David estaba sentado a la mesa donde habían comido, esbozando la cara de Mariana y pensando en ella cuando la oyó gritar. El sonido fue tan desgarrador tan cargado de desesperación, que rompió el lápiz en dos antes de levantarse de un salto y salir corriendo hacia el dormitorio.
-Oye, ya esta - la tomo por los hombros sin saber que hacer, pero cuando ella empezó a sacudirse con fuerza, David tuvo que luchar por controlar su propio pánico -. Tranquila, Mariana, ¿te duele algo?.¿es el niño?. Mariana, dime lo que pasa.
-¡Me han quitado a mi hijo! -su voz rebosaba histeria, pero entrelazada con furia-. ¡Ayúdame!, ¡Me han quitado a mi hijo!
-Nadie te ha quitado a tu hijo -ella seguía luchando contra él con una fuerza sorprendente, y de forma instintiva la rodeo con los brazos -. Ha sido un sueño, tu hijo esta bien, mira - la agarro por la muñeca, donde el pulso latía desbocado, y la obligo a poner la mano sobre su vientre -. Los dos estáis a salvo, relájate antes de que te hagas daño.
Cuando sintió la vida que latía bajo su mano, Mariana se derrumbo contra David. Su bebe estaba seguro en su interior, donde nadie podía tocarlo.
-Lo siento he tenido una pesadilla.
-No pasa nada -sin ser consciente de ello, David empezó a acariciarle el pelo, a acunarla como ella habia hecho con el niño de sus sueños, a mecerla con ternura en un movimiento ancestral de consuelo-. Haznos un favor a los dos, y relájate.
Mariana asintio, sintiéndose protegida y abrigada, algo que habia experimentado en escasas ocasiones a lo largo de sus veinticinco años de vida.
-Estoy bien de verdad. Supongo que es le trauma del accidente.
Él se aparto de ella, enfadado consigo mismo al darse cuenta de que quería seguir abrazándola, amparándola. Cuando ella le habia pedido ayuda, habia sabido que haría lo que fuera por protegerla, aunque no habia entendido por que. Era como si hubiera estado inmerso en su propio sueño, o como si de alguna forma hubiera entrado a formar parte del de ella.
En el exterior seguía cayendo una cortina de nieve, y la única luz del dormitorio era la que entraba desde la sala de estar. Era tenue y ligeramente amarillenta, pero aun isa podía ver a Mariana con claridad y sabia que ella también podía verlo. Quería respuestas, y las quería en ese mismo momento.
-No me mientas. En circunstancias normales no me metería en tus asuntos personales, pero solo Dios sabe por cuanto tiempo vas a tener que estar bajo mi techo.
-No te estoy mintiendo -dijo ella, con voz tan calmada y firme, que harria sido muy fácil creerla-. Perdona si te he alarmado.
-¿De quien estas huyendo Mariana?
Ella se quedo mirándolo con aquellos enormes azules sin decir palabras. David se levanto de golpe y empiezo a pasearse de un lado a otro de la habitacion, pero ella permaneció inalterable; sin embargo, cuando él volvió a sentarse en la cama con un gesto brusco y le tomo la barbilla, ella se quedo tan inmóvil que él habría jurado que por unos segundos habia dejado de respirar. Aunque la idea era ridícula, tuvo la sensacion de que estaba preparándose para recibir un golpe.
-Sé que tienes algún problema, y quiero saber lo grave que es, ¿quien te persigue, y por que?
Ella permaneció muda, pero movió una mano instintivamente para proteger a su hijo que llevaba en su seno. Como era obvio que el bebe era la clave del asunto, David decidió empezar por allí.
-Tu hijo tiene un padre -dijo con lentitud-¿ Estas escapando de él?
Ella negó con la cabeza.
Entonces, ¿de quien?
-Es algo complicado.
El enarco una ceja, y señalo con la cabeza hacia la ventana.
-Tenemos un montón de tiempo. Si el tiempo sigue así, puede que pase una semana hasta que vuelva a abrirse las carreteras.
-Me iré en cuanto este despejado. Cuanto menos sepas, mejor sera para los dos.
-No me vengas con esas -David permanecido unos segundos en silencio, mientras intentaba aclarar las ideas-. Creo que el bebe es muy importante para ti.
