Capítulo 10

2134 Words
De hecho, pudo utilizar pudo utilizar su propio sistema de organización, ya que al parecer, David no tenia ninguno. El apareció en la puerta cuando solo habia vaciado una de las bolsa, y comentó: -No hay teléfono. -¿Qué? -No hay línea suele pasar cuando hay tormenta. -Vaya. ¿Suele tardar mucho en arreglarse?- dijo ella, que si habia quedado inmóvil con una lata de sopa en la mano. -Depende. A veces tarda hora, y a veces una semana. Mariana enarcó una ceja, pero entonces se dio cuenta de que él estaba hablando en serio.  -Supongo que eso me deja en sus manos,señor Monterrey. El metió los pulgares en los bolsillo delantero de sus pantalones, y dijo con calma: -Entonces, será mejor que me llames David. Mariana frunció el ceño y bajo la mirada hacia la lata que seguía sosteniéndolo; cuando las cosas se torcían, uno tenia que intentar mirar el lado positivo.  -¿Quieres un poco de sopa?. -Si. Iré a... dejar tus cosas en el dormitorio. Aquella mujer era de armas a tomar, decidió David mientras llevaba la maleta de ella a su habitación. Aunque él no era ningún experto en el sexo femenino, tampoco podía considerarse un completo novato, y habia notado que ella ni siquiera habia parpadeado al saber que no habia teléfono y que se había quedado incomunicada del resto del mundo junto a él. David se miró en el espejo que habia sobre su viejo tocador. Que el supiera que nadie lo habia considerado inofensivo hasta ese momento. Esbozo una sonrisa traviesa; de hecho, no siempre ha sido exactamente inofensivo. Pero aquella situación era completamente diferente, claro.  Bajo otras circunstancias, seguramente habría disfrutado de algunas saludables fantasías sobre sus inesperada invitada. Aquella cara...habia algo especial e indefinible en su increíble belleza, y cuando un hombre la miraba, automáticamente empezaba a imaginarse cosa; sin embargo, aunque no hubiera estado embaraza, las fantasías no habrían ido mas allá.  Nunca habia sido hombre de aventura ni de líos de una noche y en ese momento no estaba preparado para tener una relación: Se habia mantenido célibe durante los últimos meses, ya que el deseo de pintar lo habia vuelto a seducir por fin y no necesitaba nada más. Pero desde un punto de vista practico, lo cierto era que tenia una invitada, una mujer sola y embarazada, además de muy enigmática. No se le habia escapado el hecho de que no habia mencionado su apellido, ni le habia dado información alguna sobre su identidad o las razones por las que viajaba.  Como dudaba que hubiera atracado un banco o que fuera una espía internacional, decidió no presionarla demasiado de momento para conseguir información. Pero teniendo en cuanta la virulencia de la tormenta y lo aislada que estaba la cabaña lo más probable era que tuvieran que pasar varios días juntos, así que e prometió descubrir más cosas sobre la serena y misteriosa Mariana. Mientras contemplaba su propio reflejo difuso en el plato que sostenía en la mano, Mariana se pregunto de nuevo que iba hacer en aquellas circunstancia.  Estaba atrapada sin poder llegar a Denver, Los Ángeles o a alguna enorme ciudad lo suficientemente lejos de Boston donde poder desaparecer.  Si no hubiera sentido la necesidad imperiosa de ponerse en marcha esa mañana si se hubiera quedado en la habitación de aquel pequeño motel otro día más, quizás a esas horas seguiría teniendo algo de control sobre la situación. Pero no habia sido así, y en ese momento se encontraba en aquella cabaña, con un perfecto desconocido.Y además no era un hombre cualquier, sino David Monterrey, un pintor adinerado y respetado que provenía de una familia igualmente adinerada y respetada. Estaba segura de que no lo habia reconocido al menos de momento, y se pregunto lo que pasaría cuando el se diera cuenta de quien era ella, y de quien estaba huyendo. Era posible que los Ramirez fueran amigos  de los Monterrey, y la sola idea hizo que su mano se posara sobre su vientre en un gesto instintivo y protector. No le quitarían a su hijo sin importar el dinero que tuvieran ni lo poderosos que fueran, no iban a poder arrebatárselo, y si esta en sus manos, jamás lograrían encontrarlos, ni a ella ni a su bebé.  