Cap.- 4 La fría realidad

3821 Words
Capítulo 4 – La fría realidad. Recordando el pasado (parte 1) - ¿Y cómo te fue hoy? – pregunte mientras entraba de tras de mi tía a su habitación. - Mmm… Pues igual que siempre. Hubo muchos clientes y todos se fueron satisfechos con el servicio. - Me alegro por ti. - Y a ti como te fue. - Tuve un día cansado, ya sabes cirugía tras cirugía. - Mientras mi tía se quitaba los zapatos, me recosté en su cama suavecita. Mi tía fue al closet, se cambió de ropa y se unió a mí en la cama. Estuvimos un rato en silencio, cada una sumida en sus pensamientos, hasta que decidí hablar primero. - Tía – rompo el silencio. - Mmm. – conteste, tenía los ojos cerrados. - Hoy hable con mi mamá. Se levantó un momento de donde estaba acostada para acomodarse y quedar recargada en el respaldo de la cama con las piernas extendidas y cruzadas. Yo me acerque hasta sus piernas y me acomode apoyando mi cabeza en ellas, acto seguido mi tía comienzo a jugar mi cabello. Mi tía sabe perfectamente que me gusta que juegue con mi cabello porque eso me relaja y mucho. - Y que te dijo, por tu cara de estrés, puedo presiento que te dijo algo que no te agrado, no es así, a ver cuéntame que paso – me contesto en un tono de preocupación. - Es que no entiendo por qué le molesta saber que me llevaré a los niños conmigo, me dijo: “pero tu tía, ¿está de acuerdo con que te traigas a los niños? No es mejor que se queden con ella, después de todo ella es su madre” si yo fuera su madre no me separaría de ellos – le Conté y las dos suspiramos. - Tara, sabes que esta mentira no durara para siempre, verdad – me cuestiono. - Lo sé tía – me gire y me abrace sus piernas – pero aún no estoy lista para enfrentar esto aún no, mis papás tienen unos pensamientos muy a la antigua, sobre la familia, el matrimonio y los hijos. Puede que en cuestiones de gustos y opiniones sean un poco abiertos, pero en esos temas son muy estrictos, ellos esperan que su pequeña hija saliera vestida de blanco de su casa directo al altar y no creo que eso sea posible. – conteste frustrada. - No seas exagerada Tara, aun con hijos, aún puedes encontrar el amor y casarte como dios manda si tú lo deseas. Además, sabes perfectamente que tarde o temprano tenía que volver a tu casa y tienes que enfrentar tu realidad cariño, eso es algo que no puedes evitar por más que lo intentes. Por dios Tara son tus hijos y no puedes seguir pretendiendo que te van a tratar como a su tía toda la vida, eso es injusto para ellos – me dijo un poco frustrada. - Ah h – ahogué un grito tapando mi cara con las manos – lo sé tía, pero tengo miedo de que no lo comprendan, que me exijan saber quién es el padre, para que me case con él, porque para ellos no es correcto que tenga hijos fuera del matrimonio... Dime que les diré, si no sé quién es, estaba tan asustada que ni siquiera pensé en ver su rostro. - Si Tara, pero ellos son sus abuelos y los estás privando de disfrutar de ellos – me dice exasperada – eres una cobarde muy egoísta, sabes que debes enfrentarte a todo y a todos por ellos. - No te moleste por favor tía, sé que lo que dices es verdad, pero tengo miedo – y mis lágrimas empiezan salir. - No llores nena, no me quise exaltar, sé que esto es muy difícil para ti, pero así son las cosas y debes afrontarlas con valentía por ellos, además saliste a delante a pasar de todo porque eres fuerte, eres una gran mama y esos niños te adoran. - Y yo a ellos son mi vida entera – le contesto – ¿sabes? Hoy Beck me dijo mami y me sentí muy feliz de escuchar esas palabras salir de su boca. - Nena, esos niños no son todos ellos en el fondo, saben y siente que tú eres su mamá, son tu sangre amor, - Hay tía que voy a hacer sin ti cuando esté lejos, me vas a hacer mucha falta. – la abrazo con fuerza. Esta mujer ha sido mi gran apoyo, sin ella yo jamás habría superado este gran reto. - Tara, alguna vez ¿has pesado en buscar al padre? – me