-No hay nada que sea o pueda serlo mas.
-¿Crees que la ansiedad que llevas encima es buena par él?
Él vio el instantáneo brillo de dolor en sus ojos, la preocupación, y la forma casi imperceptible en que pareció encerrarse en si misma.
-Algunas cosas no pueden cambiarse -Mariana respondió hondo, y añadió-: la verdad es que tienes derecho a preguntarme.
-Pero tú no piensas responderme, ¿verdad?
-No te conozco de nada, pero no tengo mas remedio que confiar en ti hasta cierto punto, y solo puedo pedirle que tú hagas lo mismo conmigo.
Él aparto la mano de su barbilla y dijo:
-¿Como se que puedo hacerlo?
Mariana apretó los labios, consciente de que el tenia razón; sin embargo, estar en lo cierto a veces no bastaba.
-No he cometido ningún delito, y no me persigue la policía. No tengo familia ni marido que me busque. ¿Te parece suficiente?
--No. Lo aceptare por esta noche porque tienes que dormir, pero hablaremos por la mañana.
Era un respiro...uno corto, pero Mariana habia aprendido a agradecer los pequeños regalos de la vida. Asintió y espero a que el saliera e la habitacion, cuando la puerta se cerro tras él y la envolvió la oscuridad, volvió a tumbarse en la cama. Sin embargo, tardo mucho, mucho tiempo en poder conciliar el sueño.
Mariana se despertó en medio de un silencio absoluto, abrió los ojos y espero a recordar donde estaba. Habia dormido en tantas habitaciones distintas, en tantos sitios, que estaba acostumbrada a sentirse desorientada al despertar.
Entonces lo recordó todo...David Monterrey, la tormenta, la cabaña, la pesadilla, y la experiencia de despertarse asustada y encontrar la protección de su abrazo; pero sabia que aquella seguridad era temporal, y que sus abrazos no eran para ella. Se volvió hacia la ventana con un suspiro y vio que, por dificil que fuera de creer, la nieve seguía cayendo, aunque no con tanta fuerza. Era obvio que aun no podía marcharse.
Coloco una mano bajo la mejilla, y siguió contemplando la cortina blanca que caía suavemente. Era fácil desear que la nieve no parara nunca y que el tiempo se detuviera para poder quedarse allí acobijada, aislada de todo y a salvo. Pero el hijo que llevaba dentro era prueba inequívoca de que le tiempo nunca se detenía, así que se levanto y abrió su maleta para estar presentable antes de volver a enfrentarse a David.
Al salir de la habitacion se dio cuenta de que David no estaba en la cabaña, y aunque debería haberse sentido aliviada, el ambiente acogedor hizo que se sintiera sola. Quería sentir su presencia, aunque solo fuera oyéndolo moverse en la habitacion. Se dijo que no importaba donde estuviera, así decidió ir a la cocina para preparar el desayuno.
Sin embargo, en ese momento vio la media docena de bosquejos que habia sobre la mesa, donde habia comido. Su talento como pintor era innegable,y se reflejaba incluso en unos simples esbozos a lápiz o a carboncillo, y Mariana sintió nervios y curiosidad por saber como la veía otra persona...no, no cualquiera, sino David en concreto.
Sus ojos parecía demasiado grandes, demasiados misteriosos, y su boca excesivamente suave y vulnerable. Mariana se paso un dedo por ella, y frunció el ceño. Habia visto su propia cara infinidad de veces en fotofobias tomadas desde el mejor angulo posible, y agenesia en la que aparecía cubierta seda, pieles y joyas. Su rostro y su cuerpo habían vendido litros y litros de perfume y auténticas fortuna en ropa y joyería.
Mariana. habia olvidado casi por completo aquella mujer, de quien se habia dicho que sería el rostro de los noventa, y que habia tenido brevemente el control de su propio destino en las manos. Pero aquella persona habia desaparecido, habia sido aniquilada.
La mujer de los esbozos era más suave,redondeada y frágil, pero por otro lado parecía más fuerte. Mariana levantó uno de los dibujos y lo contempló con atención, mientras se preguntaba si solo se estaba imaginando que veía aquella fuerza porque la necesitaba .
Al oír que la puerta se habría se volvió hacia ella, con el esbozo aun en la mano, y vio entrar a David, cubierto nieve y cargando un montón de leña.
