Mi familia, asentada desde hace varios siglos en la provincia de Borgoña, posee allí bienes considerables. Cuatro hermanos que yo tenía, y que tomaron el oficio de las armas, conveniente a su cuna, perecieron uno tras otro tras la batalla de Fontenoy[2]. El barón d’***, hermano de mi padre, vio que su único hijo le era arrebatado por ese mismo oficio en la flor de la edad. Estos funestos golpes, que se siguieron rápidamente, llevaron la desolación al seno de nuestra familia. La noticia de la muerte de mi último hermano decidió a mi padre a llamarme de París, donde yo seguía mis estudios. Hube de obedecer, aunque ya presentía las consecuencias. La estancia en la provincia desde la que me amenazaban bien podía hacerme echar de menos la vida en una ciudad considerada como el centro del gust