quede helada ante su pregunta y guarde silencio por unos minutos. - Si tía, lo he pensado muchas veces, pero no lo sé – inhale profundo – y si es una persona asquerosa, sin escrúpulos que solo se aprovechó de mí por qué estaba tomada o si le digo y no muestra interés. O ya, por último, si me los quiere quitar, no tía, yo me muero si los alejan de mi lado. - Buena nena, por eso primero tienes que investigar a la persona, antes de hablarle de ellos, además recuerda que los niños algún día volverán a preguntar por él y no pretendes seguir diciendo que trabaja lejos, porque ahorita son pequeños y cree todo lo que les dices, pero van a crecer y ya no será fácil engañarlos - Dios, lo sé tía, pero ahora no quiero pensar en eso, arreglemos una cosa a la vez sí. – digo exasperada – ya luego veré si es conveniente buscarlo o no. - Pues piensa bien las cosas y no demores más en decirle a tu familia lo que pasa en tu vida Tara, porque te repito son sus nietos y ellos también tienen derecho a saber sobre ellos. - Lo sé tía y te agradezco tanto por estar en siempre a mi lado, no sé qué habría hecho sin ti. - No es nada mi niña, lo bueno es que salimos adelante, ¿te acuerdas todo lo que pasamos? – me pregunto y los recuerdos vienen a nuestras mentes. Flashback – 7 años atrás… Cuando recién llegue a Londres, llegue con el alma y la dignidad rota, me sentía sucia y sin valor por lo que pase. Despertar y darme cuenta de que había perdió mi virginidad con un desconocido y no recordar ni cómo ni en qué momento paso, es algo horrible. Por más que busque una explicación, nunca logre encontrarla. Sé que no lo merecía porque yo nunca fui una mala chica, siempre fui responsable en todo y aunque tenía dinero nunca fui superficial ni arrogante, pero aun si era odiada por otros. Lo que paso esa noche antes de venir a Londres, me destruyo la vida, perder mi virginidad de esa manera fue lo más doloroso que jamás creí experimentar, en ese momento mi destino dio un giro de 360º y me perdí en la depresión. Durante meses no comía, ni dormía por miedo a tener pesadillas, tenía vagos recuerdos que torturaban día y noche, así que me la pasaba casi todo el día metido entre las cuatro paredes que eran mi único refugio ante el dolor. Solo iba a la universidad, tomaba clases y regresaba, no quería socializar con nadie, las pesadillas eran cada vez más constantes y me estaba volviendo loca, mi tía se empezó a preocupar al verme más delgada de lo normal y muy demacrada. - Tara, ¿te pasa algo nena? Te he notado muy rara desde que llegaste – pregunto con preocupación. - No pasa nada tía, es nada más que extraño mi casa, a mis papás, a mi hermano y amigos, pensé que sería fácil acostumbrarme, pero me ha costado algo de trabajo – conteste con una sonrisa falsa para escucharme muy convincente. - Bueno, querida, si vas a estar así mejor regresa a tu casa o te puedes enfermar. - No, tía, no puedo hacer eso, yo me aferré a venir y no puedo regresar por eso, tranquila, ya se me pasará únicamente dame un poco más de tiempo, sí. - Ok, pero por favor si quiere platicar con alguien, sabes que aquí estoy para lo que necesites, yo no soy tu mamá, pero soy tu tía y me preocupo por ti nena – me contesto acariciando mi cabello. - Gracias tía, lo tomaré en cuenta, no te preocupes, voy a estar bien, te lo prometo. - Bueno, me voy porque me toca cambiar el menú en el restaurante, ahí te deje tu almuerzo listo, come por favor. - Si tía ahorita como gracias – me dio un beso en la frente y se fue. Los días fueron pasando y cada día me sentía peor, cumplí los primeros tres meses en Londres y mi situación empeoraba, los recuerdos permanecían vivos en mi memoria, me volví más ansiosa, ya no aguantaba más la presión. Hasta que un día quise terminar mi agonía tomando la puerta más fácil que se me ocurrió. Una tarde mientras estaba sola como siempre, ya mi tía tenía que estar en su restaurante prácticamente