Estábamos en el avión, y las gemelas se habían quedado dormidas en mis brazos, su respiración tranquila y serena contrastaba con el caos que sentía en mi interior. Intenté relajarme, pero era casi imposible. Cada minuto que pasaba, la presión de la situación se volvía más insoportable. De repente, la voz fría de Cassio rompió el silencio. —Lleva a las niñas a dormir —ordenó a una de las azafatas con una calma inquietante. Asentí con un movimiento de cabeza, sin atreverme a hablar. Me intenté levantar cuidadosamente para entregar a las gemelas, pero antes de que pudiera reaccionar, Cassio me agarró con firmeza y me sentó nuevamente, esta vez en sus piernas. Su agarre era inquebrantable, y me sentí atrapada en su proximidad. —Tú duermes conmigo... —dijo, su tono suave pero autoritario, c

