Habitación 101

1644 Words
Estaba emocionada por ser la voz de Cecil en esa nueva película, le interesó el proyecto desde que los productores le dieron el guion, era un musical y estaba encargada no sólo de cantar, sino también debía componer dos tercios del soundtrack, y aunque su amiga se veía algo reacia a compartir el estelar, aceptó casi enseguida, ya que dicho le daría aún más fama. Llegó tarareando al sanatorio mental, y aunque había estado ocupada, ese día era especial, traía un pastel marmoleado entre las manos. Al entrar en la habitación 101, la mujer pelirroja que estaba sentada en su cama junto a la ventana, miraba hacia el jardín con ojos soñadores, mientras escuchaba Chopin, Nocturne in C Sharp Minor No. 20. Evelyn cerró sus ojos y apreció la melodía, aunque no quedaba nada de la mujer que escuchaba con atención cada una de las experiencias de su pequeña hija, al menos en eso su madre no había cambiado, agradecía de corazón que amara la música y que le hubiese enseñado a tocar el piano. Al sentir la presencia en la puerta la mujer volteó a verla. —¿Quién eres? — preguntó algo incómoda. Debido a su enfermedad, su madre pocas veces la reconocía, y a veces la mejor forma de poder estar con ella era seguirle el juego. —Soy su enfermera a cargo. —No pareces ser enfermera. —Hoy no estoy de servicio— sonrío—, tengo entendido que hoy es su cumpleaños y quise traerle esto. La pelirroja mayor contempló la tarta y luego dio un vistazo alrededor, agachando la cabeza con tristeza. — ¿Otra vez terminé en el hospital por mi esposo? — Así parece. — No me siento muy mal, ¿puedo regresar a casa?, me gustaría ver a mi hija, solo tiene 5 años y estoy preocupada. Eso le encogió el corazón, con el pasar del tiempo, sus lapsos de lucidez eran más cortos, y no era la primera vez que confesaba que seguramente estaba en el hospital por una golpiza de su esposo y qué buscaba a su pequeña, debido a su propia falta de memorias, suponía que lo primero, sería la razón por la cual huyeron , aun así, se preguntaba como su madre fue capaz de llevársela a ella y abandonar a su hermano en un entorno así de violento. Desgraciadamente, sin importar cuánto intentará sacarle información, era prácticamente imposible, a veces creía que ella había somatizado esa enfermedad para poder olvidar a toda costa lo que fue su vida. —¿Entonces puedo ir a casa? — inquirió Beatrice, sacando a la joven de sus pensamientos. — Me temo que no, pero debería descansar, eventualmente volverá a ver a su hija. Beatrice asintió, melancólica, bastante decepcionada, aceptando pasivamente el pastel que le servían y degustándolo sin ganas. — Aún si no puedo recordarla tampoco, se nota que usted me conoce muy bien— externó, al darse cuenta que era perfectamente consciente de los sabores que a ella le gustaban. —Por supuesto. Seguirle el juego era agotador, a pesar de que se había entrenado a sí misma para poder usar una perfecta máscara todos los días, por dentro deseaba arrodillarse a sus pies e implorarle en desesperación que la recordara, quería a su madre de vuelta, quería respuestas, más no podía hacerlo, la única vez que lo intentó, ella sufrió un colapso nervioso, lo mejor era no intentar estupideces inútiles que solo la afectarían. Decidió que lo más prudente era hablarle de sus vivencias como si fuera otra persona, su única manera de hablarle sobre la vida de una hija a la que ni siquiera podía recordar. — Por qué no dejamos de lado los asuntos deprimentes, sabe, tengo una amiga que se mueve en el medio del espectáculo, es modelo y cantante. —¿Ah sí?, debe ser una vida muy interesante. — Lo es, aunque ella no deseaba convertirse en eso, últimamente se siente observada casi todo el tiempo, pero ella lo atribuye a la fama que ha obtenido, quiere decir que ha hecho un buen trabajo— emitió una mueca algo apenada y un leve sonrojo—. Creo que lo más importante actualmente en su vida es que está trabajando en un musical y conoció a un hombre, ella no creía en el amor a primera vista hasta que lo vio, desde que posó sus ojos en él, pudo sentir su corazón acelerarse, un cosquilleo en su estómago la invadió, instantáneamente, se dio cuenta que eran las famosas mariposas a las que la gente se refiere, las manos le sudaban y se sentía muy nerviosa al articular palabras. Le costó horrores tratar de mantener su fachada de artista perfecta. — Bueno, el amor a primera vista es científicamente posible, no creo que tu amiga deba preocuparse. — Eso espero—Evelyn le dio la razón, contemplándola fijamente—, «mamá, esta es mi forma de decirte que estoy enamorada de alguien». — Suena a que tendrá un maravilloso