todo el día y siempre llegaba a casa después de las 11 de la noche, hora en la que cerraba su negocio. Estaba acurrucada en silencio en la cama, cuando la idea más tonta y cobarde paso por mi cabeza, me levante de golpe para luego entrar al baño, me pare frente al espejo. Observé mi reflejo y me entristeció lo que vi, estaba muy flaca y demacrada, la Tara que veía en el espejo únicamente era la sombra de lo que una vez fui. Las lágrimas comenzaron a salir, eran incontrolables, desespera mente, abrí la gaveta del lavamanos y saqué una navaja de su interior. La miré por un momento y sabía que estaba mal, pero necesitaba para el dolor de mi alma. Me metí a la tina de baño, me senté, recogí mis piernas y aprisioné mi rostro entre mis rodillas. Estuve una hora ahí, sentada en silencio, mientras tomaba valor para lo que haría, cerré los ojos; recordé a mi familia, a mis amigos y les pedí perdón por ser una cobarde. Después todo lo que paso volvió a mí y en un mar de lágrimas tome la nava con una mano derecha y corte una a una mis muñecas, la sangre salió de manera escandalosa y ya no había marcha atrás, recosté mi cabeza en la tina y espere el final. Pero Dios es grande y cuando dice que aún no es el momento, es porque n o lo es, todo se detiene y de nuevo el destino vuelve a intervenir en mi vida. Precisamente ese día mi tía llego temprano por una migraña, la bendita migraña que me salvo la vida. Al entrar a la casa me hablo y al no tener respuesta de mi parte, entro a la habitación, me busco y no me vio por ningún lado, pero creo que su sexto sentido le dijo que entrara al baño, porque así lo hizo y fue ahí donde me descubrió. Al verme llena de sangre dio un grito horrorizado por la escena. - Tara, ¿qué hiciste?… porque mi niña – rápido tomo unas toallas de la gaveta y me amarro las muñecas para detener el sangrado. - Tía… yo… – dije en un hilo de voz, estaba tan débil que no salían palabras de mi boca. - Oh por dios… no te duermas nena, por favor resiste – grito desesperado, luego salió corriendo por su celular y solo alcance a escuchar que llamo a emergencias para pedir una ambulancia, después todo se oscureció, me desmaye por unos minutos. A los pocos minutos llego la ambulancia, me asistieron y me llevaron rápidamente al hospital. Al llegar al hospital desperté nada más por un instante, logré ver a mi tía que iba preocupada a mi lado. - Tía… por… Favor, no le digas a nadie – apenas logré decir en un hilo de voz y luego me volví a desmayar. Mi tía esperó afuera del quirófano esperando noticias sobre mi estado, dos horas después me sacaron del quirófano y me llevaron a cuarto, no sé cuánto tiempo estuve inconsciente, pero por primera vez en mucho mes logré descansar en paz sin tener pesadillas. (...) La luz del día golpeo mi rostro, intente despertar, pero mis ojos pesaban, así que tome un poco de tiempo y los abrí lentamente hasta que puede adaptarme a la claridad de la luz, observe la habitación a detalle. Me sentí un poco extraña. – Es cierto, estoy en el hospital – me dije a mi misma. Sentí una molestia en mis muñecas, las observé, estaban vendadas y me dolían un poco. Los recuerdos llegaron a mi mente de manera espontánea, la realidad me dio una bofetada, no lo podía creer – Yo la chica centra, la más inteligente y sensata de la que todos se sentían orgullosos, ¿fui capaz de hacer esto? Me reprendí mentalmente. De pronto una voy me saco de mis pensamientos y voltea a ver a mi tía que estaba sentada dormida en el sofá y no la había notado. - Nena que bueno que ya despertaste – hablo mi tía muy preocupada y mis lágrimas empezaron a salir sin permiso. - Tía lo siento, lo siento mucho, yo no quise asustarte, pero ya no podía más. - Calma ya paso, gracias a Dios llegue a tiempo y logre salvarte – intento consolarme, pero note que también estaba llorando. - Perdón – solo puede decir eso – tía yo… – el silencio me invadió de nuevo, no sabía cómo