Capitulo 1: Mía.

1511 Words
Magnus Después de todo lo que habíamos vivido Julieta y yo juntos. Cómo la arrebaté de su madrastra que le había mentido toda la vida omitiendo que no era su madre. Cómo sobrevivió a una relación con Joshua que era un lunático religioso con aires de profeta. Pasamos tanto juntos; Saber el nombre de su verdadera madre, que su madrastra estuvo implicada en su desaparición y que su padre nunca murió, solo no la recordaba. Ella estaba comenzando a vengarse y podría jurar que no habrá ninguna otra mujer que se vea tan perfecta ejecutando su plan. Pasamos por una etapa dicil pero juntos... siempre juntos. Ahora empezaba una nueva, una que jamás pensé que viviríamos pero era inevitable.— Mi suegro recorriendo la habitación de nuestro departamento y encontrando un calendario—. Jamás pensé que el fuera a entrar, y sobre todo que fuera a ver ese maldito calendario. Aquel dónde escribimos la cantidad de encuentros sexuales que tenemos al día y nos enorgullecemos de las cosas sucias que hacemos cuando nadie nos ve. . El aire se me fue directo al infierno en cuanto escuché al suegro leer en voz alta esa anotación. ESA. El bendito “10” del calendario. Ese día. Ese comentario. Esa nota que Julieta escribió mientras yo la tenía contra la pared riéndose y diciéndome que era una mala idea dejar constancia, pero igual lo hice porque algún día seremos viejos y recordaremos que éramos como delfines; teniendo relaciones sexuales con fines recreativos y no reproductivos. Mi suegro frunció el ceño, ladeando la cabeza como quien intenta resolver un acertijo peligroso. Aún que no tuviera recuerdos, no parecía ser tonto. Es hombre y sabe que somos seres sexuales. —¿Y por qué dice aquí: “Le dije a Magnus que parara, pero dijo que solo una vez más”? —leyó… EN VOZ ALTA. — Ah — se rió— No me dejaba ganar en ... uno de sus videojuegos... disfruto verme perder— Volvió a reírse nerviosa — se burló esas diez veces y quería seguir jugando. Se le notó como temblaba, y se evidenció por si sóla. — Si, como olvidar que se me entumieron los ded ...— Añadi y acto siguiente Julieta me miró asustada y me dió un codazo. Mi suegro se salió de la habitación de inmediato con el rostro completamente rojo, no fue para nada un reencuentro emotivo fué uno vergonzoso. Y para rematarla Julieta dijo. — Al final nadie obligó a nadie — dijo solo curveando los labios, con una sonrisa falsa— Nadie resultó herido o herida. Mi suegro volteó a verme y me fulmino con la mirada por décima vez desde que entró al departamento. — Más vale que así sea. Julieta pudo notar la gran tensión que estábamos atravesando, y como buena solucionadora de caos ofreció su ofenda de paz. — ¿Quieren comer algo?— preguntó Julieta llena de nervios— No comimos nada en aquella boda. La boda de mi ex que Julieta organizo para deshacerse de ella. Ovlian asíntio tímidamente, parecía no acostumbrarse al hecho de que su hija estaba frente a él. Yo en cambio solo observaba la escena conmovedora. Tomé mi teléfono y le envié un mensaje a Julieta, justo cuando fue a la cocina, solo para molestarla. — ¿Sigues sin bragas, cierto?— le envié. Ella volteo a verme desde la cocina. — Si, ¿puedes traerme unas?— — No, por qué cuando se vaya tu padre te voy a poner contra la pared... voy a chupar varias cosas de ese cuerpo delicioso. — Cálmate, señor hormonas — respondió y me miró de reojo desde la cocina— No es momento para tus calenturas. — Desde aquí puedo ver como te humedeciste, señorita adicta al sexo— Escribí con una sonrisa torcida — Si no estuviera tu padre, te tendría sobre la mesa con las piernas abiertas. Vi cuando Julieta se sonrojo por el mensaje y de inmediato se puso roja. Mi suegro se percató de nuestras miradas y me pidió hablar a solas. Así que aprovechamos que Julieta se distrajo cocinando para hablar en el estudio. Mi suegro se sentó en el lugar más prominente— Una sofá que parecía trono —. Jamás pensé que pudiera tenerle miedo a alguien, pero ese señor si que me intimidaba un poco. Y más por qué