Mariana dejó el plato y se volvió hacia la ventana. Era extraño mirar hacia afuera y no mirar nada, y la reconfortaba la idea de que nadir pudiera verla desde el exterior. Estaba escondida tras una cortina de nieve del mundo entero... O casi, se corrigió al pensar de nuevo en David. Siempre prefería buscar el lado bueno de las cosas cuando no le quedaba otro remedio, así que le dio vueltas a la idea de que a lo mejor la tormenta habia sido una bendición nadie podría seguirle la pista con aquel tiempo, y dudaba que alguien se le pasara por la cabeza buscarla en una pequeña cabaña perdida en medio de las montañas.  Allí podía sentirse más o menos segura, y decidió aferrarse a ello. Oyó a David moverse en la habitación de al lado, el ruido de su pasos en el suelo de madera, y el sonido de un tronco en la chimenea. Después de tantos mese de soledad, incluso el mero sonido de otro ser humano la reconfortaba. -Señor David- se asomo por la puerta y lo vio colocando bien la pantalla protectora que habia delante del fuego-.¿Podrías despejar una mesa? -¿Para que? -Para que podamos comer...sentados. -Ah, si. Ella volvió a meterse en la cocina, mientras él intentaba pensar lo que iba hacer con las pintura, los pinceles y demás artilugios que cubría en total desorden la mesa que en su día se habia utilizado para comer. Irritado por tener que renunciar a su espacio fue dejando las cosas por su habitación. -También he preparado unos bocadillos- dijo Marina, al volver de la cocina con platos, vasos y cubiertos sobre una bandeja metálica de horno un poco torcida. Avergonzado y algo nervioso David fue hacia ella y se la quitó de las manos. -No deberías de cargar tanto peso- dijo en tono brusco. Ella enarcó las cejas. Primero sintió sorpresa, ya que nadie la habían mimado nunca, y aunque su vida nunca habia sido fácil en los últimos siete meses, se habia vuelto bastante dura. Después sintió gratitud y lo miro con una sonrisa. -Gracias,pero soy muy cuidadosa. -Si eso fuera verdad estaría en tu cama con las piernas en alto, y no atrapada en la nieve conmigo.- -Es importante hacer ejercicio-dijo,aunque se sentó y dejó que el pusiera la mesa-.Y también lo es comer-cerró los ojos, disfrutó del aroma simple y fortificante de la comida-. Espero no haber gastado demasiado cosas, pero una vez que he empezado, no he podido parar. -No pasa nada -dijo él, al agarrar medio bocadillo de queso, beicon y rodajas de tomate. La verdad que era que se habia acostumbrado a comer de pie en la cocina, y aquella comida caliente preparada sin prisas se saboreaba mas sentado y con un plato. -Quiero pagarte por la comida y el alojamiento. -No hace falta David una cucharada de sopa de pescado mientras la observaba. La forma en que ella levantaba la barbilla revelaba su orgullo y su fuerza de voluntad, y creaba un interesante contraste con su piel cremosa y su cuello esbelto. -Te lo agradezco, pero prefiero pagar por lo que recibo. Esto no es el Hilton -David se dio cuenta de que ella no llevaba ninguna joya, ni siquiera un anillo- Tú has cocinado, así que estamos en paz. Mariana quiso protestar, su orgullo se lo exigía, pero lo cierto era que tenia poco dinero, aparte de los ahorros para el cuidado del bebe que habia guardado en el forro de la maleta. -Muchas gracias -tomo un sorbo de leche, aunque no le gustaba nada , mientras inhalaba el delicioso y prohibido aroma del café -. ¿Llevas mucho tiempo aquí en Colorado? -Unos seis meses...no, siete. Aquello le dio algo de esperanza. Por el aspecto dela cabaña, no creía que el pasara demasiado tiempo leyendo el periódico, y no habia visto ninguna televisión. -Debe ser un sitio fantástico para pintar. -De momento si. -Cuando he entrado no podía creerlo, he reconocido tu trabajo enseguida. Siempre lo he admirado, de hecho mi... un conocido mio compro varias obras tuyas. Una de ellas era una enorme selva, parecía como si uno pudiera perderse en ella y estar completamente solo. David recordaba el cuadro, y por extraño