explicarle el motivo de mi estupidez. - Tara – soltó un suspiro – primero recupérate… después tú y yo tenemos que hablar seriamente, tus papás – al escuchar esa palabra la voltee a ver asustada. - ¿Ya lo saben? – pregunté con miedo. - No, Tara no me atreví. – me vio fijamente a los ojos – Sabes que esto me deja mal a mí. Como le iba a explicar que casi te mueres en mi casa y bajo mi cuidado. – Camino de un lado hacia otro – tuve que esperar hasta tener noticias positivas sobre tu estado para decidir qué hacer. Gracias a dios esto - dijo señalándome - no termino mal, porque no sé qué habría hecho. – contesto con seriedad. - Tía yo… – alzo la mano para interrumpirme y de nuevo no me dejo decir más. - Mira Tara, no sé qué paso por tu cabeza en el momento que decidiste hacer tal estupidez. Pero lo que, sí sé, es que tú y yo tenemos mucho de qué hablar, porque lo que viene no será nada fácil de asimilar. – me dijo preocupada y eso me provoco una gran angustia en mi interior. Porque tenía el presentimiento de que algo malo está por pasar. - Por qué lo dice tía, si es por eso te prometo no lo volveré a hacer, en serio, sé que fue muy estúpido de mi parte. - Tara, hay algo que debo decirte y créeme que es tan increíble, que ni yo lo termino de procesar – y con esas palabras mi angustia creció aún más. - Tía, ¿tengo algo malo? – solo eso se me ocurrió preguntar. - Dios Tara como decirte esto – camino de un lado hacia otro, luego se detuvo frente a mi cama, me vio directamente a los ojos. – Cariño tienes más de dos meses de embarazo. – abrí los ojos como platos ante sus palabras, me quedé sin aliento, sentí que de la nada salía una pared y me caía encima. - ¿Qué? No, no, no – repetí varias veces en negativa – tía porque dices eso, dime que es una broma – me reí con nerviosismo, entrando en desesperación, mientras ella negaba con la cabeza – sí, es eso me quieres asustar verdad, eso es imposible. Tía dime que es mentira, por favor – grite entrando en desesperación, mis lágrimas comenzaron a salir. Yo no podía estar embarazada, tenía apenas 18 años, que iba a hacer con una responsabilidad así, además ni siquiera sabía quién era el padre. - Lamento decirte que no es mentira, cariño. - Pero como, como puedo pasarme esto tía. - Dios tara si no sabes tú, que de menos yo – contesto. En mi cabeza solo apareció la palabra aborto, aunque siempre he estado en contra de ello, ahora que me encuentro en esta situación creo que si lo consideraría. - Tía no puedo tenerlo, yo debo… - No lo pienses Tara – me paro en seco. - Tía, pero que voy a hacer, yo no pudo tener un bebe, mi familia me va a matar – mi tía soltó un gran suspiro. - No lo sé Tara, pero por lo pronto debes recuperarte primero y cuando salga de esto hablaremos y buscaremos una solución a esta situación sí. Ahora descansa – se sentó a mi lado en una silla, me acaricio el cabello hasta que me quede dormida. A la mañana siguiente el doctor llego para revisarme las heridas, mientras los hacía me observa con curiosidad. - Sabes una cosa pequeña, la vida es un regalo, creo que el más grande que se nos puede dar, así que ningún bache en el camino, por más grande que este sea, te debe orillar a tomar la salida más cobarde y fácil que existe, la muerte. Eres joven, tiene toda una vida por delante, no dejes que lo que sea que te haya pasado te detenga para seguir viviendo. Sé fuerte, aprende de los errores y enfrenta la realidad con valentía para salir adelante sin importar que tan difícil sea el camino – mis lágrimas salían sin poder evitarlo, sus palabras me llegaron en lo más profundo y solo pude decir. - Gracias doctor. - No es nada, en un momento traerán el ecógrafo, para ver cómo está tu bebe sí. - Está bien, doctor... gracias. - Tranquila, no tengas miedo, todo va a estar bien, ten un poco más de fe en ti misma - me dice al notar mis nervios. - Doctor, puedo preguntar algo. - Claro que sí, dime. - ¿Aún puedo