-Buenos días. Parece que has estado ocupado, ¿No?.
El soltó un gruñido mientras se sacudía la nieve de las bota, al ir a colocar la leña junto a la chimenea, fue dejando un reguero húmedo a su paso.
-Creía que dormirías hasta más tarde.
-Lo habría hecho, pero el no a querido, dijo, dándose una suave palmadita en el vientre-. ¿Te preparo algo para desayunar?.
David se quitó los guantes y los dejó sobre la repisa de la chimenea.
-Ya he comido haste algo para ti.
Mariana espero a que se quitara el abrigo. Al parecer, las aguas habían vuelto aun cause mas o menos amigable.
-Parece que ya no nieva tanto- comento al fin.
El se sentó frente al fuego para quitarse las botas. Los cordones estaban prácticamente helados.
-Hay un mas de un metro de espesor, y no creo que pare en toda la tarde- comentó mientras sacaba un cigarro. Será mejor que te pongas cómoda.
-Parece que ya lo estoy- Mariana levantó el dibujo, y admitió: me siento alagada.
-Eres muy guapa-dijo él con naturalidad, mientras colocaba las botas delante del fuego para que se secaran-. No puedo resistirme a pintar cosas hermosas.
-Tiene suerte- Mariana dejó el dibujo sobre la mesa-. es mucho más gratificante ser capaz de reproducir algo bello, que ser hermoso sin más.
David enarcó una ceja al notar la nota casi imperceptible de amargura en su voz.
-Es extraño, pero cuando la gente cree que alguien es hermoso, casi siempre empieza a considerarlo un objeto- le explicó ella.
Se metió en la cocina sin añadir nada mas, y David se quedo sin saber que decir, con el ceño fruncido.Mariana preparó café para el y se paso la mañana arreglando la cocina, y David le dejo espacio para no agobiarla antes de que anocheciera, conseguiría las respuesta que buscaba, pero de momento se contento cn dejarla entretenerse mientras el trabajaba.
Tenia la impresione de que necesitaba mantenerse ocupada, aunque pensaba que lo lógico para una mujer en su estado habría sido pasarse el día durmiendo o descansando haciendo haciendo punto. Supuso que debía de ser energía nerviosa, o una estrategia para intentar evitar la confrontación que él le habia prometido la noche anterior.
Ella no lo bombardeó a pregunta ni se puso a mirar incesante sobro su hombro, así que la mañana paso sin pena ni gloria. En una ocasión, levantó la mirada y la vio sentada en un extremo del sofá, leyendo un sobre parto, y más tarde ella se puso a cocinar, y preparó un guiso que le hizo la boca agua.
Mariana no dijo gran cosa en toda la mañana, aunque él sabia que estaba esperando inquieta a que volviera a sacar el tema que habia quedado pendiente la noche anterior. A media tarde, que parecía bastante descansada, aso que tomó su cuaderno de esbozo y un trozo de carboncillo y empezó a trabajar mientras ella pelaba manzanas frente a él.
-¿Porque elegiste Denver?.
Lo único que revelo su sorpresa fue un movimiento brusco y casi imperceptible del cuchillo, pero Mariana no levanto la mirada ni dejó de pelar manzanas.
-Porque nunca habia estado allí.
-Dadas la circunstancias,¿No habrías estado mejor en un sitio que te resultara familiar.
-No.
-¿Porque te fuiste de Dallas?
Ella dejó la manzana que tenia en la mano, y agarro otra.
-Porque habia llegado el momento.
-¿Dónde esta el padre del bebé Mariana,?
-Muerto- dijo, sin el más mínimo rastro de emoción en la voz.
-Mírame.
Sus manos se detuvieron cuando levantó su mirada hacia él y David se dio cuenta de que estaba siendo sincera, al menos en lo que acabara de decirle.
-¿No tienes ningún familiar que pueda ayudar?
-No.
¿Y la familia del padre de tu hijo?
Ella se sobresaltó, y se hizo un corte en el dedo con el cuchillo. David dejó de inmediato su dibujo y le tomó la mano, y ella pudo ver de nuevo su propio rostro plasmado en el papel.
-Voy por una vendas.
-Es solo un rasguño- empezó a decir ella, pero David se marchó sin darle tiempo a seguir.