nos pedíamos un tiempo salíamos con otras personas y volvíamos, siempre volvíamos. Una semana antes del comienzo de clases habíamos vuelto a salir.
—Hola —saludó con una sonrisa cuando pudimos despegar nuestros labios y caminamos de la mano hasta entrar a la escuela, algunos nos miraron sorprendidos, otros desilusionados y otros con expresiones como era obvio que volverían, nos despedimos con un beso y cada uno se fue con sus respectivos compañeros.
Cómo todos los años la directora dio un discurso de bienvenida y me pidió que la ayudará como integrante del centro de estudiantes, en ese mismo momento sentí una mirada poderosa, y era curioso porque estando en el escenario todo el mundo lo hacía, algunos con bronca otros con admiración y muchas chicas suspirando. Las palabras de bienvenida terminaron, y todos los estudiantes nos fuimos a nuestro salón.
Aylen como dije anteriormente iba al otro curso y me extrañó no verla en la fila, pero no era celoso, porque ella sabía que cuando estábamos juntos debía ser incondicional, no iba a permitir ser un cornudo, por eso pasábamos tiempos separados.
Caminamos al salón con mis amigos entre risas y bromas.
—Viste esa chica —me codeó Salvador y con la barbilla señaló a una chica que estaba de espaldas caminando delante de nosotros —, tiene un cuerpo de infarto, mira ese trasero, lástima que sea tan fea —no se me hacía familiar.
—Cuando no tan superficial —se quejó Lautaro.
Ella giró un poco y noté que era la misma chica que me había encontrado temprano en la parada de colectivos, la recorrí con la mirada y era verdad tenía un cuerpo muy formado.
—No estoy hablando con vos pollerudo. No está tu novia presente, no te va a retar si opinas de una chica —se burló de él, Lautaro rodó los ojos y caminó más rápido dejándome con Salvador.
—Podría acostarme con ella —comentó entrando al salón de clases, Salvador era así, se acostaba con cualquiera que use faldas.
—No creo que tengas posibilidad, me la encontré en la parada de colectivos y quedó flechada por mí —declaré arrogante.
—Me imagino que no saldrás con ella porque no está en tu estándares, además no vas a dejar a Aylen por esa fea.
—¿Pero recién cuando te la querías tirar no era fea?.
—Nunca dije que no lo sea, pero yo tengo necesidad, además no tengo estándares, no tendría ningún problema de acostarme con ella sería solo una vez, nadie debe enterarse.
—Jamás me le tiraría —reconocí llegando a mí lugar y me senté al lado de Lautaro como siempre desde que íbamos al kinder.
—¿No entiendo cómo lo aguantas? —manifestó molesto.
—Es nuestro amigo.
—No, es tu amigo, mis amigos son tú y Pedro, a él solo lo aguanto porque está con vos —aclaró.
No seguí conversando porque llegó el profesor, después de dos horas de clases llegó la hora del receso, mí salón de clases quedaba al lado que el de Aylen así que pasé por ella para ir juntos a la cafetería, salió furiosa de allí.
—¿Qué pasó? —pregunté intrigado caminando juntos a la cafetería.
—Resulta que hay una chica nueva que es insoportable —manifestó muy molesta —, hizo que toda la clase se ría de mí —se señaló ella misma molesta —, ¡quién se cree que es esa idiota! —dijo entre dientes fastidiosa.
Escuchar eso me extrañó demasiado, nadie se metía con ella, todo el colegio respetaba a Aylen, escuchar eso despertó mí curiosidad de saber quién se había atrevido a enfrentarla, me pareció muy valiente por hacerlo, pero a la vez me daba pena de quién sería la nueva víctima de mí novia porque seguro no lo iba a dejar pasar y le haría la vida imposible.
—Bueno tranquila —declare queriéndome reír por lo molesta que estaba.
—No, tranquila nada, esa fea va a saber que nadie se mete conmigo —espetó.
Nos sentamos en una mesa donde se encontraban ya acomodados mis amigos y Analía, ellos habían comprado algo ya para comer y estaban cebando mate.
—Hoy tenés un partido de fútbol con los del otro curso.
—Sí, a ese Eric se la tengo jurada, más le vale que baje los ánimos hoy.
—Ese es mí amigo —choco los cinco Líam —, le vamos a enseñar a respetar.
—Sí amor tienes que ganarles a ese par de perdedores —dijo Aylen tomándome de la cara y dándome un beso apasionado.
—No tienen que ponerse así es solo un juego, no es la copa del mundo —Lautaro dice eso para tranquilizar los ánimos puesto que hay pica (conflictos) con los del otro curso.
—Cuando no el cobarde —lo provoca Salvador.
—Hey tranquilo —amenacé levantando una ceja, no iba a permitir que hable de mí amigo así, Salvador levanta las manos y no dice más nada.
—Esa es la chica que te comenté —señala disimuladamente, me extrañó que sea la misma chica que vi esta mañana —. Es bien fea la pobre — pudo cara de desprecio —, pero me va a conocer y terminará humillada —pude ver su cara de venganza y me daba mucha pena esa chica, definitivamente no sabía con quién se había metido.
La hora del recreo terminó y también el primer día de clases. Nos tocaba jugar al fútbol con el otro curso, odiaba a ese tal Eric sobré todo cuando Aylen me contó que le pidió para salir estando ella conmigo, no me hubiese molestado que lo haga cuando estábamos separados, pero me quería hacer pasar por cornudo y eso nunca se lo iba a perdonar.
El partido comenzó e hice un gol que célebre gritándole el gol en la cara a ese idiota y luego dándole un beso apasionado a Aylen. Pero cuando los del otro curso nos empataron y terminaron haciendo el segundo gol todo se pudrió, Eric quiso refregarme el gol de su amigo y terminé dándole un puñetazo a lo que él me lo devolvió, todo terminó en caos y el partido se suspendió.
Resulta que la chica nueva es amiga de Eric y Bruno y la pelirroja, quien tuvo algo una vez con Liam, ella fue a calmar los ánimos a sus amigos.
Cuando llegué a casa y mí madre vio mí ropa sucia, me comí un sermón diciendo que tenía que calmarme y que no todo se arreglaba a los golpes, seguro mí papá hablaría conmigo cuando llegara del trabajo esperándome otro sermón.
Por la tarde salí a correr como hacía todos los días, era lo mejor después de un día intenso, mientras corría sentí una mirada extraña, era la misma sensación que sentí hoy en el discurso de la directora, mire a para todos lados pero no vi a nadie, quizás solo era mí imaginación.