abortar? - él se sorprendió ante mi pregunta y sonrió. - Mira, primero vemos como están y luego platicamos sobre eso, ¿te parece bien? – únicamente asentí. Minutos después entro la enfermera con el ecógrafo y lo coloco a un costado de mi cama. - ¿Lista para ver al bebe? –pregunto la enfermera con una sonrisa. - Yo creo que si – conteste sin una pisca de emoción. - Por favor descubre tu vientre, sube tu bata hacia los pechos y baja la sabana hacia tu cintura – obedecí, luego me coloco un gel frío que me hizo brincar por la sensación de frialdad. Me puse un poco tensa, la verdad es que tenía mucho miedo. - ¿He llegado a tiempo? – pregunto mi tía al entrar. - Tía que bueno que viniste – me relaje un poco. - Tranquila, no tengas miedo, ya estoy aquí – me dijo tomando mi mano del otro lado de la cama. La enfermera tomó un artefacto en forma de micrófono y comenzó a deslizarlo en mi vientre. - ¿Se podrá ver bien el bebe? – pregunto mi tía con curiosidad. - Aún tiene pocas semanas, así que aún es muy pequeñito, pero con esta ecografía lograremos ver como esta – contesto el doctor. - Entiendo. - Pero que sorpresa - dijo el doctor y mi tía me volteo a ver asustada. - ¿Sorpresa? – dios, por un momento pensé, no estoy embarazada, es otra cosa, se equivocó en algo, desee escuchar esas palabras, pero, lo que me dijo el doctor me dejo en shock. - Tara, tienes doble bendición del cielo – fruncí el ceño al no entender. - ¿Qué quiere decir doctor? - Que vas a ser mama de gemelos – mis ojos se abrieron como platos y mi tía grito de la emoción. - Qué está diciendo, ¿dos bebes? – fue lo único que salió de mi boca. - Así es mira, aquí están – me apunto en la pantalla con el dedo – aquí están… aún son estás pequeñitos, pero se están desarrollando muy bien – luego encendió una bocina y puede escuchar uno a uno los latidos de mis bebes. Mis bebes sentí una punzada en mi corazón, pero no de dolor sino de emoción y me solté a llorar. - Voy a ser mama. - Si Tara vas a ser mama, cariño, que emoción. - Entonces ya no, ¿quieres abortar? – pregunto el doctor y mi tía me volteo a ver con decepción. - En serio – negó con la cabeza. - No, doctor, después de escuchar sus corazones, no podría negarles la vida a esos angelitos que no tienen la culpa de nada - le dije sin ver a mi tía. - Es bueno que lo tomes así Tara, un hijo no es ningún impedimento para volar, eres joven, aún tiene un futuro por delante, aunque el camino será muy pesado, sé que tú puede lograrlo. – me dijo el doctor. Mi tía me abrazo y empezó a llorar. - Gracias por todo doctor. - No es nada, es mi trabajo, preservar la vida, ánimo… Bueno, yo las dejo porque tengo más paciente que atender en mi día – y sonreí. - Oiga, ¿es complicado ser doctor? – le pregunte - No es complicado, es pesado un poco pesado, pero te aseguro que vale la pena salvar vidas – contesto – porque lo preguntas. - Por qué estoy estudio medicina – me sonrió. - Excelente, verás que vale la pena, suerte Tara nunca te des por vencida… te deseo lo mejor. - Doctor, ¿cuándo la darán de alta? – pregunto mi tía. - Hoy en la tarde, de hecho, ya está lista el alta, solo falta que la enfermera le traiga los medicamentos para el dolor y para el control prenatal. Le recomiendo que pida su cita con el ginecólogo para llevar su control prenatal, además hay varios clubs de maternidad que le serán útil en el proceso – nos explicó y luego se despidió dejándome a sola con una tía algo molesta por lo del tema del aborto. - Tara, me puedes explicar, porque el doctor menciono lo del aborto, ¡he! – me reprendió mi tía. - Tía, lo siento, yo solamente lo pensé y pregunte, pero después de escuchar esos latidos logre reaccionar y supe que nunca me perdonaría por hacerles daño - conteste mirándola a los ojos. - Está bien, te creo, pero ya hablaremos de todo esto en casa – me abrazo – ahora relájate un poco y descansa.
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