parecía saber mis oscuras intenciones cuando ví a su hija desde la sala. — Seré directo, cuando me enteré por la prueba de ADN que ella es mi hija — me miró fijamente — la primera cosa que pasó por mi cabeza era deshacerme de ti, veo como la miras y es intensidad asusta. — A ella no le falta nada— respondí con nerviosismo — No soy un hombre tacaño, mucho menos cuando se trata de ella. — Lo sé, me acabo de asegurar de eso — respondió— Pero existe una cosa que le falta, necesita tu apellido, ella te está dando su juventud, sus mejores años, su entrega total. Me quedé mudo. Por un instante no sabía a qué se refería. Se acomodó en el sofá-trono como quien está a punto de dictar una ley. Y me sentí aterrorizado. — Las mujeres no tienen toda la vida para equivocarse, Magnus— comenzó —. No tienen mil oportunidades como los hombres. Tienen… una etapa. Una edad donde los hombres se pelean por ellas. Y después, esa ventana se cierra. Tragué saliva. No por el contenido, sino por el modo en que lo decía: seco, práctico, como si estuviera hablando de mercados financieros y no de mi mujer... de su propia hija. Si Julieta entrara por la puerta diría algo como: “ No soy una puta vaca". Y Seira mi hermana diría algo como : "A ustedes también se les cierra la ventana cuando están todos panzones." — Cuando una mujer pasa cierto rango de edad — continuó — los hombres dejan de pensar en matrimonio y sólo piensan en pasar el rato. No deberías sorprenderte ambos somos machistas. Yo respiré hondo, controlándome, porque aunque lo que decía me irritaba… sabía que lo decía desde algún tipo de preocupación torcida. — Y no sólo es la edad — siguió —. Es el hecho de que ya vive contigo. Que ya compartió cama, vida, rutina. Que ya se entregó. Me apuntó con el dedo. — Después de eso, la mayoría de los hombres no quieren casarse con una mujer que ya vivió como esposa de otro. Y menos si vivió tanto tiempo con él. Ningún hombre soporta ser el fantasma de otro hombre. — Yo nunca dejaría a Julieta— respondí — Mucho menos para dejársela a otro que no sabe lo que vale una mujer como ella, Mi suegro arqueo la ceja, y me fulminó con la mirada. — ¿Y como vas a demostrarlo?. — solto la bomba — Antes yo no estuve presente pero ahora que se que es mi hija, la voy a proteger de si misma si es necesario, quiero que levanté la cabeza cuando le preguntén si es casado o soltera. Por qué eso es lo que hace ella cuando alguien le pregunta eso, se queda callada. Yo no sabía. No sabía que Julieta se quedara callada cuando le hacían esas preguntas, habíamos acordado que dijera que estaba casada. Joder fui un egoísta. Y su padre me está viendo con ojos de querer matarme. Voy a tener que revelarle mi secreto. — Le voy a pedir matrimonio en cuatro días — respondí— Ya compré el anillo. —¿Puedo verlo?— preguntó. Saqué el anillo de mi escondite secreto —Una caja que tiene calaveras en su alrededor — y dice con letras rojas “Si me abres, voy a cogerte tan fuerte que te mando al hospital". Me acerque a mi suegro y le mostré el estuche. Era pequeño y con corazones rosas y azules entrelazados. Mi suegro lo abrió y quedó conmocionado. Era un anillo con un diamante en forma de corazón, y una inscripción pequeña que decía : “J × M“. — Esto es muy caro. — Mi Julieta no merece menos — respondí con una sonrisa— Podría comprar el mundo entero y aún así no sería suficiente. — ¿Tuya?— Espeto su padre, con furia. — Mia — respondí sin temor— la conozco hasta los huesos. Mi suegro se levantó y me dió una palmada en la espalda. — Una vez que recuerde todo de mi hija — sonrió de lado — No te la vas a acabar muchachito, te estás acabando a mi Julieta, todo mundo en el trabajo ya se dió cuenta que los lunes llega caminando extraño y ahora se que no es por qué practique alpinismo. — ¿Suya?— espete molesto. — Me agrada que seas tan posesivo, pero no te extralimites. Ahí entendí, será una gran lucha de poder. Y voy a ganarle a ese viejo, siempre he ganado y seguiré ganando.
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