que pareciera, le habia transmitido la misma sensacion. No estaba seguro, pero creía que lo habia comprado alguien del este...de Nueva York o Boston, quizás de Washington. Si la curiosidad que sentía por aquella mujer no se desvanecía, una simple llamada a su agente bastaría para refrescarle la memoria. -No has mencionado de donde vienes. -No -se limito a contestar ella. Aunque su apetito habia desaparecido, siguió comiendo. ¿Como habia podido ser tan tonta como para describirle el cuadro? El comprador habia sido Tony, que simplemente habia chasqueado los dedos y habia hecho que sus abogados lo compraran en su nombre, porque a ella le habia gustado. -Llevo un tiempo en Dallas -admitió al fin. Habia vivido allí dos meses, asta que se habia enterado de que los detectives contratados por los Ramirez estaban investigando discretamente sobre su paradero. -No tienes acento texano- comento él. -No, supongo que no. Debe de ser por que he vivido por todo el país -aquello era cierto, y Mariana consiguió sonreír de nuevo -. Tú no eres de Colorado. -San Francisco. -Sí, recuerdo haberlo leído en un articulo sobre tu trabajo y tu vida -decidió hablar sobre él. Por experiencia, sabia que los hombres se distraían fácilmente si eran el centro de la conversación -. Siempre he querido visitar San Francisco, parece un sitio precioso con la bahía, las casas antiguas...-soltó un grito sofocado, y se toco el vientre. -¿Que pasa? -Nada, el niño esta un poco inquieto. Aunque ella volvió a sonreír, David noto que sus ojos tenían sombras de cansancio y que habia palidecido otra vez. -Mira no tengo ideas de embarazos, pero el sentido común me dice que deberías de estar tumbada. -La verdad es que estoy cansada. Si no te importa me gustaría echarme un rato. -La cama esta allí- él se levanto, y como no sabia si ella podría hacerlo por si sola, le ofreció una mano. -Lavare los platos después sí...-su voz se desvanecía cuando le flaquearon las piernas. -Espera - David a rodeo con los brazos, y experimento la extraña y apabullante sensacion de notar como el bebe se movía contra él. -Lo siento. Ha sido un ida muy largo, y supongo que me he excedido un poco -Mariana sabia que debería apartarse de él, pero habia algo delicioso en poder apoyarse en el duro y solido cuerpo de un hombre -. Estaré bien después de una siesta. No se rompió en mil pedazos, como el habia creído al principio, pero parecía tan suave y delicada que David se la imagino disolviéndose en sus manos. Habría querido reconfortarla, seguir abrazándola y sentirla apoyada contra él, confiado en él, necesitando lo. Se dijo que era un tonto por pensar así, y la alzo en brazos. Mariana empezó a protestar, pero se sintió aliviada al poder descansar los pies. -Debo de pesar una tonelada. -Eso esperaba, pero la verdad es que no. Ella se echo a reír, a pesar de lo exhausta que estaba. -Eres todo un galán, David. El sintió que su incomodidad se iba desvaneciendo mientras la llevaba al dormitorio. -No suelo filtrear con mujeres embarazadas. -No te preocupes, te has redimido al salvar a esta de una tormenta de nieve -con los ojos cerrados, Mariana sintió que la dejaba sobre una cama. Quizás no fuera mas que un colchón y una sabana arrugada, pero se sintió en la gloria -. David, muchas gracias. -Estas diciendo eso cada cinco minutos-la cubrió en un edredón que habia visto tiempos mejores y añadió-.si de verdad quieres darme las gracias duérmete y no te pongas de parto. -Vale.¿David...? --¿Que? -¿Seguirás comprobando si ha vuelto la linea del telefoneo? -Si -ella estaba casi dormida, y David sintió una punzada de culpabilidad por presionarla estando tan vulnerable, ya que en esos momentos no aprecia capaz ni de espantar a una mosca, pero aun así no puedo evitar preguntarle -:¿quieres que llame a alguien por ti?, ¿a tu marido? Mariana abrió los ojos. Aunque estaban nublados de cansancio, lo miro con expresión seria y él se dio cuenta de que aun seguida mas que alerta. -No estoy casada -dijo ella con claridad diáfana -. No hay nadie a quien llamar.
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