Capitulo 4: Mis tetas vs sus piernas de infarto.

1047 Words
Magnus Ambos comenzamos a arreglarnos, y casi me muero cuando vi a Julieta con ese minivestido. Su silueta estaba perfectamente contorneada y, por Dios… ese maldito escote de infarto iba a hacer que le arrancara los ojos a todos los idiotas que la miraran. —¿No te parece que vas muy provocativa? —pregunté, sentándome en el sofá mientras ella se maquillaba. —¿Te pone celoso? —preguntó con descaro, delineándose los labios. —No me hagas quitarte ese vestido y ponerte uno de monja —contesté, apretando los dientes— por qué de este departamento no sales asi. —Tú no me vas a vestir de monja, Magnus Ravenshade —respondió molesta. —Julieta, con ese vestido… cualquiera pensaría que eres una prostituta —solté, más nervioso de lo que quería admitir— De hecho te ves como una prostituta VIP. Ella se rió con cinismo. Con molestia. —Magnus, este vestido no lo voy a usar. —Dejó el labial sobre la mesa—. Este es un vestido de dormir… Eres un celoso de remate. —Tú tienes la culpa —repliqué—. Cualquier hombre mataría por tenerte, y sabes que yo me ensuciaría las manos por ti. —Que palabras tan románticas le dices a una prostituta VIP—respondió, aplicándose el labial con una lentitud provocadora—. Yo opino que si alguna de las tipas con las que te metiste en la universidad se te acerca, no tendré control, Magnus. —Solo tuve una novia en la universidad, y a ella me la respetas, Julieta —dije, solo para molestarla. Ella giró tan rápido que pensé que iba a arrancarme la cabeza con la mirada. Como si le hubiera dicho que estaba terminando con ella. —¿Respetarla? —preguntó furiosa—. Nunca. Y menos si ustedes… perdieron la virginidad juntos. Me reí. Lo justo y necesario para que se pusiera roja del coraje. Dios… cómo me encanta eso. Sacarle celos con ella misma es un deporte que disfruto demasiado. —Ella me hizo hombre —dije acomodándome la corbata frente al espejo—. Era una chica linda, tenía buen cuerpo y unas piernas de infarto. Lástima que olvidó nuestra primera vez. Julieta no se movió. Se quedó inmóvil frente al espejo. La vi endurecer la mandíbula, los ojos le brillaron como si hubiera tragado fuego. Quizá me había pasado. Quizá muchísimo. —Quizá ella tuviera unas piernas de infarto —dijo con voz baja, celosa—. Pero yo tengo unas tetas enormes que te van a traer babeando toda la noche. —Suspiró, mirándose al espejo—. Y las voy a mostrar frente a todos mis excompañeros. Voy a hacer que su imaginación vuele… al punto de imaginarse cómo me las están chupando. Se me tensaron la espalda y la respiración. —Hazlo —advertí, acercándome—. Pero quiero ver cómo acabas al final de la noche. Sabes que si algo me sobra son huevos, y no me va a importar que todos nos vean si te pones demasiado juguetona. —Quiero ver eso —contestó, alzando la barbilla—. Porque tú empezaste esta guerra. Y te recuerdo que tú te vuelves loco de celos con nada. No te atreverías a forzarme a intimar contigo, así que… yo gano, Ravenshade. La discusión siguió hasta que llegamos al club donde sería la reunión de exalumnos. Julieta llevaba un vestido azul tan ceñido que parecía pintado en su piel. Tenía un escote pequeño, sí… pero bastaba para dejar claro que era una mujer grande. Muy grande. — Deja de verme las tetas—dijo dándome un beso en la comisura de los labios antes de correr con Seira hacia el otro extremo del club Me quedé con Julián que estaba conversando con un antiguo compañero, quien no despegaba la mirada de Julieta. Parecía estarla devorando, Julián notó mi tensión en ese instante. —Te aconsejo que dejes de mirar a esa chica —dijo Julián, dándole un golpe en la espalda—. A menos que quieras quedarte sin ojos. —¿Es tu novi… —Es mi mujer —respondí cortante, alzando una ceja. El tipo me miró y me reconoció al instante. Era imposible que olvidara que yo solía ser violento y que no podía detenerme hasta casi matar. Desvió la mirada de Julieta de inmediato. Yo me quedé a distancia observando a Julieta que después de un rato, empezó a conversar con un hombre de su edad. No era feo. No estaba mal. Pero él no tenía derecho a mirarla como si se la estuviera desvistiendo con los ojos. Intenté contenerme, pero cuando ella sonrió… sentí cómo todos mis esfuerzos se iban al carajo. No quería arruinar la sorpresa que le tenía, así que solo le envié un mensaje. “Sigue sonriendo, bonita.” “Gracias, pero no ocupo tu permiso.” “No lo necesitas, pero yo tampoco necesito el tuyo para reencontrarme con mi exnovia.” Sonreí con malicia. “Me pregunto si sigue teniendo aquellas piernas de infarto.” Ella dejó de sonreír. Se giró con una lentitud peligrosa. “Yo también me pregunto si ‘El Psicópata’ estaría dispuesto a pasar un buen rato con mis bonitas y grandes bubis.” Perfecto. Estábamos entrando justo donde quería. “Pasa un buen rato con El Psicópata, y yo con mi ex.” “No quiero que te quedes con las ganas de experimentar con alguien más.” Ella no respondió. Solo caminó hacia mí con prisa, con esa mirada que prometía guerra. Yo, en ese instante, me desaparecí con Julián en uno de los cuartos del antro. —Yo que tú no la provocaba así —dijo Julián, cruzándose de brazos. —Llevamos peleando desde la mañana —respondí, encendiéndome un cigarrillo—. Todo porque dije que mi ex tenía piernas de infarto. Lo dije solo para molestarla. —Julieta te va a castigar sin sexo un buen rato —sentenció Julián. —Vale la pena —dije, exhalando humo. En ese instante tomé un teléfono con un número diferente al mío. La sorpresa estaba lista. El juego iba a comenzar. Porque hoy… hoy le revelaría que yo soy su exnovio “El Psicópata”.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD