Johan y David se dirigían en su vehículo a ver a la terapeuta de Evelyn, Hazel se detuvo en un parquímetro y coloco una moneda para pagar por el tiempo de estacionamiento, ambos subieron tranquilamente por el elevador al quinto piso y tocaron en el consultorio de la doctora Alice Wood. Luego de unos segundos la puerta se abrió mostrando a una mujer de 48 años, pulcramente vestida y entallada en una bata blanca, denotando su labor como profesional de la salud.
—¿Sí? ¿Qué se les ofrece?
—Doctora Wood, mucho gusto —extendió su mano para saludarla con un apretón de manos —soy el agente especial David Hazel, y este es mi compañero, el detective Johan Simmons.
Los dos se identificaron mostrando sus placas.
—Un gusto detectives ¿qué los trae por aquí?
—Nos permite pasar hay algo importante de lo que nos gustaría hablarle.
La mujer giró su muñeca para revisar la hora.
—Está bien, pero sean lo más breves posibles. Tengo que atender un paciente a las tres.
La doctora se hizo un lado y los instó a pasar, ceremoniosa se sentó en su cómoda silla invitándolos a tomar asiento, cosa que ellos denegaron. Johan se sintió asombrado por la cantidad de diplomas en la pared, aquella mujer era psicóloga con doctorados en psiquiatría y neurociencias.
—Entonces, ¿en qué les puedo ayudar?
—Antes de preguntar cualquier cosa, necesito que me prometa algo, lo que sea que hablemos dentro de este consultorio sea totalmente confidencial —advirtió Hazel.
—Bueno, normalmente ese trato está destinado a los pacientes, aunque me imagino que ustedes deben tener sus propias circunstancias para pedir tal cosa,
—Así es, ya que eso podría comprometer nuestra investigación.
—Entiendo.
—A decir verdad, estamos aquí para hablar de uno de sus pacientes, la señorita Evelyn Ayers— aseveró el detective Simmons
—Lo lamento detectives, no puedo decirles nada, va en contra de la privacidad de mis pacientes y según la ley, si no hay un crimen de por medio o no tienen una orden, yo no-
—Está muerta —soltó de sopetón.
Johan le echó una mirada recriminatoria a su compañero por la falta de tacto que tuvo al informar sobre el deceso de la joven artista, no obstante, a Hazel no le importó, pues obtuvo el efecto deseado.
La doctora se sorprendió y su mirada se ensombreció, con una mezcla entre tristeza y culpa por no poder hacer más por su paciente.
—Ella siempre aseguro que alguien la seguía y que temía por su vida. Evelyn dejó de venir hace 3 meses, la llamé muchas veces… bloqueó mi número, ¿acaso murió hace-
—No, fue ayer. Y no se equivoca, alguien la asesino.
—Dios mío — respiro hondo.
La noticia le había afectado, recordaba Evelyn como una chica dulce con una luz y carisma que al parecer no necesitaba ayuda psicológica, hasta que empezaron las sesiones y profundizaron su situación, debía aceptar que estaba anonadada por el nivel actoral de la chica, fue capaz incluso de engañar a su ojo profesional hasta que con el pasó de las sesiones logró ahondar en su interior.
—¿Y cómo podría ayudarles?, ella no tenía idea quién era su acosador, además tengo entendido que estaba desesperada, la policía no pudo hacer absolutamente nada— había un dejó de reproche en sus palabras, y era verdad, no pudieron ayudarla.
—¿Tiene registros, notas o algo que nos puede dar una pista?
—Supongo que podría entregarle mis notas de audio y las grabaciones de nuestras sesiones, ahí hablamos de su acosador —la mujer hizo una copia de todos los archivos de su paciente, guardando todo en una USB —espero que puedan encontrar algo y arrestar al enfermo que la mató.
—Gracias, esto nos ayudará.
La doctora Wood le extendió el dispositivo para entregarlo y antes de soltarlo, con una mirada fija le advirtió.
—Más les vale hacer bien su trabajo esta vez.
Hazel le devolvió la mirada con la misma intensidad, demostrando que sus ojos no mentían.
—Lo haremos.
La mujer asintió satisfecha, se levantó para despedirlos y cerró la puerta. Ambos hombres bajaron por el ascensor mientras conversaban.