romance. — A ella le gustaría mucho que fuese así. — Tuve algo como eso alguna vez, pero era un amor imposible. Sumamente interesada, y sin perder la oportunidad que rara vez se le daba, Evelyn intentó escudriñar en su pasado. — ¿Por qué? — Ya estaba casada cuando le conocí— sonrío melancólica, como si fuera quebrarse en cualquier momento—, sin embargo, fue el único que me trató con un inmenso amor y respeto que ni siquiera mi familia pudo darme. Está disgustado por cómo me trata mi marido, juró que algún día me sacaría de allí, y estoy segura de que así será, y cuando eso suceda, al fin podremos vivir juntos Le alegraba saber que esa persona había cumplido su promesa, no obstante, una interrogante le asaltaba, ¿en dónde estaba aquella persona? La conversación término con una Beatrice sonriente, al parecer hablar de ese hombre la había animado. — Parece ser que tu amiga tiene una vida maravillosa, espero que le vaya bien con su enamorado. — Yo también. La cantante recogió los platos, dejando todo limpio y ordenado. —Adiós señora Beatrice, y feliz cumpleaños. Se dio la vuelta y justo cuando iba a salir, escuchó la voz de su madre. — Adiós Evelyn. La chica giró rápidamente la cabeza, esperando encontrar a la mujer en uno de sus lapsos de lucidez, no obstante, solo se encontró con la misma escena de la paciente sentada en la cama mirando hacia el jardín, inmersa en sus pensamientos. Suspiró, no quiso molestarla más, el que vive de la esperanza la esperanza lo mantiene, sería cuestión de tiempo para saber la verdad, siempre habría otra oportunidad… salió de allí y emprendió el camino de regreso, intentando no desmoronarse. En cuánto la joven se perdió a lo largo del extenso pasillo, la persona que aguardaba impaciente a que se retirara, se dirigió a la habitación 101, abrió la puerta lentamente y cerró tras él, Beatrice volteó a verle algo desconcertada. — ¿Quién es usted? Con pasos suaves, casi felinos, caminó hasta la silla ubicada a un lado de la cama, para sentarse de forma elegante, sus caros zapatos e inmaculado traje le hacían ver soberbio. — ¿En verdad no me recuerdas? — cuestionó estoico, con voz aterciopelada. Beatrice intentó analizarlo, buscando una respuesta a la pregunta que al final no pudo responder. — No El nulo cambio en su rostro demostraba que no mentía. — Pero sí recuerdas a Evelyn. — Por supuesto, ella es mi hija, ¿acaso tú la conoces? — la idea le perturbó—…No me digas que eres uno de los hombres de- — Podría decirse que sí — respondió con una sonrisa siniestra. Asustada, intentó levantarse de la cama para huir, sin embargo, el sujeto la tomó por el cuello estampándola contra la cama, tomó la blanca y acolchonada almohada para colocarla sobre su rostro con saña, Beatrice clavaba sus uñas sobre sus muñecas para intentar quitárselo, rasguñando sin conseguir nada, manoteaba desesperada, a su vez que el tipo aplicaba más fuerza para asfixiarla. — No tienes idea cuánto deseo matarte— siseaba rencoroso—, y he de aceptar que me causa algo de placer hacer esto, es una lástima no poder ver tu rostro patético, siempre has sido inútil y endeble, por eso la familia ****** te quiere muerta. Ella luchaba por su vida en vano, la diferencia de fuerza era abismal, lágrimas gruesas de dolor escapaban de sus ojos castaños siendo absorbidas por la tela, no podía gritar por ayuda, sus fuerzas se desvanecían y sus manos se movían cada vez menos hasta quedar inertes… justo antes de arrancarle el último aliento vital, él se detuvo, apartando la almohada, la mujer había quedado inconsciente y apenas respiraba, jalando aire con suma dificultad. Al verla tan débil y miserable pensó que quizás no fue tan buena idea haber ido, después de todo era verdad que ella no podía recordar. Acarició su mejilla con un sentimiento desagradable, una mezcla entre resentimiento y tristeza. — Aunque lo deseo como nada en el mundo, hoy no tomaré tu insignificante vida, esperaré el momento adecuado y cuando llegue, más te vale haber hecho las paces con tu creador… después de todo, eres la pieza que derrumbará a Evelyn. El hombre se quitó de encima de la pelirroja, tranquilizó su respiración, se acomodó el saco y peino algunos mechones de su cabello rubio platinado, se habían movido de su pulcro lugar debido al esfuerzo. Salió sigiloso de la habitación, cautelosamente, evitando lo más posible llamar la atención. No podía borrar la sonrisa de su rostro, dejaría a su nuevo “amigo” pulular a sus anchas, todo era cuestión de tiempo para regresar a la habitación 101 y terminar lo que no pudo ese día, esperaría ansiosamente el momento.
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