Esa noche no pude dormir, solo podía pensar en él, en sus ojos castaños detrás de los anteojos, en sus manos fuertes que dejaban ver la tensión de sus venas y que por alguna razón me hacían pensar en otra parte de su cuerpo que no podía ver. Mi piel se erizaba solo de pensar en que sus manos pudieran tocarme, acariciarme toda, casi podía sentirlas deslizarse desde mis cabellos, deteniéndose en mis hombros y jalándome hacia él para besarme. Mordí mis labios al recordar los suyos, delgados, pero bien definidos, mi respiración se agitaba al imaginarlos recorrer mi piel, descendiendo por mi cuello, dejando pequeñas mordidas y besos. Recordé el brillo en su mirada cuando vio mis senos a través de la camiseta húmeda, tanto como estaba mi entrepierna en ese momento. Deseaba tanto sentir sus m