—Qué miedo, esa mujer parecía querer matarnos —externó Simmons.
—No es para menos, una de sus pacientes fue asesinada porque la policía no pudo hacer su trabajo.
Cuando estaban en la calle y se dirigían a su auto, un joven de lentes oscuros, con una gorra y una capucha sobrepuesta pasó a su lado, rozando levemente su hombro, dándole escalofríos a David, quien giró la cabeza para no perderlo de vista, lo vio meterse al edificio donde habían estado hacia unos momentos. Su compañero quien no se enteraba de nada, lo sacó de su trance.
—¿Qué esperas?, volvamos a la estación.
—«Quizá fue mi imaginación» —pensó.
No obstante, ese mal presentimiento no desistía, ni siquiera cuando se subieron al carro. Sus manos pegadas al volante y esa desagradable sensación en el estómago le pusieron ansioso, dudo por varios minutos.
—¿Te sientes bien? ¿Por qué no arrancas?... ¿Quieres que conduzca en tu lugar? —preguntó Johan, totalmente ignorante.
El mutismo de su compañero le hizo preocuparse un poco.
—Cuida esto—dijo David repentinamente, tirándole la memoria USB a su compañero
—¿A dónde vas Hazel? —inquirió confundido, presenciando como salía disparado del auto.
David se precipitó hacia el interior del edificio hasta llegar al ascensor, pinchando desesperadamente el botón una y otra vez, el maldito elevador no bajaba, así que subió corriendo las escaleras de los cinco pisos hacia la oficina de la terapeuta. Tocó la puerta varias veces llamando su nombre.
—¡Doctora Wood! ¡Doctora Wood! ¡Ábrame!
La mujer no contestaba, pegó su oído a la puerta para intentar escuchar algo, pero al parecer el consultorio estaba insonorizado
—Carajo —murmuro por lo bajo, revisando la hora, dándose cuenta que eran las tres con diez.
¿Y si ya estaba con su paciente y no lo podía recibir?, su lado positivo esperaba que fuese así, sin embargo, su mal presentimiento empeoraba a cada segundo, cuándo se trataba de desgracias, sus corazonadas rara vez eran incorrectas, decidió entonces abrir la puerta de una patada, si la doctora en verdad estaba con su paciente y solo había llegado interrumpir, sé disculparía,
De un estrepitoso golpe derribó la puerta con una patada, y cuando entró al consultorio se encontró con la confirmación de aquello que prendió sus alarmas, vio al mismo tipo del cual sospechaba, asfixiando a la psicóloga sentada en su escritorio con su cinturón, iba a sacar su arma, más el joven al verse descubierto le lanzó el bote de basura que estaba a sus pies, retrasándolo lo suficiente para salir por la escalera de incendios,
El detective Hazel se acercó a corroborar el estado de la doctora cuya piel del rostro estaba totalmente morada, se deshizo rápidamente del cinturón en su cuello, revisando su pulso, hallándose con que estaba muerta, no tuvo más opción que abandonarla ahí, apresurándose para seguir a su asesino. El detective Simmons, quien había salido del vehículo preocupado por su compañero, fue empujado por el joven encapuchado, cayendo bruscamente al piso. David pasó de largo gritándole a Johan:
—¡Llama refuerzos y sube al consultorio de la doctora!
Al darse cuenta de la situación rápidamente hizo lo que su compañero le indicó.
Sí que se ese mal nacido era rápido, durante la persecución incluso empujaba gente para qué bloquearon el camino de Hazel, determinado a no dejarlo escapar, nada de eso lo detuvo, sorteaba con creces los obstáculos humanos que ese el loco le ponía, estaba tan cerca de atraparlo, cuando una tropa de niñas exploradoras qué pasaba por ahí le dieron una macabra idea al criminal.
Tomó bruscamente del brazo una niña con coletas y la arrojó brutalmente hacia donde transitaban los autos. Hazel al tener que tomar una difícil decisión, realizó aquello que para él siempre había tenido más peso, proteger al inocente. Anteponiéndose a su ambición se arrojó para salvar a la pequeña.
El auto embistió, un chirrido de llantas y olor a neumático quemado, gente reuniéndose ante el accidente. Pronto, el sonido de sirenas de policía y ambulancia se hicieron presentes.