Capitulo 5: " Parece que olvidaste, mi santa"

1531 Words
Julieta. Juro que si llego a encontrar a Magnus, no voy a ser amable, sobre todo si vuelve a decir “piernas de infarto". Lo voy a castigar sin sexo hasta que se me baje la rabia. Lo busqué por todo el club, me hirvió la sangre cuando imaginé que estaría con su exnovia divirtiéndose entre sus piernas. Abrí varias puertas de salas privadas. — ¡Carajo! —grité cuando vi a una pareja teniendo sexo después de abrir la puerta sin preguntar. Seguía sin encontrar a ese hombre que me va a matar de celos. Hasta que sentí que alguien me abrazó por detrás; inmediatamente pensé que era Magnus. Sentía sus medidas. — ¡¿Maldito, dónde te metiste?! —reclamé—. ¡¿Ya me pusiste los cuernos, verdad?! No respondió y forcejeé para verlo a los ojos, pero en ese instante me pasó un papel en las manos. — “Mi Santa, vine por ti.” Comencé a temblar, lo que menos quería que sucediera estaba pasando. — Psicópata, ya terminamos hace bastante tiempo y yo… yo amo a alguien más. Él se quedó en silencio y, después de varios segundos, me dio otro papel. — “¿Ese tipo con el que llegaste?... Vamos a una habitación para hablar de los viejos tiempos.” Intenté quitarme sus manos de la cintura, pero él más se aferraba. — Mi novio es un hombre extremadamente celoso y machista; nos va a matar a los dos. — “Sabes bien que le ganaría, mi Santa… todo por tenerte en mis brazos”, escribió. — Si le tocas un solo cabello, seré yo quien acabe contigo —respondí—. Habla y deja de darme notas… odio eso. Él me cubrió la boca con la mano y me guió a una habitación silenciosa. Mis esfuerzos por zafarme de su agarre eran en vano. — “¿Tu novio sabe que no eras virgen cuando llegaste a su cama?” —escribió en un papel. — Estás loco, no puede ser —respondí—. Déjame salir antes de que llegue Magnus y vea lo que me estás haciendo. — “Parece que lo olvidaste, mi Santa” —escribió—. “Ese día, después de ir al cine, recuerdo muy bien todo lo que pasó.” — No lo olvidé, pero juramos que sería un secreto —dije molesta—. Si esto llega a saberlo mi novio, me va a terminar por mentirosa. Su respiración se volvió pesada y, justo cuando pensé que se tranquilizaría… — Si le dices algo a mi novio… —recordé algo que lo haría alejarse—. Le diré a la policía lo que hiciste. Volviendo siete años antes Santa Cuando desperté ya no estaba en la sala de cine, sino en una habitación a oscuras. No era mi cama y había alguien al lado mío. — Mi Santa… —susurró en mi oído mientras acariciaba mi entrepierna. Era extraña la sensación que me recorría, y no lo detuve. Lo guié hasta mi centro y lo hice introducir sus dedos en mi interior. Sentí cuando se colocó arriba de mí; no podíamos vernos, pero eso era mejor para ambos, pues estábamos juntos sin ninguna máscara. Recorrí con mis manos su pecho desnudo y sonreí. Mis padres me matarían si sabían lo que estaba haciendo con un chico de universidad, pero no fue importante. Estuvimos tocándonos hasta que me penetró de una estocada. — Mmm —tapé mis labios. Comenzó a moverse y fue algo nuevo y placentero… pero de repente se prendió la luz de la habitación. De inmediato me cubrí el rostro y me envolví en las sábanas. — Préstame a la puta que te estás follando —dijo la voz de un hombre adulto, de aproximadamente cuarenta años—. Gime tan delicioso que acabo de masturbarme escuchándolos… eres todo un orgullo, hijo. Psicópata me abrazó contra su pecho y me señaló una puerta pequeña detrás de su armario. No permitió que su padre se acercara a mí ni un solo paso. Psicópata Juraba que si mi padre tocaba a mi Santa, lo mataría. Sobre todo después de haber perdido la virginidad con ella. Nunca pensé que sucedería así, sin saber su rostro o conocer su voz, pero simplemente pasó. Cuando ella se escondió en un lugar donde no se escuchaba nada, comenzó el verdadero conflicto entre mi padre y yo. — No te atrevas a tocar a mi novia —espeté, parándome frente a él. — ¿Novia? —dijo con burla—. ¿Esa chica con la que te metiste y luego vas a dejar ya que te canses de ella? — Nunca me cansaré de ella, maldito viejo —respondí—. ¡Salte de mi puta habitación ahora! Forcejeamos por un rato cuando él intentó acercarse a donde estaba mi Santa. — Déjame enseñarle cómo es un hombre de verdad —dijo con perversión, tocándose la entrepierna—. Conmigo va a gemir más rico que contigo, Magnus… o si quieres la compartimos. Antes de darme cuenta, le tiré un golpe seco en la cara. La nariz de mi padre sangró e intentó devolverme el golpe. ¿Cómo podía creer ese viejo que se la entregaría? Me arrepentí de no haberla despertado para que fuera a su casa. Ahora tendría que lidiar con el hecho de que mi padre la quiere de su prostituta. Y eso jamás. — Esa chica va a ser mi esposa algún día —gruñí—. Si tú eres un maldito enfermo no es mi problema; así que aléjate, que la voy a sacar de aquí. Mi padre no contestó, no se movió, y se quedó inmóvil en el marco de la puerta. Era un hombre aterrador, y teníamos casi la misma cara, excepto por el lunar en mi barbilla. — Dame a la chica —dijo molesto. — Primero necesitas matarme —contesté—. Y dudo que puedas matar a tu propio hijo, pues si lo haces sé lo que vas a hacer con la única mujer que he amado desde que nací. Comenzamos a pelear; los golpes escalaron hasta que dejé a mi padre en el suelo. Mi madre escuchó el alboroto y salió de su habitación con una pijama muy descubierta y moretones en las piernas. — ¡Suelta a tu padre! —gritó mi madre. — ¡¿Sabes qué coño quiere hacer con mi novia?! —grité sin dejar de sujetar a mi padre por el cuello. — Dale a la chica, sabes que tu padre necesita tener sexo frecuente —contestó mi madre intentando abrir la puerta del armario donde estaba mi Santa—. No te preocupes por ella, le pagaremos por esto. — Mírate, mamá —contesté—. No les voy a vender a mi Santa por nada, así deba matarlos a ambos y pasar el resto de mi vida en prisión. No sé en qué momento pasó Seira a la habitación y corrió a esconderse detrás de mí. No estaba con ropa normal; sabía, por las revistas pornográficas de mi padre, qué era lo que llevaba puesto. — Papá me obligó a ponerme esto, hermanito —dijo sollozando—. Ya no quiero estar aquí. Mi padre volteó a verla de una manera que nunca debería ver un padre a su hija, y ahí sentí que me hirvió la sangre. — Dame a tu novia o me cojo a tu hermana —dijo mi padre con una sonrisa enorme—. Escoge pronto o me tiro a las dos al mismo tiempo. Con rapidez tomé a Seira y le besé la frente antes de susurrarle al oído: — Escóndete en el armario y no veas ni hables con mi Santa, ¿de acuerdo? — ¿Lo vas a matar, cierto? —preguntó asustada. Asentí. — Sabes que si no lo hago, las va a violar frente a mí —respondí. Seira se escondió en el armario, y comenzó la verdadera pelea. Hubo golpes, sangre. Luchamos hasta llegar a su oficina y lo que vi ahí me aterrorizó por completo: había fotos recientes de Seira con esa lencería con la que la había visto antes. Mi madre, que estaba llamando a la policía, dejó caer el teléfono. — Sigue llamando para que se lleven a mi padre —dije con una sonrisa—. Como dices, mi padre es un adicto al sexo… pues te prometo que en prisión no lo van a dejar descansar cuando les enseñe a sus compañeros lo que planeaba hacer con mi hermana. Mi madre se quedó inmóvil, sabiendo que aquella llamada solo lograría que llegaran a casa. — Perdóname, René —dijo arrodillándose ante mi padre—. No soportaría verte en prisión, no soportaría estar lejos de ti. — Mata a tu hijo, si es que lo lamentas —dijo mi padre, manipulando a mi madre. Si ellos lograban matarme, el cuerpo de las dos mujeres que más amo y quiero sería profanado por este enfermo… así que decidí que, si para proteger a quienes amas debes convertirte en un monstruo… debes hacerlo.
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